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Impuestos y corrupción


Mientras la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) expresaba, al iniciar abril, su preocupación por el progresivo deterioro de la institucionalidad democrática en el hemisferio, señalando que "la corrupción, la pobreza, la exclusión y las brechas económicas y sociales contribuyen a la inseguridad jurídica y a la inestabilidad", en nuestro país las mentes mediocres se recrean en embestir la deteriorada economía doméstica con sus criterios oportunistas y sus impuestos destructores, y en abultar y manipular la corrupción política para satisfacer su voracidad de poder.
En la OEA, la Presidenta de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Marta Altolaguirre, durante una sesión de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Políticos, en la cual presentó el informe anual 2002, precisaba que: " Las elecciones periódicas en los países de nuestro hemisferio no obstan para que muchas democracias de la región exhiban debilidades institucionales e incluso se vean expuestas a intentos de golpe de estado o alteraciones del orden constitucional".
En tanto, en Panamá, el magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia, por su parte, se apresuraba a considerar ante los medios como "inaceptable" el informe que, sobre la situación de los Derechos Humanos en Panamá y la gigantesca corrupción que impera en el Organo Judicial, periódicamente divulga el Departamento de Estado de Estados Unidos de América, al tiempo que el canciller amenazaba al gobierno estadounidense con una "nota de protesta" por "injerencia en los asuntos internos de Panamá". Como podrán imaginarse, el presidente Bush, Colin Powell y Condolezza Rice, desde el día de ese anuncio...¡no duermen!
Cabe preguntarle a dichos funcionarios que insisten que en Panamá no hay corrupción: ¿ Asumen el Ejecutivo y el Judicial en Panamá las medidas necesarias para cuidar preservar el equilibrio entre su deber de proteger a la población civil y las instituciones democráticas, y su obligación de no desatender la seguridad ciudadana y la función de administrar justicia con las debidas garantías y sin arbitrariedad? ¡Claro que no! Pero ellos tienen que hacernos creer que sí.
¿Quién en Panamá que se respeta y tiene dignidad, no sabe que los nuevos impuestos han sido establecidos como instrumentos para el soborno, la extorsión, los arreglos, las alteraciones fraudulentas, las malversaciones y fraudes, la especulación financiera con fondos públicos, la parcialidad, la colusión privada, el uso de información privilegiada, de todos aquéllos a quienes Dante en su Infierno, denominaba los barattieri? ¿O es que se nos olvida la "equiparación" de Panama Ports? ¿Quién de los que regentan el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial pueden lanzar la primera piedra para negar que los impuestos de la corrupción y la corrupción de los impuestos, caminan de sus manos y bajo su protección e impulso para favorecer la conducta deshonesta del poder público?
Este gobierno electo pasará a la historia como el que más ha favorecido la corrupción y el que menos que nada ha hecho en la lucha contra la corrupción. Como el gobierno que más ha castigado con más impuestos a la población panameña a cambio de nada y, como el que más ha recurrido al capricho y a la discrecionalidad para gobernar. Nunca antes -en Panamá- tan pocos le hicieron tanto daño a tantos con tanto descaro, con tanto sadismo...
Impuestos y corrupción se han convertido en aliados fundamentales de los actuales rectores de los órganos del Estado, los cuales se valen -cada vez más- de la no rendición de cuentas y de la oscuridad para generar más corrupción, para alimentar mejor la posibilidad de manipular corruptamente y de reinventar mentirosamente, la corrupción misma. Entre impuestos y corrupción pretenden hacernos vivir bajo la tiranía de los contravalores. ¿Hasta cuándo?
(mabernal@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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