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Incrementos de la delincuencia


NO SE NECESITA siquiera ser un profundo observador de la realidad social panameña, para concluir que en los últimos años y principalmente en los meses que acaban de pasar, los índices de delincuencia han dejado atrás todos los récords en nuestro territorio. Hay toda una serie de factores concurrentes que han hecho abortar esa tenebrosa circunstancia, que en mayor o menor medida, amenaza el país y hace temer a la población. Lo que más asombra es el serio desconcierto de las autoridades. Los rasgos que anotamos son la resultante de un cúmulo de factores que no están ocultos, sino que, sin ser experta en la materia, cualquier persona de algún interés en la marcha del país puede anotar.
La estructura gubernamental no ha cambiado mucho en las últimas décadas, y su constante continúa siendo la rutina, la improvisación, el nada me importa y siga la marcha de "My name is Panamá".
La población nacional aumenta, y también la extranjera, sobre todo la más vecina y que se beneficia con las conocidas facilidades que el país les da, ya como refugio o como teatro para tal modo de vida. Las pautas legales no han cambiado mucho, o en lo más mínimo, porque las normas aplicables son, en general, las mismas y no cambian para ser más consecuentes con nuestras necesidades de país que debe moverse, siquiera un poco, cuando la realidad inmediata comienza a demostrar que no podemos subsistir con la misma legislación. Valdría la pena soñar con un gobierno que no sea rutinario, pero la misma forma como está organizado y funciona el país aleja tal sueño.
Otro renglón que empeora es el del tratamiento que se le da en las cárceles a esa índole creciente de tal sector poblacional, sea nativo o de otros lares. La circunstancia en que permanecen los ajusticiados es una especie de capítulo del Infierno del Dante. Ellos mismos a veces se rebelan, y para no relatar semejante rosario más vale siquiera construir algunos edificios más amplios, para no sumir en la tragedia no sólo a los visitantes recurrentes, sino sobre todo a los que tienen sus títulos de "maestros" o "doctores" en la materia, que es lo que casi siempre sucede con nuevas y viejas visitas a nuestras cárceles.
No es nuestro propósito el alarmar el país, con estos artículos que si no fueran realistas, entonces sí serían alarmantes. Pero consideramos que muchos panameños comparten nuestra idea (si fuéramos petulantes diríamos que "tesis"), de que el país hace años, décadas, que marcha a la deriva en la mayoría de los aspectos y no es mucho de lo que podemos enorgullecemos, porque parece mayor el cúmulo de lo que inevitablemente tenemos que lamentarnos. No es que desconozcamos lo que nos es propio en calidad de positivo, en el globo de la verdad meritoria del país. Sólo creemos que por el camino que ha tiempo venimos andando, podemos llegar a una situación mayor de caos, por no remediar cuando lo malo pasa a peor. En cierta forma, y perdónemos el lector el atrevimiento de poner en duda la célebre democracia " a la panameña", en cuya virtud los gobiernos, que naturalmente son distintos, como distintos son sus personajes, intentan distinguirse por sus soluciones novedosas, pero dejando abierto el escape de la falta de continuidad que caracteriza a todos los nuevos inquilinos del Palacio de las Garzas Cautivas, que canta nuestro inolvidable vate Ricardo Miró.
El correr de la pluma, querido lector, nos ha llevado lejos de nuestros comienzos de las primeras líneas. Pero a medio camino nos asaltó la idea de que estamos siendo "un país a la deriva", para decirlo con una frase pomposa, y caímos en la grandiosa idea de que cada cinco años haya otro gobierno. Algunos lo sentirán, por la falta de continuidad, y otros lo celebrarán, por razones que la mayor parte de nuestra población, bien lo sabe.
Personalmente aspiro a ver pronto el Museo Regional de Veraguas, convertido en una institución que sea foco desde donde irradien los valores culturales a todos.

101 años de Panamá América

 
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