Improvisación vs investigación, reto del nuevo milenio
Los aspectos que condicionan la vida física e intelectual del hombre están relacionados y en el camino hacia su desarrollo integral, sus necesidades tienen que ser atendidas de manera oportuna en el tiempo y el espacio. En el pasado, la lentitud con que se producían los cambios en las sociedades, escasamente pobladas, la satisfacción aislada de una o más de esas necesidades eran recibidas como importantes progresos culturales. Esto cambió dramáticamente a finales del siglo XIX con la Revolución Industrial. Se aceleraron las migraciones de población para asentarse en los alrededores de las nuevas instalaciones productoras en varias ciudades europeas, en busca de empleos, y por la carencia de infraestructuras básica se proliferaron las enfermedades y se intensificaron otros problemas sociales.
La lección positiva de aquella experiencia es que creó conciencia y fue propicia para que reformadores sociales como L. Mumford y P. Geddes intensificaran sus movimientos de reformas mediante el diseño de comunidades humanizadas, equipadas, integradas por los servicios sociales básicos, de esparcimiento y de ambiente protegidos. Había que mejorar las condiciones de vida de la masa trabajadora para hacerla más productiva en su desarrollo personal, y para bien del progreso nacional. Las decisiones, lejos de haber sido resultados de improvisaciones, fueron fundamentadas en investigaciones socio-económicas prolijas, y las propuestas con objetivos de lograr el desarrollo integral del hombre. Así surgió en Inglaterra el concepto de la Ciudad Jardín del Mañana.
Hoy día en que el mundo se ha reducido en tamaño por los adelantos en las comunicaciones, el crecimiento de población, en las ciudades principales de los países se acelera mayormente por efecto de las migraciones, los problemas sociales se agudizan, al tiempo que las economías de los países en vías de desarrollo o de economías emergentes experimentan severas limitaciones para atender las crecientes demandas sociales. Frente a estas realidades, se presentan nuevos parámetros de convivencia universal que demandan enfoques y comportamientos contemporáneos, para alcanzar y mantener mejores niveles de vida del hombre/mujer. Se introducen nuevas normas y se adquieren compromisos internacionales que obligan a ajustar las conductas sobre las cuales se tendrán que fundamentar las propuestas de países, para garantizar el éxito sostenido en el tiempo y frenar el deterioro continuo de situaciones que debieron haber sido resueltas ayer. Sólo si se aceptan estas realidades podrá Panamá asegurar un futuro con justicia social, y garantizar prolongados períodos de paz y tranquilidad entre sus asociados.
En reconocimiento de lo anterior, se tiene que tomar conciencia de que los resultados de las gestiones de desarrollo durante el presente milenio descansará sobre la capacidad de asimilar los conocimientos de las nuevas técnicas y metodologías de investigación y tener derecho de acceso a la información sin manipuleos, como brújulas para navegar con posibilidades de arribar a buen puerto, en un universo reducido y competitivo. En el avanzar con firmeza, la improvisación y el trato por separado de los insumos como cosas independientes, no tienen espacio; la realidad es un conjunto de insumos y factores complejos que tienen que ser coordinados como parte de un sistema integrado. En esto el que improvisa, generalmente, adopta las experiencias de manera indiscriminada, no las adapta porque el adaptar requiere de procesos disciplinados que él no comprende, y por consiguiente, no le interesa. En la búsqueda de las soluciones integrales, Panamá tendrá que suplantar la conducta de la improvisación por la investigación en la definición de sus prioridades, a través de la formulación de las políticas de desarrollo coherentes, para ser moderna y situarse a la altura de las exigencias contemporáneas.
En varios artículos previos he hecho referencia a los perjuicios que la improvisación en la toma de decisiones importantes ha ocasionado al país. La incapacidad, los intereses políticos, de grupos y de personas, históricamente, han generado pérdidas de recursos estatales de incalculables magnitudes. Ha restringido y postergado el progreso nacional. Comportamientos normales de los que improvisan como conducta regular, siempre pugnan con la ética; son por lo general demagogos, prepotentes, arbitrarios, padecen de prejuicios crónicos, pero se conducen sumidos ante las jerarquías superiores. Esas conductas, a través de los años, sólo han servido para encubrir incapacidades e irresponsabilidades y para facilitar actos de corrupción; la meritocracia y las opiniones independientes de personas, tan necesarias en democracia, son acérrimos enemigos; se excluyen de toda participación en las tareas públicas, sin consideración a los perjuicios que sus decisiones representan para los intereses nacionales.
Los conocimientos que necesita el país para superar las condiciones de atraso social existen en algunos sectores, pero en otros se requerirá de la formación de capital humano, por premura o el deseo de explorar nuevos horizontes potenciales se podría o habría que recurrir al mercado internacional. Sin embargo, el conjunto de las necesidades debería de estar comprendido dentro de las prioridades nacionales y la organización institucional, para llevar a cabo las tareas de manera ordenada, eficiente y coordinada. Como país pequeño, esto no debería representar mayores dificultades para Panamá.
