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Incertidumbres y dilemas


Panamá enfrenta a diario diferentes dilemas que se entremezclan con las numerosas incertidumbres, mientras a nivel nacional la situación social continúa empeorando progresivamente. El país -y hay que decirlo- está padeciendo una grave crisis social, económica y política, al tiempo que la pobreza, el desempleo y la exclusión social se extienden sobre capas cada vez más amplias de la población.
Desde el punto de vista económico no se sabe lo que hay que hacer, mientras que desde el campo político, los sectores gobernantes y también los ex gobernantes, recurren a falsos argumentos sociales nerviosos como están por las posibilidades crecientes de ver perder su negocio, que no es otro que el de gastar el dinero de los contribuyentes en el financiamiento de sus actividades politiqueras.
El ejemplo más acabado nos fue brindado con la precipitada convocatoria de la Asamblea Legislativa a sesiones extraordinarias por ocho días (y ocho noches) y el "dime que te diré" durante el cual, ocasionalmente, emergía el grave problema del agua potable...porque de las aguas servidas poco se habló. El IDAAN, y el agua que a muchos no le dan, sirvió para que se le brindara poca atención a la visita de la delegación del Fondo Monetario Internacional y se nos privara de la información -a la cual tenemos derecho- de lo pactado por sus interlocutores y fanáticos locales.
Para el común de la gente, las incertidumbres y dilemas que emanan de la importancia del problema fiscal se acrecientan en la medida en que no se crean puestos de trabajo, la silenciosa reducción de salarios, el aumento del costo de la vida, la quiebra y cierre de negocios y la poca inversión. Cada día se palpa que la gente tiene miedo de consumir (v.gr: disminución de 1.6 millones de galones de combustible en las gasolineras de todo el país durante el primer trimestre del 2001) y los letreros de "se alquila" o "se vende" de las bienes raíces, retratan el temor hacia los bienes durables, mientras el gobierno trata de ocultar la baja recaudación pero -eso sí- sin reducir para nada el gasto público.
Contrariamente a lo prometido, el manejo de la política económica del actual gobierno se acerca a pasos acelerados a los intereses del FMI. La denominada "reforma tributaria" que busca ampliar el número de impuestos; los pasos dados con el propósito de privatizar el sistema financiero público, las trabas burocráticas y las dificultades para impedir poder reducir las transferencias a las administraciones locales en un Estado que no da absolutamente nada a cambio por los impuestos que cobra, nos revela que la incertidumbre fiscal y los dilemas que crea la pobre gestión gubernamental no pretenden ni quieren tampoco, devolverle capacidad de compra al contribuyente panameño.
En este contexto, le corresponde a los ciudadanos y ciudadanas panameñas, y al resto de la población que no se identifica ni pertenece a las corporaciones políticas que monopolizan el escenario, irrumpir como actores reales para impulsar los movimientos sociales en aras de realizar un esfuerzo de liderazgo muy grande para que sus propuestas y sus objetivos en torno al manejo de la política económica y social logren abrirse paso, construyendo instrumentos y mecanismos que nos permitan incidir de manera efectiva en estos terrenos.
Tenemos que acercar más a la población panameña -que no ha sido secuestrada o contaminada por la partidocracia- a la reflexión sobre los asuntos económicos y su apropiación de los conceptos e indicadores económicos más importantes de la coyuntura.
Debemos contribuir cada día más a la formación de una cultura democrática y participativa en torno a los temas de política económica y social, y poder así fortalecer la capacidad de intervención de los ciudadanos y ciudadanas en torno a las decisiones en materia de política económica y social.

101 años de Panamá América

 
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