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Incidente de la Tajada de Sandía


La excesiva arrogancia y el afán de hegemonía geopolítica sobre los estados que ha caracterizado a los Estados Unidos, han sido el norte que ha orientado su política internacional de carácter intervencionista, aún desde mediados del siglo XIX en todo el mundo.
A partir de entonces y utilizando todo su potencial económico, ha ido creando una estructura armamentista insuperable y de la más alta tecnología, con miras a mantener su supremacía sobre todos los países del orbe.
El último o más reciente, si se quiere, acto de audacia en su empeño por el control estratégico militar, se dio días atrás cuando un avión espía de la armada estadounidense, repleto de equipos ultra secretos y con 24 tripulantes a bordo, colisionó con un caza chino sobre lo que se presume era, o el Mar del Sur de China o el espacio aéreo chino, lo cual hizo crecer la tensión diplomática entre ambos países.
Si nos retrotraemos al siglo XIX, en Panamá nos topamos con una significativa fecha del calendario de nuestra nacionalidad, la del 15 de abril de 1856. Y este 2001, se cumplieron 45 años del suceso conocido como "El Incidente de la Tajada de Sandía" y que se constituyó, precisamente, en la primera de las veintitantas intervenciones de los Estados Unidos en Panamá, cuando éstos, amparados en el párrafo 1 del Artículo XXXV del Tratado Mallarino-Bidlack que establecía que, los ciudadanos, buques y mercancías de los Estados Unidos disfrutarán en los Puertos de Nueva Granada, incluso los del Istmo de Panamá, de todas las franquicias, privilegios e inmunidades en lo relativo a comercio y navegación de que ahora gozan los ciudadanos granadinos; y haciendo uso de su soberbia, avasallaron a nuestro pequeño pueblo a raíz de un aparentemente intrascendente hecho en el que el norteamericano Jack Oliver, se negó a pagarle al pariteño José Manuel Luna, vendedor de sandía, un real, que era el costo de una rebanada de la fruta, originándose una descomunal riña tumultuaria entre norteamericanos y panameños por los alrededores del ferrocarril, dejando un saldo de 16 muertos y 15 heridos, entre los primeros, y un muerto y 13 heridos por los panameños y otros latinoamericanos que se unieron a la causa de los istmeños.
Los informes de ambos gobiernos fueron contradictorios, ya que se acusaban mutuamente, sin embargo, se destaca entonces la actitud impositiva de los Estados Unidos, al desconocer los testimonios oficiales de los cónsules en Panamá de Gran Bretaña, Francia y Ecuador, quienes acusaban a los norteamericanos de ser los agresores.
Transcurridos 5 meses del incidente, Estados Unidos desembarca el 19 de septiembre, 160 soldados y se toma la estación del ferrocarril y "propone" a Nueva Granada (Panamá formaba parte de ella) algunas humillantes cláusulas que originarían, luego de intensas negociaciones, un acuerdo mediante un arreglo dictado por los Estados Unidos e incorporado en el Tratado Herran-Cass, firmado el 10 de septiembre de 1857 en donde Nueva Granada debía pagar una indemnización de 412,394 dólares a los Estados Unidos.
A lo largo del proceso de negociaciones y disputas, la actitud prepotente y desdeñosa del gobierno de Estados Unidos, empañó las relaciones con Nueva Granada, ofendió hondamente al resto de las repúblicas, produciendo un profundo resentimiento por la agresividad con la que fue tratada Nueva Granada en el territorio del Istmo.
Esa actitud de ayer, fanfarrona y presumida de Estados Unidos, es la de hace unos días atrás, cuando sostenía que no daría disculpas al gobierno de China.

101 años de Panamá América

 
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