Incredulidad
Con motivo del triunfo de la representación deportiva del balompié panameña en la Copa de Naciones, en medio de las expresiones de entusiasmo justificado porque, como dicen: "al fin lo logramos", "algo se consiguió en el balompié", "ya era hora de cumplir una deuda con la gente que tanto ha estado esperando un resultado positivo", "ya no somos la cenicienta", etc., se escucharon voces sinceras que confesaban su incredulidad en la posibilidad de que nuestra representación hiciera el papel que ha hecho. Me encuentro entre ese grupo.
Teníamos casi como destino indeclinable aquello de que "jugamos como nunca, pero perdimos como siempre". Lo que sucedió fue todo lo contrario, como una lotería en un país donde ésta es casi como una religión, la solución de todos los problemas, no fue así como pensábamos los pesimistas, y triunfó el equipo de manera tal que cuando me lo informaron creí que me estaban tomando el pelo.
Ya que no dediqué el tiempo para ver en televisión la transmisión del partido, pues asumía el resultado negativo como ya nos han acostumbrado a hincharnos de entusiasmo para el último minuto lamentarnos por derrotas como la sufrimos frente a El Salvador, por tanto tuve que enterarme por diversas fuentes de que nuestra representación nacional había vencido a los que históricamente siempre nos han batido y con suficiencia. Lo cual es como una catarsis colectiva.
Felicitamos a todos los que contribuyeron a esa buena presentación y a todos los hinchas del equipo y a las autoridades gubernamentales por haber premiado económicamente, según lo prometido, a los humildes jugadores que no viven de la práctica de ese deporte sino que sus oficios son distintos en la comunidad. Por cierto, un equipo no profesional derrota a los que son profesionales. De ahí que muchos sugieren que instituya el profesionalismo como en los otros países para poder competir en plano de igualdad.
Seguimos, a pesar de todo, en la incredulidad porque no todo se ha terminado con estas competencias. Vienen otras. Estamos fuera del mundial. Y nos están esperando otras justas en la que debemos demostrar la calidad y perennidad de la conquista.
Que ojalá no sea este campeonato algo irrepetible como son otros éxitos repentinos e inesperados. Como la mayoría de los panameños, agradecemos a Dios la experiencia del triunfo y con mucha humildad aspiremos a que esto se repita para la salud mental de la comunidad.