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Impuestos


Los impuestos contribuyen al desempleo, particularmente cuando exceden las necesidades reales y propias de una función de gobierno y peor cuando los recursos se malgastan; cosa que no es de extrañar. Esto es así ya que los impuestos son contabilizados por los ciudadanos como un aumento en sus costos de hacer negocios, de manera que deben traspasarlos a los consumidores, formando una cadena de aumentos. Algunos ingenuos aplauden cuando le aumentan impuestos a los ricos, sin darse cuenta que ellos también terminan pagándolos.

Los impuestos terminan siendo el precio que los gobiernos cobran por trabajar; particularmente en el sector formal. Pero no sólo por trabajar sino también por aventurarnos en nueva empresa e inversiones que crean trabajo. Cualquier persona que ha pasado por el campo minado que es montar una nueva empresa bien conoce estos escollos.

Desde el instante en que la empresa declara "ganancias"; es decir, tiene éxito, cae en la telaraña de los impuestos. Para tener éxito en una empresa que recién empieza y que ha requerido importantes sacrificios, es urgente lograr ganancias que nos permitan pagar los préstamos, las inversiones y lograr ahorros y reservas que nos aseguren sobrevivencia en tiempos malos y que nos permitan afianzar y crecer. Desgraciadamente los impuestos son un impedimento a todo ello.

Resalto el tema de los impuestos excedidos porque es notorio que la corrupción campea en nuestros gobiernos; particularmente la corrupción institucionalizada que degrada la efectividad de los servicios e inversiones del sector estatal. Para nadie es secreto que nuestros gobiernos operan con planillas abultadas y cargadas de nombramientos espurios, con lo cual terminamos con personal que no sólo no rinde sino que comúnmente se dedica a entorpecerlo todo.

Si un gobierno siente la necesidad de mejorar su capacidad de invertir, lo sensato no es aumentar impuestos sino disminuir el despilfarro y para ello hay oportunidad de más; de manera que mientras los ciudadanos no sientan que esto cambia, toda "reforma" impositiva será vista como una burla o un intento de tomar un atajo a costilla de los contribuyentes.

También existen otros factores que trabajan en contra del inversionista; tales como el de la inflación. Este fenómeno no sólo afecta a los trabajadores sino a la empresas; entre otras razones porque diluye el valor de sus ahorros moneda. Los gobiernos verán estos ahorros como "ganancias" y ello ubicará a la empresa en un nivel impositivo más alto; aunque en realidad la empresa no cuente con recursos engrosados.

Todo eso se ve agravado por otras medidas demagógica, tales como el control de precios; entre ellos el del salario mínimo y otras restricciones laborales, que supuestamente han sido instituidas para mejorar la condición de quienes trabajan. Lastimosamente lo que ocurre es todo lo contrario.

El mejor o único camino de prosperidad consiste en facilitar la inversión y eso se traduce en menos impuestos y menos trabas; cosas que típicamente no son del agrado de centralistas.

101 años de Panamá América

 
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