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Impuestos y servicios públicos


Los contribuyentes norteamericanos suelen opinar que pagan demasiados impuestos pero, al menos, tienen el consuelo de ser correctamente administrados y bien usados en lo que tiene que ver con la calidad de los servicios públicos que reciben. Los panameños no.
Hace poco, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) publicó unas cifras que confirman lo que siempre dijimos, que en Panamá pagamos más impuestos que en ningún otro país del continente. Más precisamente, sostenía la entidad que el total de los impuestos pagados al Estado panameño representa el 52.4% de su Producto Interno Bruto, cuando el promedio de la región es de 51.4%. El punto porcentual sería tanto como B/. 1, 300 millones.
Pero volvamos al principio. Poco o nada sería el peso de los impuestos si los contribuyentes viéramos, al menos, que las carreteras son buenas, que las escuelas públicas brindan una educación aceptable, que los hospitales del Estado atienden a las maravillas al pueblo que menos tiene y que los pobres son atendidos. Pero nada. Muchas calles y carreteras son una vergüenza, la enseñanza pública es, por lo general, pésima; muchos hospitales públicos del interior son de lo peor; y los pobres pululan en nuestras calles mendigando plata, mientras la desnutrición sigue atacando las áreas apartadas de la República. Y para colmo, casi todos tenemos la percepción que los dineros que tan trabajosamente aportamos al Fisco son, en su mayoría, mal manejados e irresponsablemente dilapidados, cuando no robados.

101 años de Panamá América

 
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