Incapacidad y corrupción
Trataré de hacer un esbozo de algunos de los grandes problemas que aquejan a nuestra nación, refiriéndome a lo que en mi concepto es la piedra angular sobre la que descansa nuestro maltrecho país, que a lo largo de distintas generaciones viene dando tumbos, sin que haya sido posible que se rescate de los males que nos aquejan por el hecho de la incapacidad para gobernar y es el primer punto que deseo desarrollar.
Finalizaba la década del "40, años posteriores a la segunda guerra mundial, acostumbrados a manejar dinero a manos llenas, no sabiendo dar valor a lo que contábamos y se produce la segunda gran crisis nacional. La primera, en los años treinta, fue superada, según la historia, por un gran estadista que se llamaba el Doctor Harmodio Arias. Después, en la década siguiente viene la "danza de los millones", en manos de los gobernantes de turno y posteriormente se produjo la segunda, que resultó catastrófica, pero que logramos superarla durante el gobierno del Dr. Arnulfo Arias M., quien no tenía la aprobación del capital nuestro ni la aquiescencia de los norteamericanos y fue derrocado en 1951. Casi todos los gobiernos que se sucedieron fueron incapaces, aunque el país boyaba en dinero. Se pudo hacer ahorros sustanciales, mas no teníamos la capacidad para hacerlo. Aún así el país caminaba y al finalizar la gestión de los gobernantes en 1968, nuestra deuda externa sólo ascendía a 184 millones de balboas.
Seguimos siendo una de las naciones privilegiadas, hasta que en mala hora el destino nos puso en manos de los militares, que casi arrasan el país. Nos endeudamos hasta la cabeza, en más de seis mil millones de balboas, lo cual no hemos podido superar. Se habla de logros, pero ¿a qué costo? Así vimos la crisis fiscal que casi acaba con toda la economía nacional, durante los años 1986 a 1989, y que la incapacidad actual nos está llevando por el mismo camino.
Al inicio de la nueva democracia, todavía el país pudo salir adelante, pero quienes asumieron el poder no quisieron que tuviésemos una república nueva y se dedicaron a continuar la línea que trazó la dictadura, con muy pocas variantes. Quien llegue al poder, en nuestra incipiente democracia, tropezará con la deuda impagable que pesa sobre nosotros y difícilmente la situación mejorará, mientras que tengamos que hacer frente al servicio de la misma más la amortización, que no hay de dónde. Los opositores al actual gobierno deben pensar muy bien lo que dicen, porque la mayoría de ellos son responsables del endeudamiento por el apoyo irrestricto a la dictadura. Todos los gobiernos, a partir de 1989, han tenido esa carga que pesa enormemente y gravita sobre el sufrido pueblo nuestro.
Aunado a todo lo anterior, tenemos que aceptar el despilfarro permanente de todo lo que entra, ya sea producto de impuestos o préstamos que nos siguen agobiando. Se habla de recortar gastos. No se ha hecho. Estamos llegando al despeñadero. Cuando el vestido queda largo hay que ajustarlo y sólo se puede lograr atendiendo recomendaciones sabias, que no se toman en cuenta, por la soberbia de quienes dirigen.
Hasta la fecha, se sigue gastando a manos llenas, como si hubiese abundancia. Quienes tienen en sus manos los controles de los dineros que son del pueblo, juegan con ellos sin percatarse del perjuicio que se sigue cometiendo. Así vemos que proliferan actos delictivos en distintos ministerios y en entidades autónomas, como es el caso de la Universidad Nacional de Chiriquí, que fueron investigados y el Contralor General de la República hace arreglos de pago para que el dinero no se pierda, lo cual a más de ser vergonzoso, es una bofetada a los que creemos que la honestidad no tiene precio y que el ejemplo que se está dando a la juventud, especialmente la universitaria es nefasto. Mal principio para los que estudian, que se mirarán en este espejo y que tendrán como base que delinquir es moneda corriente en el país.
Si hablamos de corrupción, hay mucho hilo para tejer. A diario se publican casos donde se involucra a allegados al gobierno y éstos siguen campantes en sus posiciones. Los diarios hacen mención de ellos, pero supongo que temerosos a sanciones por calumnia e injuria, tienen que andar con pies de plomo. En nuestro país hasta 1968, cuando vivíamos nuestros mejores días de democracia, se informaba de lo que acontecía, nadie se atrevía a demandar un periodista porque publicara noticias que corrían por toda la geografía del país. Luego, durante la dictadura, se crearon las leyes mordaza, que en democracia no se han podido derogar totalmente y pesa una espada de Damocles sobre los medios de comunicación. Es tiempo que el pueblo se entere de todos los desmanes que se cometen y es justo que todos los periodistas que tienen juicios pendientes sean indultados por el Ejecutivo. Si el gobierno anterior siguió esta práctica con verdaderos delincuentes, cómo es posible que no se haga justicia con estos acusados, que ni en sombra se asemejan a los beneficiados anteriormente. Hacer justicia es parte de manejar un gobierno y esto es fundamental para la buena marcha de la democracia.
