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¿Incluye a todos por igual o sus diferencias?


¿Quién podría decir en el mundo de hoy que algún ser humano tiene más valor que otro? Todos somos iguales y, por lo tanto, tenemos los mismos derechos. Uno es el derecho a la educación.
Todos debemos tener las mismas oportunidades de educarnos sin importar nuestra condición o capacidad. Es lo que pensó la Primera Dama, Vívian de Torrijos, al crear y promover el programa INCLUYE; pero, lamentablemente, lo que pudo ser un plan humano e igualitario ha resultado inhumano y dañino para algunos niños. Cualquier docente que trate con un niño especial podría decir lo mismo.
Este plan ha sido una catástrofe. Cuando en una escuela, ya sea oficial o particular, en una de sus aulas de clases se encuentra un niño especial, pasa lo siguiente: El está rodeado de lo que podríamos decir 20 ó 30 niños normales; el docente que dicta la clase para nada sabe enseñar a un niño especial, porque no tiene la experiencia, la preparación, ni la idea para hacerlo.
El docente, como no es especialista, tampoco reconoce la situación del infante; o sea, si es autista, hiperactivo, de lento aprendizaje, etc. Los otros niños se burlan del niño especial, y cuando el docente enseña no puede hacerlo con normalidad porque debe bajar el nivel para que el niño especial trate de entender. Quizás, como no lo hará, le exhibirá, le dirá tonto o, simplemente, le pondrá un tres.
Los otros estudiantes, al ver eso, reclamarán o quizás también se hagan especiales para que le pongan un tres; aquellos que sí estudiaron, sentirán que no es justo. El resultado: una educación con retrasos, porque no se puede avanzar de esta manera.
Si a un niño, supuestamente normal, se le dificulta en ciertas ocasiones entender la clase, cuánto más al niño especial, pues se le trata de enseñar, según sea su grado, las tablas, el alfabeto, ciencias y demás, pero sucede que ni siquiera sabe escribir su nombre, los números del uno al cinco, etc.
Cambiaré ahora el panorama. Cuando en un salón de clase hay un docente preparado para enseñar a niños especiales y todos con la misma discapacidad o especialidad, el educador puede darles las herramientas necesarias para cuando no tengan familiares a su lado y puedan desenvolverse en la vida; es allí donde estamos haciendo un plan igualitario. Aquí sí el niño especial va a aprender. No se trata de relegarlo, sino de ayudarlo.
Si se iba a crear INCLUYE, se debió capacitar antes a los docentes, o establecer determinadas escuelas con sus especialistas. Ciertamente, hay maestros y profesores con mucho amor y comprensión para esto, pero hay otros que no.
En estos meses, en nuestro país se discute el plan de desarrollo nacional, en donde se tocará el tema de la educación. ¿Por qué no tomar esto en serio y tratamos todos los panameños de unirnos para, en verdad, incluir a todos por igual?

101 años de Panamá América

 
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