Imprudencia innecesaria
Arquitecto
El Congreso Universal del Canal de Panamá se organizó con el ánimo de mostrar a la comunidad internacional todos los planes de mejoramiento para la infraestructura existente, presentar los marcos legales que iban a definir la nueva administración y el uso racional de las áreas revertidas. El mismo fue patrocinado por la Organización de las Naciones Unidas, ente que solicitó a los gobiernos del mundo, instituciones académicas, organizaciones y usuarios de la vía que apoyaran desinteresadamente el evento en referencia.
De todos es sabido el triste final que tuvo dicho cónclave, especialmente cuando se trastocaron los propósitos fundamentales y la administración de entonces no se percató de la indiscreción descomunal perpetrada contra la República Popular China cuando extendieron aquella infortunada invitación a Taiwan.
El actual gobierno, no sólo repitió el error que se cometiera hace algunos años durante el mandato de Ernesto Pérez Balladares, sino que han insistido en continuar con la imprudencia, desde que viajaron a la isla a principios de su gestión, hasta cuando sus más altos dignatarios se han dado a la fútil tarea para incluir a dicho país dentro de la ONU y la OMC.
Debo insistir que el concepto de neutralidad del Canal de Panamá es nuestro mayor argumento para preservar la seguridad en nuestro territorio dada la importancia mundial que ostenta la ruta hoy día. Por eso es inaceptable inmiscuirnos -sin razón alguna- en los delicados asuntos históricos entre una potencia mundial y un joven país que el coloso asiático considera como provincia rebelde y parte de su territorio original.
Varias personalidades del ambiente político nacional han manifestado públicamente su desacuerdo con este inapropiado proceder. Las declaraciones de Ricardo Arias Calderón, Julio Yao y Jorge Illueca -entre otros- han sido claras y orientadas a salvaguardar la posición de la República de Panamá dentro del marco de referencia que establecen los diferentes estamentos operativos de la Organización de las Naciones Unidas.
El gobierno, sin embargo, ha contestado a estas críticas constructivas con posturas intransigentes y acusaciones particulares que dejan mucho que desear por parte de quienes llevan la conducción de nuestras relaciones internacionales. No tiene sentido alguno que siendo nuestro país el segundo socio comercial de la República Popular China en Latinoamérica -y quinto del mundo- tengamos sólo una oficina de negocios con un Estado que, aparte de lo antes dicho, tiene un puesto dentro del Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas, es uno de los grandes usuarios del Canal y la Zona Libre de Colón, mantiene importantísimas infraestructuras portuarias en ambas costas de nuestro istmo y es sin duda alguna- el mayor y más factible mercado para el intercambio agrocomercial del momento.
No puedo concluir hoy sin trazar una breve reflexión que incumbe a ambos países. La República Popular China se ha integrado al mundo aplicando de manera rigurosa un proyecto nacional claramente definido. Reforzar los propósitos comunes de un pueblo conformado por más de cincuenta etnias y lenguajes diferentes, al igual que haber dejado atrás dogmas y estructuras programáticas inmensamente más complejas y profundas que la más elaborada política socioeconómica que haya experimentado la República de Panamá, son asuntos dignos de mi total admiración.
A manera de conclusión recomiendo a nuestra Cancillería identificar cuáles y cuántos son los estados que mantienen relaciones diplomáticas con Beijing. También sería bueno que analizaran los motivos donde han sustentado su decisión las principales naciones del planeta para tratar a Taiwan, no como la potencia que se ha querido hacer ver en nuestro país, mas sí como un problema político pendiente entre chinos, y que como tal deberá ser resuelto únicamente entre las partes involucradas. (rbermudez@cableonda.net)