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Importancia del Diálogo Nacional


Para sorpresa de muchos, el diálogo nacional continúa y las reuniones periódicas sacan nuevas conclusiones que serán beneficiosas para el país. Yo no he sido de los sorprendidos porque, en varias ocasiones dije que, antes de criticar y lanzar opiniones negativas, debieran esperar el desenvolvimiento de las conversaciones.
Lo que en un principio pareció desavenencias, no era más que el resultado de las divisiones que existían a todo nivel. Si los empresarios opinaban, los trabajadores se oponían y viceversa. Si los partidos del gobierno hablaban, los de oposición los adversaban, sin ponerse de acuerdo. Así llegaron a la mesa de diálogo y unos a otros se miraban con ojos de adversarios.
Pero, a medida que han conversado, que cada uno opina y expone sus formas de pensar, se comprenden y van buscando sus puntos de convergencia. Cuando comenzaron, cada uno llevaba su pensamiento y era, prácticamente, no negociable. Hoy hablan el mismo idioma y se expresan con amplitud, comprensión y deseos de llegar a acuerdos.
Hace unos días escuché una exposición del viceministro Eduardo Quirós sobre la posible Reforma Tributaria. Sus palabras sobre lo que esto significa y lo que es el proyecto presentado por el gobierno a discutir en el diálogo, nos mostraron el deseo de cambiar lo injusto y lo inequitativo de la actual legislación tributaria por otra más moderna y de acuerdo a las circunstancias sociales.
Por su parte, lo expresado por Norma Cano en representación de los trabajadores, me llenó de tranquilidad por la forma abierta y equilibrada en que habló, sin insultos, sin acusaciones, sin responsabilizar a nadie. No puntualizó errores, sólo expuso una realidad existente y la necesidad de llegar a acuerdos que traigan paz a Panamá. Al referirse al problema que afrontan los jóvenes, dijo que los espacios de supervivencia se deterioran rápidamente y que, de continuar como estamos, llegará el momento en que no podremos darles trabajo para que ellos vivan decentemente.
Con esta experiencia que viví esa noche, me atrevo a decir que existen esperanzas en el futuro del país. Aunque todavía encontramos las unidades radicales que ven negro el panorama, consideremos que esas mentes pobres siempre han existido y seguirán opinando igual. Pese a esos disidentes, la mayoría se ha acostumbrado a ver el diálogo nacional como una realidad y a pensar que las convergencias entre las partes pueden ser positivas para los panameños.
Los participantes en el diálogo, ya sea como organizaciones o como personas, tienen la responsabilidad de conversar, de exponer pacíficamente sus puntos de vista y de evitar una explosión social que pudiera presentarse con el desacuerdo de las partes. Si han logrado sentarse a conversar, deben lograr el acercamiento necesario para discutir ampliamente los problemas, sin radicalismo y sin pensar que el pensamiento de cada uno es el único correcto.
Los puntos de convergencia que se encuentran estarán sobre los criterios personales de los representantes. Visto así, cada palabra y cada opinión son piezas de un rompecabezas que permiten armarlo para lograr un todo.
Aquellos que están alrededor de las mesas de negociaciones tienen que conseguir que el pueblo retome la confianza en los gremios empresariales, en los sindicatos y, sobre todo, en los políticos. Los resultados de esas conversaciones harán que se reactive la economía del país; traerán trabajo a muchos y nos reubicarán en el ámbito de la convivencia pacífica y no de las desavenencias. Cada panameño tiene la responsabilidad de coadyuvar a la marcha del país hacia linderos positivos y de progreso. Ojalá lo comprendamos así todos.

101 años de Panamá América

 
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