A los efectos anteriores, habría que revisar los programas de investigación de los centros de enseñanza superior, públicos y privados, en procura de acuerdos para atender los requerimientos nacionales; los acuerdos deberían de abrir el compás de una mayor participación del educando, para contribuir a su formación integral, en la búsqueda de respuestas a los problemas más urgentes del país. Estos entes institucionales serían los principales creadores de conocimientos y buscadores de la verdad en el desarrollo de Panamá; fortalecería los vínculos con el sector privado, a través de un proceso con acento nacional, para garantizar apoyo a la comunidad y a la coordinación de los esfuerzos de distintos sectores del país, proyectados en el largo plazo.
La lección positiva de aquella experiencia es que creó conciencia y fue propicia para que reformadores sociales como L. Mumford y P. Geddes intensificaran sus movimientos de reformas mediante el diseño de comunidades humanizadas, equipadas, integradas por los servicios sociales básicos, de esparcimiento y de ambiente protegidos. Había que mejorar las condiciones de vida de la masa trabajadora para hacerla más productiva en su desarrollo personal, y para bien del progreso nacional. Las decisiones, lejos de haber sido resultados de improvisaciones, fueron fundamentadas en investigaciones socio-económicas prolijas, y las propuestas con objetivos de lograr el desarrollo integral del hombre. Así surgió en Inglaterra el concepto de la Ciudad Jardín del Mañana.
Hoy día en que el mundo se ha reducido en tamaño por los adelantos en las comunicaciones, el crecimiento de población, en las ciudades principales de los países se acelera mayormente por efecto de las migraciones, los problemas sociales se agudizan, al tiempo que las economías de los países en vías de desarrollo o de economías emergentes experimentan severas limitaciones para atender las crecientes demandas sociales. Frente a estas realidades, se presentan nuevos parámetros de convivencia universal que demandan enfoques y comportamientos contemporáneos, para alcanzar y mantener mejores niveles de vida del hombre/mujer. Se introducen nuevas normas y se adquieren compromisos internacionales que obligan a ajustar las conductas sobre las cuales se tendrán que fundamentar las propuestas de países, para garantizar el éxito sostenido en el tiempo y frenar el deterioro continuo de situaciones que debieron haber sido resueltas ayer. Sólo si se aceptan estas realidades podrá Panamá asegurar un futuro con justicia social, y garantizar prolongados períodos de paz y tranquilidad entre sus asociados.
En reconocimiento de lo anterior, se tiene que tomar conciencia de que los resultados de las gestiones de desarrollo durante el presente milenio descansará sobre la capacidad de asimilar los conocimientos de las nuevas técnicas y metodologías de investigación y tener derecho de acceso a la información sin manipuleos, como brújulas para navegar con posibilidades de arribar a buen puerto, en un universo reducido y competitivo. En el avanzar con firmeza, la improvisación y el trato por separado de los insumos como cosas independientes, no tienen espacio; la realidad es un conjunto de insumos y factores complejos que tienen que ser coordinados como parte de un sistema integrado. En esto el que improvisa, generalmente, adopta las experiencias de manera indiscriminada, no las adapta porque el adaptar requiere de procesos disciplinados que él no comprende, y por consiguiente, no le interesa. En la búsqueda de las soluciones integrales, Panamá tendrá que suplantar la conducta de la improvisación por la investigación en la definición de sus prioridades, a través de la formulación de las políticas de desarrollo coherentes, para ser moderna y situarse a la altura de las exigencias contemporáneas.
En varios artículos previos he hecho referencia a los perjuicios que la improvisación en la toma de decisiones importantes ha ocasionado al país. La incapacidad, los intereses políticos, de grupos y de personas, históricamente, han generado pérdidas de recursos estatales de incalculables magnitudes. Ha restringido y postergado el progreso nacional. Comportamientos normales de los que improvisan como conducta regular, siempre pugnan con la ética; son por lo general demagogos, prepotentes, arbitrarios, padecen de prejuicios crónicos, pero se conducen sumidos ante las jerarquías superiores. Esas conductas, a través de los años, sólo han servido para encubrir incapacidades e irresponsabilidades y para facilitar actos de corrupción; la meritocracia y las opiniones independientes de personas, tan necesarias en democracia, son acérrimos enemigos; se excluyen de toda participación en las tareas públicas, sin consideración a los perjuicios que sus decisiones representan para los intereses nacionales.
Los conocimientos que necesita el país para superar las condiciones de atraso social existen en algunos sectores, pero en otros se requerirá de la formación de capital humano, por premura o el deseo de explorar nuevos horizontes potenciales se podría o habría que recurrir al mercado internacional. Sin embargo, el conjunto de las necesidades debería de estar comprendido dentro de las prioridades nacionales y la organización institucional, para llevar a cabo las tareas de manera ordenada, eficiente y coordinada. Como país pequeño, esto no debería representar mayores dificultades para Panamá.
A los efectos anteriores, habría que revisar los programas de investigación de los centros de enseñanza superior, públicos y privados, en procura de acuerdos para atender los requerimientos nacionales; los acuerdos deberían de abrir el compás de una mayor participación del educando, para contribuir a su formación integral, en la búsqueda de respuestas a los problemas más urgentes del país. Estos entes institucionales serían los principales creadores de conocimientos y buscadores de la verdad en el desarrollo de Panamá; fortalecería los vínculos con el sector privado, a través de un proceso con acento nacional, para garantizar apoyo a la comunidad y a la coordinación de los esfuerzos de distintos sectores del país, proyectados en el largo plazo.