Impuestos y justicia "social"
Es fácil comprender cómo los impuestos directos al consumo, como el IVA, afectan más a los pobres, quienes gastan en consumo prácticamente la totalidad de sus ingresos. Lo que no es tan fácil de entender es cómo los impuestos progresivos a los ingresos de los ricos -el impuesto sobre la renta- afecta también negativamente a los pobres. La explicación bonita que suelen dar los políticos es que el impuesto que cobra el gobierno a los ricos se gasta en obras sociales y, por lo tanto, beneficia a los pobres. Por eso, supuestamente, gravar en forma progresiva los ingresos de "los ricos" es una manera de redistribuir la riqueza y de hacer justicia "social". Ese análisis es ingenuo y superficial.
Debemos definir quién realmente paga un impuesto. Por ejemplo, ¿quién paga el impuesto a la gasolina? ¿El gasolinero que entrega el dinero al gobierno o el cliente que usó la gasolina y quien debido al impuesto tuvo que reducir su capacidad de consumo de otras cosas? Esas "otras cosas" que ya no podrá consumir es el costo real del impuesto. El gasolinero no reduce su capacidad de consumo de "otras cosas", pues es un simple intermediario que recauda el impuesto, pero ingenuamente se piensa que son los comerciantes quienes pagan esos impuestos sobre las ventas.
Obviamente que el impuesto sobre la renta progresivo reduce el ingreso de quienes tienen altos ingresos, pero eso no quiere decir que ellos reducen su consumo porque su consumo lo cubren ampliamente con sus altos ingresos. Mientras más alto es el ingreso de una persona, más susceptible de ser invertido es cada incremento de su ingreso porque, después de cubrir sus gastos de consumo, los ingresos adicionales necesariamente los ahorra o los invierte. Es el consumo del pobre el que resulta más afectado cuando se le aplican altos impuestos progresivos a los ricos.
Por otra parte, el impuesto progresivo a las empresas es, en realidad, un impuesto al rendimiento de las inversiones. Es difícil concebir algo que afecte más el incentivo a invertir que tener un impuesto progresivo a su rendimiento.
Es muy triste señalar que los países pobres son típicamente exportadores de capital económico y de capital humano (emigración) por la falta de oportunidades de inversión.
Es precisamente esa falta de capital productivo y de oportunidades de trabajo lo que mantiene los salarios bajos en América Latina y lo que causa la exportación de trabajadores hacia los países donde, irónicamente, se invierte el capital que exportan los países pobres. Claro que esos países también tienen impuestos al rendimiento de la inversión, pero no padecen de las otras desventajas de un país mercantilista, sin pronta e imparcial justicia, de mercados reducidos y con aduanas que entorpecen la producción y aumentan el costo de la vida.
(*) Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín.
www.aipenet.com
Debemos definir quién realmente paga un impuesto. Por ejemplo, ¿quién paga el impuesto a la gasolina? ¿El gasolinero que entrega el dinero al gobierno o el cliente que usó la gasolina y quien debido al impuesto tuvo que reducir su capacidad de consumo de otras cosas? Esas "otras cosas" que ya no podrá consumir es el costo real del impuesto. El gasolinero no reduce su capacidad de consumo de "otras cosas", pues es un simple intermediario que recauda el impuesto, pero ingenuamente se piensa que son los comerciantes quienes pagan esos impuestos sobre las ventas.
Obviamente que el impuesto sobre la renta progresivo reduce el ingreso de quienes tienen altos ingresos, pero eso no quiere decir que ellos reducen su consumo porque su consumo lo cubren ampliamente con sus altos ingresos. Mientras más alto es el ingreso de una persona, más susceptible de ser invertido es cada incremento de su ingreso porque, después de cubrir sus gastos de consumo, los ingresos adicionales necesariamente los ahorra o los invierte. Es el consumo del pobre el que resulta más afectado cuando se le aplican altos impuestos progresivos a los ricos.
Por otra parte, el impuesto progresivo a las empresas es, en realidad, un impuesto al rendimiento de las inversiones. Es difícil concebir algo que afecte más el incentivo a invertir que tener un impuesto progresivo a su rendimiento.
Es muy triste señalar que los países pobres son típicamente exportadores de capital económico y de capital humano (emigración) por la falta de oportunidades de inversión.
Es precisamente esa falta de capital productivo y de oportunidades de trabajo lo que mantiene los salarios bajos en América Latina y lo que causa la exportación de trabajadores hacia los países donde, irónicamente, se invierte el capital que exportan los países pobres. Claro que esos países también tienen impuestos al rendimiento de la inversión, pero no padecen de las otras desventajas de un país mercantilista, sin pronta e imparcial justicia, de mercados reducidos y con aduanas que entorpecen la producción y aumentan el costo de la vida.
(*) Ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín.
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