Finalizaba la década del "40, años posteriores a la segunda guerra mundial, acostumbrados a manejar dinero a manos llenas, no sabiendo dar valor a lo que contábamos y se produce la segunda gran crisis nacional. La primera, en los años treinta, fue superada, según la historia, por un gran estadista que se llamaba el Doctor Harmodio Arias. Después, en la década siguiente viene la "danza de los millones", en manos de los gobernantes de turno y posteriormente se produjo la segunda, que resultó catastrófica, pero que logramos superarla durante el gobierno del Dr. Arnulfo Arias M., quien no tenía la aprobación del capital nuestro ni la aquiescencia de los norteamericanos y fue derrocado en 1951. Casi todos los gobiernos que se sucedieron fueron incapaces, aunque el país boyaba en dinero. Se pudo hacer ahorros sustanciales, mas no teníamos la capacidad para hacerlo. Aún así el país caminaba y al finalizar la gestión de los gobernantes en 1968, nuestra deuda externa sólo ascendía a 184 millones de balboas.
Seguimos siendo una de las naciones privilegiadas, hasta que en mala hora el destino nos puso en manos de los militares, que casi arrasan el país. Nos endeudamos hasta la cabeza, en más de seis mil millones de balboas, lo cual no hemos podido superar. Se habla de logros, pero ¿a qué costo? Así vimos la crisis fiscal que casi acaba con toda la economía nacional, durante los años 1986 a 1989, y que la incapacidad actual nos está llevando por el mismo camino.
Al inicio de la nueva democracia, todavía el país pudo salir adelante, pero quienes asumieron el poder no quisieron que tuviésemos una república nueva y se dedicaron a continuar la línea que trazó la dictadura, con muy pocas variantes. Quien llegue al poder, en nuestra incipiente democracia, tropezará con la deuda impagable que pesa sobre nosotros y difícilmente la situación mejorará, mientras que tengamos que hacer frente al servicio de la misma más la amortización, que no hay de dónde. Los opositores al actual gobierno deben pensar muy bien lo que dicen, porque la mayoría de ellos son responsables del endeudamiento por el apoyo irrestricto a la dictadura. Todos los gobiernos, a partir de 1989, han tenido esa carga que pesa enormemente y gravita sobre el sufrido pueblo nuestro.
Aunado a todo lo anterior, tenemos que aceptar el despilfarro permanente de todo lo que entra, ya sea producto de impuestos o préstamos que nos siguen agobiando. Se habla de recortar gastos. No se ha hecho. Estamos llegando al despeñadero. Cuando el vestido queda largo hay que ajustarlo y sólo se puede lograr atendiendo recomendaciones sabias, que no se toman en cuenta, por la soberbia de quienes dirigen.
Hasta la fecha, se sigue gastando a manos llenas, como si hubiese abundancia. Quienes tienen en sus manos los controles de los dineros que son del pueblo, juegan con ellos sin percatarse del perjuicio que se sigue cometiendo. Así vemos que proliferan actos delictivos en distintos ministerios y en entidades autónomas, como es el caso de la Universidad Nacional de Chiriquí, que fueron investigados y el Contralor General de la República hace arreglos de pago para que el dinero no se pierda, lo cual a más de ser vergonzoso, es una bofetada a los que creemos que la honestidad no tiene precio y que el ejemplo que se está dando a la juventud, especialmente la universitaria es nefasto. Mal principio para los que estudian, que se mirarán en este espejo y que tendrán como base que delinquir es moneda corriente en el país.
Si hablamos de corrupción, hay mucho hilo para tejer. A diario se publican casos donde se involucra a allegados al gobierno y éstos siguen campantes en sus posiciones. Los diarios hacen mención de ellos, pero supongo que temerosos a sanciones por calumnia e injuria, tienen que andar con pies de plomo. En nuestro país hasta 1968, cuando vivíamos nuestros mejores días de democracia, se informaba de lo que acontecía, nadie se atrevía a demandar un periodista porque publicara noticias que corrían por toda la geografía del país. Luego, durante la dictadura, se crearon las leyes mordaza, que en democracia no se han podido derogar totalmente y pesa una espada de Damocles sobre los medios de comunicación. Es tiempo que el pueblo se entere de todos los desmanes que se cometen y es justo que todos los periodistas que tienen juicios pendientes sean indultados por el Ejecutivo. Si el gobierno anterior siguió esta práctica con verdaderos delincuentes, cómo es posible que no se haga justicia con estos acusados, que ni en sombra se asemejan a los beneficiados anteriormente. Hacer justicia es parte de manejar un gobierno y esto es fundamental para la buena marcha de la democracia.