Importancia de la comunicación
Para todo en la vida es indispensable la comunicación, mantenerse en contacto con cada ser viviente que esté en nuestro entorno y hasta con la naturaleza. Es necesario conversar, cursar ideas, discutir, disentir, comprender, compartir y considerar que no todos piensan como nosotros; pero pueden tener una razón que no tenemos. Es así como se convierte una sociedad egoísta en un conglomerado comprensivo, comunicativo y lleno de grandes ideas que se distribuyen en y fuera de ese entorno al que me refiero.
De hace unos años a esta parte, hemos inventado el tal consenso en las discusiones para sacar conclusiones y llegar a acuerdos que arreglen ciertos problemas. Sin embargo, ese consenso para lo único que sirve es para lograr separar las opiniones en una mesa de discusión o de diálogo.
Observen que en una mesa donde se toman decisiones por consenso, predomina la opinión de la minoría que se opone y, aunque nueve de diez estén de acuerdo, debe hacerse lo que dice la décima parte. Me parece tan absurdo que no entiendo cómo gente tan preparada acepten manejarse por consenso y no por mayoría y, además de absurdo, me parece injusto.
En el diálogo del Seguro Social no se ha llegado a acuerdos, ni se llegará, tan sólo porque los trabajadores no dan su aprobación a una opinión mayoritaria. No me extraña que siempre quieran imponer su voluntad autoritariamente, ya que ellos son producto de la creación de la dictadura militar y piensan como tal. Nada es viable, sólo lo que ellos tengan en mente y quieran imponer; y esto no es posible que siempre suceda lo mismo: se trancan las conversaciones únicamente porque un sector bloquea con su veto cualquier decisión.
En el Consejo de Seguridad de la ONU tiene que ser por consenso la decisión y allí queda todo. No señores, el consenso es lo más antidemocrático que he conocido y del mismo se aprovechan ciertas organizaciones para romper grupos y poner barreras.
Los hijos no se comunican con los padres, los hermanos no se hablan entre sí, los maestros hablan un idioma y los niños otro que no se entienden; los empresarios no se comprenden con los trabajadores; dos personas que mantienen una conversación no se ponen de acuerdo ni siquiera en el título de una canción y al final se dicen: debes respetar mi manera de pensar, aunque no tenga la razón. Y con aquello del respeto mutuo se desentienden de lo que discutían, tal vez para el bien del país.
No logro comprender esa situación con el perjuicio que trae para todos y que ha llevado al país a una polarización en todas las opiniones. Hasta llegamos a tomar partido por una u otra parte que en su vida se han enfrentado, pero que una discusión las ha traspolado y ha llevado a una crisis total.
Lo peor es que las partes que conversan van a los gritos y, gracias a Dios, no van más allá como el legislador del Partido Liberal. Una situación como esa es producto de una falta de comunicación, ya sea directa o a través de terceras personas que servirían de mediadores, pero que no basta un período de entendimiento porque la polarización entró en ese grupo y se adueña de toda la sociedad. El principal ejemplo de esta falta de comunicación es la relación equivocada entre grupos diferentes, aunque coincidan en un denominador común; pero esa coincidencia en la discusión es ignorada porque es más importante la divergencia con que se conversa. Si buscáramos la convergencia de ideas para llegar a donde más convenga al país, seríamos felices porque el acuerdo al que llegáramos sería de mayoría.
Es conveniente una verdadera comunicación entre los seres humanos con respeto a las ideas ajenas y respetando también el derecho a disentir, a pesar que no estés de acuerdo conmigo. La comunicación pone a marchar a una sociedad y deja atrás lo inconveniente.
De hace unos años a esta parte, hemos inventado el tal consenso en las discusiones para sacar conclusiones y llegar a acuerdos que arreglen ciertos problemas. Sin embargo, ese consenso para lo único que sirve es para lograr separar las opiniones en una mesa de discusión o de diálogo.
Observen que en una mesa donde se toman decisiones por consenso, predomina la opinión de la minoría que se opone y, aunque nueve de diez estén de acuerdo, debe hacerse lo que dice la décima parte. Me parece tan absurdo que no entiendo cómo gente tan preparada acepten manejarse por consenso y no por mayoría y, además de absurdo, me parece injusto.
En el diálogo del Seguro Social no se ha llegado a acuerdos, ni se llegará, tan sólo porque los trabajadores no dan su aprobación a una opinión mayoritaria. No me extraña que siempre quieran imponer su voluntad autoritariamente, ya que ellos son producto de la creación de la dictadura militar y piensan como tal. Nada es viable, sólo lo que ellos tengan en mente y quieran imponer; y esto no es posible que siempre suceda lo mismo: se trancan las conversaciones únicamente porque un sector bloquea con su veto cualquier decisión.
En el Consejo de Seguridad de la ONU tiene que ser por consenso la decisión y allí queda todo. No señores, el consenso es lo más antidemocrático que he conocido y del mismo se aprovechan ciertas organizaciones para romper grupos y poner barreras.
Los hijos no se comunican con los padres, los hermanos no se hablan entre sí, los maestros hablan un idioma y los niños otro que no se entienden; los empresarios no se comprenden con los trabajadores; dos personas que mantienen una conversación no se ponen de acuerdo ni siquiera en el título de una canción y al final se dicen: debes respetar mi manera de pensar, aunque no tenga la razón. Y con aquello del respeto mutuo se desentienden de lo que discutían, tal vez para el bien del país.
No logro comprender esa situación con el perjuicio que trae para todos y que ha llevado al país a una polarización en todas las opiniones. Hasta llegamos a tomar partido por una u otra parte que en su vida se han enfrentado, pero que una discusión las ha traspolado y ha llevado a una crisis total.
Lo peor es que las partes que conversan van a los gritos y, gracias a Dios, no van más allá como el legislador del Partido Liberal. Una situación como esa es producto de una falta de comunicación, ya sea directa o a través de terceras personas que servirían de mediadores, pero que no basta un período de entendimiento porque la polarización entró en ese grupo y se adueña de toda la sociedad. El principal ejemplo de esta falta de comunicación es la relación equivocada entre grupos diferentes, aunque coincidan en un denominador común; pero esa coincidencia en la discusión es ignorada porque es más importante la divergencia con que se conversa. Si buscáramos la convergencia de ideas para llegar a donde más convenga al país, seríamos felices porque el acuerdo al que llegáramos sería de mayoría.
Es conveniente una verdadera comunicación entre los seres humanos con respeto a las ideas ajenas y respetando también el derecho a disentir, a pesar que no estés de acuerdo conmigo. La comunicación pone a marchar a una sociedad y deja atrás lo inconveniente.