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Incógnitas del sindicalismo


Aquellos que me conocen recordarán las tantas veces que he defendido a los sindicatos como instituciones y he dicho que son parte de la democracia; por lo tanto, deben existir. Pero, sucede que en las últimas décadas se ha prostituido el concepto de sindicalismo y han perdido aquella mística que tenían anteriormente.
Por la necesidad que el gobierno militar incipiente tuvo del apoyo de los sindicatos, desarrolló un paternalismo y una preferencia por sus actividades hasta permitir que llegaran a donde están. Cuando la democracia se instituyó en Panamá, los dirigentes sindicales se escondieron por temor a una persecución que nunca llegó. Pero, hubiera sido el momento para reorganizarlos, cambiar los dirigentes y fortalecerlos como parte de esa democracia. Sin embargo, se les permitió continuar como estaban dirigidos, por la misma gente y con las mismas reglas del juego.
Actualmente no vemos grandes cambios ni difieren mucho de los anteriores. Para su perjuicio, cada vez se fragmentas más y cada vez que nace un hijito, nace también un dirigente con ambiciones personales. Esto perjudica enormemente al movimiento sindical y lo debilita. Cada vez que se fragmenta, se presentan desavenencias encontradas que dificultan ganar las batallas al gobierno por más razón que tengan.
Me llama la atención la influencia política e ideológica que se adentra en ellos y que los divide aún más. Los dirigentes, por estar en luchas intestinas, no ven que van perdiendo poder e influencia, aun ante sus propias bases.
Por otro lado, me confunde la posición de los gremios transportistas porque tengo entendido que, cuando se habla de transportistas, no está claro para la mayoría de la masa, el concepto que conlleva. Muchas veces escucho ese vocablo y creo que se trata de los conductores de buses y taxis; otras veces resulta que son los dueños de buses. Así que en mi mente tengo una situación ambigua y una dualidad que no logro aclarar. Este último movimiento vino a hacerme ver mejor qué es lo que sucede porque los llamados transportistas se reunían como dueños de los autobuses y quienes manejan esos transportes no aparecen por ningún lado. Pero, si son dueños de buses, son empresarios. Sin embargo, nunca los he visto formar parte de los gremios empresariales, es decir, forman un conjunto aparte. Cuando les conviene son empresarios del transporte; cuando les conviene son parte de un gremio que no les corresponde.
Esta dualidad de identificación perjudica enormemente a los conductores que no son empleados, pero tampoco son empresarios. Miren bien esto. Cuando se habla del gremio de transportistas son los dueños los que salen a ruedo y sigo sin comprender.
Hace unos días un amigo me decía que los sindicatos están débiles, desorganizados; le respondí que yo creía que los débiles eran los dirigentes que, de tanto tiempo que llevan allí, se han desgastado. Sin embargo, cuando llegué a casa en la noche y analicé la conversación, pensé que él tenía razón porque las mismas agrupaciones están desgastadas desde el momento que continúan eligiendo a las mismas directivas para siempre. Quiere decir que los actuales y pasados (que son los mismos), no han capacitado a nueva gente que los releve, que los suplante y esto no debiera continuar así. En el cambio está el progreso, la maduración y el fortalecimiento; de continuar las mismas formas de pensar y actuar, retrocederán hasta desaparecer, si no físicamente, desaparecerá su fuerza y la institucionalidad sindical dejará de existir como tal para convertirse en grupos y grupos divididos, con diferentes intereses y distintas direcciones.
Si piensan en estas reflexiones, objetivamente, tal vez les sirvan positivamente y puedan recapacitar a tiempo. Necesitamos de los sindicatos para la democracia.

101 años de Panamá América

 
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