Imprudencia de los conductores
Otro dato preocupante en esta época es el aumento del consumo de alcohol en los jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 18 y 30 años, porque aunque los detectados en esa franja no superan a los de las demás edades, los niveles de alcohol encontrados en ellos son los más altos. No resulta sorprendente, sin embargo, que los picos en los niveles de alcoholemia se registran durante el resto del año en fines de semana.
En cuanto al cumplimiento de las normas de seguridad, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) reveló que el uso del cinturón de seguridad alcanza un 60 por ciento. Aunque su utilización es obligatoria desde 1995, no se ha arraigado como costumbre entre los automovilistas.
Las consecuencias de conducir alcoholizado pueden ser terribles, por la disminución de las capacidades sensoriales que acarrea, y que el uso del cinturón de seguridad puede salvar la vida o la integridad física en caso de accidentes. No obstante, que la gente conduciendo alcoholizada y se resista a usar el cinturón, habla de un severo déficit de educación vial y de control y penalización que deben ser prontamente corregidos con acciones de las autoridades y respaldo de la ciudadanía.
Todos los especialistas coinciden en que el modo más efectivo de combatir la inseguridad en el tránsito es generar en los conductores una sólida conciencia de precaución. Mientras esto se alcance, los controles de velocidad y los exámenes de alcoholemia deben ser más estrictos, sin caer, obviamente, en metodología más que en un objetivo genuino de prevención y seguridad en el tránsito.
Bajar los índices de mortalidad en las carreteras y calles del país debe ser un objetivo prioritario, principalmente en este mes, cuando las familias y hogares se regocijan en la satisfacción de la celebración del nacimiento del Hijo de Dios. En ese sentido, debe propiciarse un trabajo coordinado entre la policía y los agentes del tránsito, y aprovechar el papel positivo que juegan las organizaciones no gubernamentales, los clubes cívicos y la sociedad civil en general. Cualquier aporte en la lucha contra los conductores imprudentes en el tránsito será una contribución efectiva que agradecerá la propia comunidad.
En cuanto al cumplimiento de las normas de seguridad, la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) reveló que el uso del cinturón de seguridad alcanza un 60 por ciento. Aunque su utilización es obligatoria desde 1995, no se ha arraigado como costumbre entre los automovilistas.
Las consecuencias de conducir alcoholizado pueden ser terribles, por la disminución de las capacidades sensoriales que acarrea, y que el uso del cinturón de seguridad puede salvar la vida o la integridad física en caso de accidentes. No obstante, que la gente conduciendo alcoholizada y se resista a usar el cinturón, habla de un severo déficit de educación vial y de control y penalización que deben ser prontamente corregidos con acciones de las autoridades y respaldo de la ciudadanía.
Todos los especialistas coinciden en que el modo más efectivo de combatir la inseguridad en el tránsito es generar en los conductores una sólida conciencia de precaución. Mientras esto se alcance, los controles de velocidad y los exámenes de alcoholemia deben ser más estrictos, sin caer, obviamente, en metodología más que en un objetivo genuino de prevención y seguridad en el tránsito.
Bajar los índices de mortalidad en las carreteras y calles del país debe ser un objetivo prioritario, principalmente en este mes, cuando las familias y hogares se regocijan en la satisfacción de la celebración del nacimiento del Hijo de Dios. En ese sentido, debe propiciarse un trabajo coordinado entre la policía y los agentes del tránsito, y aprovechar el papel positivo que juegan las organizaciones no gubernamentales, los clubes cívicos y la sociedad civil en general. Cualquier aporte en la lucha contra los conductores imprudentes en el tránsito será una contribución efectiva que agradecerá la propia comunidad.