Impresiones
En el penúltimo mes del año ha sido ya costumbre en nuestra práctica religiosa católica, celebrar el sacramento de la Confirmación en distintas parroquias de la ciudad.
Me ha tocado asistir sustitutivamente en nombre del Señor Arzobispo a varias de estas reuniones. Confieso que me he impresionado favorablemente -contrario a lo que uno piensa y escucha de comentarios pesimistas sobre la praxis de nuestra religión católica, en comparación con otras maneras de creer existentes y considero que he sido enterado que la realidad es completamente otra. Hay mucha vida y muchas esperanzas para el futuro, pese a todo.
La juventud, mucha juventud, participa en las actividades de la Iglesia y los espectáculos religiosos que vemos nos instilan confianza y esperanza, a pesar de tanta corrupción circundante y de todas las múltiples lacras sociales que lamentamos.
Concretamente en las parroquias del distrito de San Miguelito, desde hace varios años, me ha sorprendido la vitalidad y la participación de los feligreses y ha sido motivo de meditación sobre el desarrollo como la gente sencilla con orden, organización y participación en el rito del sacramento.
En qué está lo novedoso, que es como una nueva manera de creer y participar. Lo que dicen los párrocos que ellos han dejado todo a los jóvenes y ellos responsablemente han preparado por dos años con la catequesis, actividades sociales en la comunidad, con retiros espirituales al grupo de candidatos que libre y voluntariamente quieren confirmar sus compromisos bautismales, acompañando la ceremonia con grupos musicales casi profesionales. La logística de cómo ingresar en el templo y de acomodarse con sus túnicas blancas, cómo ubicar a los padrinos y madrinas, y todo lo demás.
Lo que se impone a primera vista es que se crea un gran entusiasmo en ese sector de la población que quiere celebrar el rito de la confirmación y deja a impresión de que hay motivos para alegrarse, ya que en medio de tanta increencia, de tanta descristianización y frialdad religiosa, al menos en estas parroquias se está trabajando y con alegría juvenil, y no todo es negatividad. "Sursum corda".
Se puede entonces de modo optimista pensar que la labor oculta de tantos sacerdotes que han estado bregando contra viento y marea ocultamente y sin mayores reconocimientos, ya empieza a verse. Serit arbores quae altero saeculo prosint. Siembra árboles que aprovechen a otro siglo. Decía Cicerón. Quizás muchos piensen que esto no es suficiente, pero comparativamente percibimos que por estos lares la expresión de la vida religiosa cristiana católica es muy vital y participativa y ese elemento robustecerá la expresión religiosa coletiva de la fe católica en nuestro ambiente.