Impunidad, funesto ejemplo
No culpamos a la actual dirigencia de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre. Creemos en sus buenas intenciones. Desgraciadamente, ha heredado un problema que viene acentuándose desde hace años. Se trata de la falta de sanción a los infractores del reglamento vehicular.
Constituye una gran vergüenza y pesar que las autoridades del pasado en la dirección de dicho organismo no hayan impuesto las sanciones respectivas a los infractores que, en desacato, dejaron de atender las citaciones que se les formularon para comparecer ante un juez de tránsito.
Es tan vergonzoso como lamentable el hecho de que miles de boletas de citación permanezcan durmiendo el sueño eterno, burladas y despreciadas por los conductores que se hicieron acreedores a ellas.
Espanta pensar que en reciente homicidio por parte de un conductor de los autobuses llamados Diablos Rojos, él tenga acumuladas boletas equivalentes a multa por dos mil balboas, y peor aún, que haya uno que las tenga pendientes por 16 mil. Esta acumulación constituye un monumento a la impunidad, y sirve de modelo para que todo el mundo, consciente de la falta de sanción en nuestro medio, se sienta estimulado, sin recato, a violar la ley.
El asunto reviste tal gravedad, que se hace imperativo que se tomen medidas de inmediato. No basta acrecentar las penas. Lo importante es que lo que hay pendiente, se liquide. Nos permitimos recomendar que las autoridades del Tránsito se inteligencien con ciudadanos que estén dispuestos a cooperar ante la urgente e inaplazable necesidad de borrar del mapa este vergonzoso y vulgar acumulamiento de boletas por infracciones. Hay que actuar prontamente y con rigor, castigar homicidas y cancelar licencias de manejo para siempre.
Estamos ya cansados de ver a diario personas muertas y tendidas en nuestras vías públicas, víctimas de una regata entre conductores de buses o por exceso de velocidad. No es posible que sigamos tolerando que un poco de irresponsables continúen segando vidas. Tenemos que derrumbar, urgentemente, ese monumento a la impunidad erigido en la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre.
Eso es indispensable. La falta de sanción engendra la perdición.
Constituye una gran vergüenza y pesar que las autoridades del pasado en la dirección de dicho organismo no hayan impuesto las sanciones respectivas a los infractores que, en desacato, dejaron de atender las citaciones que se les formularon para comparecer ante un juez de tránsito.
Es tan vergonzoso como lamentable el hecho de que miles de boletas de citación permanezcan durmiendo el sueño eterno, burladas y despreciadas por los conductores que se hicieron acreedores a ellas.
Espanta pensar que en reciente homicidio por parte de un conductor de los autobuses llamados Diablos Rojos, él tenga acumuladas boletas equivalentes a multa por dos mil balboas, y peor aún, que haya uno que las tenga pendientes por 16 mil. Esta acumulación constituye un monumento a la impunidad, y sirve de modelo para que todo el mundo, consciente de la falta de sanción en nuestro medio, se sienta estimulado, sin recato, a violar la ley.
El asunto reviste tal gravedad, que se hace imperativo que se tomen medidas de inmediato. No basta acrecentar las penas. Lo importante es que lo que hay pendiente, se liquide. Nos permitimos recomendar que las autoridades del Tránsito se inteligencien con ciudadanos que estén dispuestos a cooperar ante la urgente e inaplazable necesidad de borrar del mapa este vergonzoso y vulgar acumulamiento de boletas por infracciones. Hay que actuar prontamente y con rigor, castigar homicidas y cancelar licencias de manejo para siempre.
Estamos ya cansados de ver a diario personas muertas y tendidas en nuestras vías públicas, víctimas de una regata entre conductores de buses o por exceso de velocidad. No es posible que sigamos tolerando que un poco de irresponsables continúen segando vidas. Tenemos que derrumbar, urgentemente, ese monumento a la impunidad erigido en la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre.
Eso es indispensable. La falta de sanción engendra la perdición.