Impunidad en el trnsito terrestre
En este reino de la impunidad frente al delito y las faltas, en el que la desidia de las autoridades ha transformado a este país, no es de extrañar que por las vías circulen conductores de vehículos que gozan de impunidad, entendida en su doble sentido de permitirse el privilegio de no respetar norma alguna y de ser inmune a las infracciones. Entre quienes integran esa casta de gente sin Dios, autoridad, ni Ley, figuran los buseros y taxistas a la cabeza, seguidos por los conductores de colegiales, ambulancias, policías y motoristas, repartidores de pizza y similares.
El hecho que un solo conductor de "diablo rojo" acumule decenas de miles de balboas y siga circulando, es sintomático de lo expresado. Lo más lastimoso es que no es la excepción, sino la regla. Todos suman cantidades apreciables de multas, sin que nada les ocurra. Pero, en contraste, ¡ay! de que lo haga un particular.
Buseros y taxistas, suelen pasarse la luz roja, tomar y bajar pasajeros en media calle, embestir a los demás, violar límites de velocidad y otro sinfín de infracciones, sin que nada les pase. Los policías, hartos de hacer el papel de payasos, cuando se les condonan o se les desaparecen las multas, prefieren hacerse los de la vista gorda.
Los conductores de colegiales, por su parte, son una involución de sus colegas de los "diablos rojos". Aunque cargan estudiantes, agregan al mismo rosario de infracciones, sólo que con ello juegan a diario con la vida e integridad física y moral de menores de edad. La música soez y los embarazos precoces son en significativa medida parte de su contribución al caos.
Los de las ambulancias y policías ponen también su cuota de desorden, a veces injustificado. Pero por lo general todos toleramos sus locuras y asumimos que lo hacen de buena fe, aun cuando uno que otro sea causante de tragedias tan graves como las que tratan de evitar. Ellos, sin embargo, son los únicos del listado, con permiso para infringir las reglas.
Por último, los motociclistas se están volviendo en una plaga peligrosa. Conducen por las aceras, hacen giros temerarios e imprevistos, se nos atraviesan de pronto de la nada, haciéndonos pasar tremendos sustos. En fin, exponen su vida y la nuestra, a más de que siempre se les ve como víctimas, no siempre siéndolo.
El hecho que un solo conductor de "diablo rojo" acumule decenas de miles de balboas y siga circulando, es sintomático de lo expresado. Lo más lastimoso es que no es la excepción, sino la regla. Todos suman cantidades apreciables de multas, sin que nada les ocurra. Pero, en contraste, ¡ay! de que lo haga un particular.
Buseros y taxistas, suelen pasarse la luz roja, tomar y bajar pasajeros en media calle, embestir a los demás, violar límites de velocidad y otro sinfín de infracciones, sin que nada les pase. Los policías, hartos de hacer el papel de payasos, cuando se les condonan o se les desaparecen las multas, prefieren hacerse los de la vista gorda.
Los conductores de colegiales, por su parte, son una involución de sus colegas de los "diablos rojos". Aunque cargan estudiantes, agregan al mismo rosario de infracciones, sólo que con ello juegan a diario con la vida e integridad física y moral de menores de edad. La música soez y los embarazos precoces son en significativa medida parte de su contribución al caos.
Los de las ambulancias y policías ponen también su cuota de desorden, a veces injustificado. Pero por lo general todos toleramos sus locuras y asumimos que lo hacen de buena fe, aun cuando uno que otro sea causante de tragedias tan graves como las que tratan de evitar. Ellos, sin embargo, son los únicos del listado, con permiso para infringir las reglas.
Por último, los motociclistas se están volviendo en una plaga peligrosa. Conducen por las aceras, hacen giros temerarios e imprevistos, se nos atraviesan de pronto de la nada, haciéndonos pasar tremendos sustos. En fin, exponen su vida y la nuestra, a más de que siempre se les ve como víctimas, no siempre siéndolo.