Impuestos nuevos para distribuir pobreza
Alejado de salones de operaciones, de culecos y mojaderas, el pasado domingo de carnaval he querido hacer un alto para evaluar la situación nacional. Después de los relojes Cartier, los Cadillac, de viajes presidenciales sin propósito alguno. Después de cambios de carteras ministeriales sin sentido, de gobierno sin rumbo y con signos de rampante y evidente corrupción. Después de una oposición "moderna, amable y cariñosa" cuya "Meta" era repartirse un botín más del pastel gubernamental.
El resultado ha sido un país estancado, con una economía que no despega, con empresarios deprimidos y temerosos, con obreros descontentos por el alza en los precios de los productos y por el aumento del desempleo. El resultado es el de un pueblo con miedo ante el aumento de los hechos de violencia que se registran a diario con su secuela de sangre, muerte y luto. El resultado es un descontento generalizado y peligroso para la democracia, ya que la población está sintiendo en carne viva la ineficacia e ineficiencia de este Gobierno de los Pobres, cuyo verdadero cambio ha sido tirarle al pueblo más antimotines que soluciones.
Han tratado de distraer la atención de la población con osamentas, reformas constitucionales, peleas de los arnulfistas contra el profesor Jované, por asuntos de corrupción en la CSS, cuando la playa de la corrupción está en marea alta en otros lados muy cercana a ellos. Después de todo estos 17 meses de desgobierno y de pseudoposición nos preguntamos los mortales panameños: ¿Qué país tenemos? ¿Hacia dónde va esto?.
La respuesta a la primera pregunta es que tenemos un país estancado, deprimido, con un gobierno incapaz y que el pueblo percibe como el más corrupto de los últimos tiempos. Tenemos una oposición totalmente alejada y distante de los problemas del pueblo, quizás también por incapacidad o por complejo o más probablemente por pingües razones personales. Lo peor de todo es que tenemos a un pueblo, desilusionado, tenso, sin dinero y con todo el peso de la mala situación económica cayéndole encima.
La segunda pregunta es más difícil de contestar y no porque no exista forma de hacerlo, sino porque el panorama es incierto y esta incertidumbre, en estos momentos, es mala.
Examinemos. Primero, estamos en pleno debate una Reforma Tributaria que simplemente es quitarle los impuestos directos a 200,000 personas, pero aumentarle la cobertura del 5 % a más productos que consume el 100% de la población y crear un impuesto nuevo en los servicios que utiliza la clase media, para que el gobierno pueda gastar más.
Todos estamos de acuerdo en que hay que mejorar la distribución de las riquezas, pero, siempre un pero, mientras planean sacarnos más dinero de nuestros bolsillos, el Ministro de Salud, según el Comité Contra la Corrupción, se remodela su oficina por casi B/400.000.00; continúan los viajes al exterior (¡y en primera clase!) y continúa la fiesta de alquileres de autos y helicópteros. No hay medicinas en el Santo Tomas y los molirenas tienen a toda sus familias ganando cuantiosas sumas de dinero en salarios y además viajan a la sufrida India a buscar recursos, pero terminan organizando carnavales y le dicen a los representantes de corregimiento que para ellos no hay nada.
Pero para los alcaldes subsidiados sí hay un aumento de sueldo. La "partida secreta" y las partidas circuitales continúan siendo sólo de beneficios para unas minorías.
Continúa el servicio consular del país sirviendo sólo a algunas familias, para que se hagan ricas con los dineros que son del pueblo. El pacto Meta ha significado, entre otras cosas, más nombramientos con jugosos salarios para los legisladores y otras bellezas que estremecerán al país cuando se conozcan a plenitud.
En las actuales circunstancias, cuando se quiere aplicar torniquete al estomago vacío del pueblo, todavía hay funcionarios con salarios exorbitantes y gastos de representación libres del pago de impuestos. Observa pueblo: el gobierno quiere aumentarnos los impuestos para poder ellos gastar más, los comerciantes la única preocupación que han mostrado al respecto es si esa reforma va a afectar la capacidad de consumo del pueblo, ya que eso los afecta directamente; los banqueros (como Alberto Vallarino) están de acuerdo porque ellos trasladarán los nuevos costos a las hipotecas y a las otras transacciones y mi partido sólo espera el consenso para aprobarlas, pues la dirigencia está entretenida con el "tente allá" del Meta, lo cual los hace cómplice de todo lo que está sucediendo tal como lo está percibiendo el pueblo.
Pero allí no queda todo, ahora le abren seis agujeros más a la correa de algunos, cuando el Tribunal Electoral nos dice que por Ley hay que aumentar el número de legisladores de la República. ¡Señores del gobierno, si hay un referéndum que se gana sin hacer el más mínimo esfuerzo es el de disminuir el número de legisladores a la mitad, eliminar los suplentes y eliminar las partidas circuitales y dedicar todo ese dinero a la educación, la alimentación y cuidado de todo nuevo niño que nace en este país!. Esto es lo que yo desearía que propusiera mi partido. Al estilo de Torrijos, poner a producir y a ganar a muchos, pero dividiendo los panes entre los que más necesitan. Gravar el consumo no es una forma de distribuir riquezas, porque consumidores somos el 100%, distribuir riquezas es gravar las ganancias, los signos externos de riquezas, etc. Pero aún para ello hay que combatir y castigar la corrupción, racionalizar el gasto y brindar buenos servicios públicos.
