Imperio de la opinión pública
La filosofía del Estado democrático moderno da a la opinión pública particular importancia. Su alcance político es fácil de comprenderse si se considera la relación entre conceptos de opinión pública y soberanía popular, según aparece ya en Locke, Motesquieu o Rousseau y, sobre todo, en Jefferson. Este fenómeno ha sido analizado por sociólogos, quienes han concluido que la opinión pública es un elemento integrante de todo sistema de convivencia humana, con leyes, relaciones y funciones específicas determinadas por el tipo de organización social.
La opinión pública no es un simple conglomerado de pareceres yuxtapuestos, sino una expresión de la voluntad común, en la cual pueden distinguirse dos funciones fundamentales: Una función de crítica, por la que aprueba o desaprueba las decisiones de la autoridad. Por otra parte, una función de preservación, en cuanto encarna, representa y tiende a perpetuar las tradiciones nacionales. Para el Estado democrático, por tanto, la opinión pública no significa exclusivamente una fuerza política que debe esforzarse por controlar, sino también un regulador necesario de su poder y una energía que contribuye a consolidar el sentido nacional.
El conocimiento objetivo y preciso de la opinión pública proporciona al Estado democrático mucho más que simples elementos de orientación de su política práctica; le permite ir ampliando la base del consenso de los gobernados y, de este modo, vincularse más íntimamente con la nación y afianzar efectivamente su carácter representativo. Entre las actividades del Estado que más interesan a la opinión pública figura en primer plano la educación. Las decisiones mayores en esta materia afectan a los ciudadanos, por lo general, desde múltiples ángulos: como padres de familia, como contribuyentes, como empresarios o trabajadores, como miembros de un grupo religioso, de una asociación de intereses o de un partido político.
Por esto, todo ciudadano incorporado activamente a la vida del país se forma necesariamente una opinión con respecto a la atención y las soluciones dadas a los problemas educativos. Esas opiniones individuales, en las sociedades democráticas normales y maduras, se integran en la opinión de un grupo social y se consolidan como corrientes de opinión pública. Es lo que ocurre en Panamá hoy: una opinión pública activa y crítica frente a la profunda crisis que afronta la educación nacional.