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Incursionando con la gente


Desde niña aprendí a incursionar y conversar con todas las personas que me quedan cerca, no importa su clase social o su posición en lo que sea. Me ha gustado saber cómo piensan y por qué actúan en determinada manera. Por eso, ahora me he ocupado de preguntar a ciertas personas sobre temas diarios y estas son las respuestas:
Dicen que la Corte Suprema de Justicia no sirve y que ahora quiere aumentar su presupuesto para utilizarlo en subirse sus salarios y prerrogativas, escudándose en que aumentarán jueces, personal y otros salarios. La justicia no funcionará con más dinero.
La lucha de los sindicatos por la hegemonía del poder no se debe a buscar mejores condiciones de trabajo para los sindicados, sino porque les está viniendo dinero de otras partes y quieren aprovecharlo para sí. La división entre ellos no es más que eso: lucha por poder y protagonismo. Sus dirigentes deben ser cambiados ya.
Dicen los educadores que los estudiantes no protestan por las clases y su graduación; lo hacen porque el gobierno les ha ofrecido becas para que rompan la huelga.
El "Loco" Mosquera ha sido acusado de homicidio. Ahora aparece un menor que se auto inculpa. Dice la gente: ¿será verdad o le están pagando porque, según nuestras leyes proteccionistas al menor, él sale libre pronto y Mosquera queda también libre? Piensan por qué un menor estaba a esa hora en un bar con un arma. ¿y el dueño qué?
Cuando nos clavaron la ley fiscal dijeron que 120 empresarios no pagaban impuestos. Dice la gente que, si ellos conocían a esos 120, por qué no les cayeron y castigaron a miles de personas. Esa no fue la verdadera razón. Fue impuesta por las IFI.
Las pocas leyes que han hecho los del gobierno o los diputados, tienen la particularidad de perjudicar a más que beneficiarlos. Se preguntan ¿cuánto recibe cada uno por aprobar esas leyes no sociales ni populares?
Cuando se habla de inversionistas extranjeros que vienen, gastan miles de dólares en traducir el Código de Trabajo y luego se van. La gente comenta que no hay voluntad por cambiar el Código y dicen también que los del gobierno les piden coimas altísimas que no están dispuestos a pagar. Cuando se habla de un Plan Nacional de Desarrollo, enseguida piensan en cuánto sacarán lo empresarios del mismo; que ese es su único interés.
Cuando los periódicos hablan de bajar la gasolina, la gente enseguida piensa y dice que las gasolineras esperan tres días para hacerlo, mientras ganan al precio alto. ¿Y las autoridades dónde están?
Los del Sí y los de No se acusan mutuamente de estar en contra o a favor del gobierno; no piensan en las bondades de uno o del otro. Se desconfían.
Podría poner más ejemplos; estos son algunos para demostrar que vivimos en un país de desconfianza de falta de credibilidad. Al principio era con el gobierno; luego con los empresarios; después contra los jefes de instituciones; después nos enseñaron los militares a desconfiar los pobres de los ricos y viceversa. Ahora desconfiamos de los vecinos, de nuestros copartidarios, de los familiares, de los hermanos, de los compañeros de trabajo. No podemos continuar en ese plan porque no lograremos el desarrollo que necesitamos. Si cada vez que se inicia una obra, pensamos cuánto robarán los encargados de ella, jamás podremos vivir en paz y un país que no logra su tranquilidad no progresa.
Si continuamos con la desconfianza en todo, veremos siempre la brusca en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro ya que nos hemos acostumbrado a pensar en lo malo que hace los demás y no el daño que hacemos nosotros. Si, desde los gobernantes y gobernados cambiamos nuestro pensamiento, iremos hacia lo positivo y al adelanto que necesitamos para vivir mejor y dar a los panameños lo que se merecen, logrando paz y amor.
marisin@movistar.com.pa

101 años de Panamá América

 
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