El resultado ha sido un país estancado, con una economía que no despega, con empresarios deprimidos y temerosos, con obreros descontentos por el alza en los precios de los productos y por el aumento del desempleo. El resultado es el de un pueblo con miedo ante el aumento de los hechos de violencia que se registran a diario con su secuela de sangre, muerte y luto. El resultado es un descontento generalizado y peligroso para la democracia, ya que la población está sintiendo en carne viva la ineficacia e ineficiencia de este Gobierno de los Pobres, cuyo verdadero cambio ha sido tirarle al pueblo más antimotines que soluciones.
Han tratado de distraer la atención de la población con osamentas, reformas constitucionales, peleas de los arnulfistas contra el profesor Jované, por asuntos de corrupción en la CSS, cuando la playa de la corrupción está en marea alta en otros lados muy cercana a ellos. Después de todo estos 17 meses de desgobierno y de pseudoposición nos preguntamos los mortales panameños: ¿Qué país tenemos? ¿Hacia dónde va esto?.
La respuesta a la primera pregunta es que tenemos un país estancado, deprimido, con un gobierno incapaz y que el pueblo percibe como el más corrupto de los últimos tiempos. Tenemos una oposición totalmente alejada y distante de los problemas del pueblo, quizás también por incapacidad o por complejo o más probablemente por pingües razones personales. Lo peor de todo es que tenemos a un pueblo, desilusionado, tenso, sin dinero y con todo el peso de la mala situación económica cayéndole encima.
La segunda pregunta es más difícil de contestar y no porque no exista forma de hacerlo, sino porque el panorama es incierto y esta incertidumbre, en estos momentos, es mala.
Examinemos. Primero, estamos en pleno debate una Reforma Tributaria que simplemente es quitarle los impuestos directos a 200,000 personas, pero aumentarle la cobertura del 5 % a más productos que consume el 100% de la población y crear un impuesto nuevo en los servicios que utiliza la clase media, para que el gobierno pueda gastar más.
Todos estamos de acuerdo en que hay que mejorar la distribución de las riquezas, pero, siempre un pero, mientras planean sacarnos más dinero de nuestros bolsillos, el Ministro de Salud, según el Comité Contra la Corrupción, se remodela su oficina por casi B/400.000.00; continúan los viajes al exterior (¡y en primera clase!) y continúa la fiesta de alquileres de autos y helicópteros. No hay medicinas en el Santo Tomas y los molirenas tienen a toda sus familias ganando cuantiosas sumas de dinero en salarios y además viajan a la sufrida India a buscar recursos, pero terminan organizando carnavales y le dicen a los representantes de corregimiento que para ellos no hay nada.
Pero para los alcaldes subsidiados sí hay un aumento de sueldo. La "partida secreta" y las partidas circuitales continúan siendo sólo de beneficios para unas minorías.
Continúa el servicio consular del país sirviendo sólo a algunas familias, para que se hagan ricas con los dineros que son del pueblo. El pacto Meta ha significado, entre otras cosas, más nombramientos con jugosos salarios para los legisladores y otras bellezas que estremecerán al país cuando se conozcan a plenitud.
En las actuales circunstancias, cuando se quiere aplicar torniquete al estomago vacío del pueblo, todavía hay funcionarios con salarios exorbitantes y gastos de representación libres del pago de impuestos. Observa pueblo: el gobierno quiere aumentarnos los impuestos para poder ellos gastar más, los comerciantes la única preocupación que han mostrado al respecto es si esa reforma va a afectar la capacidad de consumo del pueblo, ya que eso los afecta directamente; los banqueros (como Alberto Vallarino) están de acuerdo porque ellos trasladarán los nuevos costos a las hipotecas y a las otras transacciones y mi partido sólo espera el consenso para aprobarlas, pues la dirigencia está entretenida con el "tente allá" del Meta, lo cual los hace cómplice de todo lo que está sucediendo tal como lo está percibiendo el pueblo.
Pero allí no queda todo, ahora le abren seis agujeros más a la correa de algunos, cuando el Tribunal Electoral nos dice que por Ley hay que aumentar el número de legisladores de la República. ¡Señores del gobierno, si hay un referéndum que se gana sin hacer el más mínimo esfuerzo es el de disminuir el número de legisladores a la mitad, eliminar los suplentes y eliminar las partidas circuitales y dedicar todo ese dinero a la educación, la alimentación y cuidado de todo nuevo niño que nace en este país!. Esto es lo que yo desearía que propusiera mi partido. Al estilo de Torrijos, poner a producir y a ganar a muchos, pero dividiendo los panes entre los que más necesitan. Gravar el consumo no es una forma de distribuir riquezas, porque consumidores somos el 100%, distribuir riquezas es gravar las ganancias, los signos externos de riquezas, etc. Pero aún para ello hay que combatir y castigar la corrupción, racionalizar el gasto y brindar buenos servicios públicos.