Improductividad en salud y educación
Debiera ser motivo de regocijo la noticia sobre el crédito del Banco mundial a dos instituciones que tienen una incidencia con el bienestar y desarrollo de las comunidades. Nos referimos a los ministerios de Salud y de Educación. Ambos recibirán B/ 35 millones para el desarrollo de programas que beneficien a las comunidades en aéreas rurales y, particularmente, en los distritos con población indígena, para que se puedan eliminar las situaciones que afectan el normal desarrollo de los niños que, en estos momentos, son afectados directamente por la falta de programas que los protejan y beneficien.
Esa situación nos pone en condición de mirar con cautela, puesto que hemos visto cómo en estos últimos cinco años se han invertido más de B/ 140 millones y aún encontramos un sistema educativo deficiente y carente de instrumentación que beneficien en forma directa a nuestros estudiantes, con el fin de que pudiésemos tener un sistema educativo productivo al máximo.
Si estudiamos los indicadores de salud, notaríamos que los resultado son alarmantes y se necesitarían más de B/ 35 millones para hacerle frente a esta realidad social. Y, en cuanto a Salud, también si observamos que 38 de cada cien niños y niñas de áreas rurales no tienen acceso a agua potable; 22 de cada cien niños y niñas no tienen acceso a una disposición sanitaria de sus excretas; y dos de cada tres menores de 15 años viven en situación de pobreza. Por ello, existe en el país una deficiencia nutricional, lo que se convierte en una de las principales causas de mortalidad infantil en sectores rurales e indígenas.
En educación, la cifras son más preocupantes, puesto que con todo esa gran cantidad de recurso que alardean haber invertido las autoridades de la patria nueva, todavía existen escuelas ranchos en nuestro país, lo que demuestra que la educación se mantiene estancada. El promedio de deserción en la escuela primaria incrementó del 1.9% al 4.5%. En 10 distritos del país se han registrado tasa de deserción escolar superior al 8% dos veces mayor que el promedio Nacional. Uno de cada tres niños y niñas no terminan los estudios primarios; y 20 de cada cien infantes menores de 15 años viven en pobreza.
Esos cuadros inmunológicos, infecciones y condiciones nutricionales interdependientes, unidos a los elevados casos de dengue, mantienen alarmada a la población panameña; esto, por el lado de salud, pues en educación, el alto índice de fracaso escolar y la falta de materiales para facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje, hacen que tengamos un sistema postrado, que no puede darle respuestas a la gran problemática que se presenta en el acontecer nacional.
No parece que es financiero el problema que mantiene este estancamiento en salud y en educación, por lo que nos mantendremos vigilantes para que ese dinero sea utilizado en los renglones prioritarios de ambas instituciones.