Indecisiones
Luego de la desventurada incursión de Rubén Blades en el mundo de la política durante el evento electoral de 1994, lo cual representó para él una emocionante vivencia muy divorciada del mundo del espectáculo, del cine, del teatro y de la música, actividades en las que descolló obteniendo resonantes éxitos fuera y dentro del país; manifiesta nuevamente sus inquietudes políticas sin una visión clara y concreta de lo que en esta ocasión quiere, luego de un frustrado intento de crear lo que él llamó un proyecto político sustentado en un ideario pero sin una mística definida y que coadyuvado por la novicidad de su membresía y la no permanente presencia física de su creador en los momentos cruciales del debate público y del indispensable proceso proselitista, hicieron que aquel, el Papa Egoro, pasara al recuerdo.
Hoy pues, transcurrido siete años de aquella aventura política y cifrando los 54 años de edad, le vemos en escena, esbozando conceptos de ideas sobre el futuro político del país, ya no como potencial candidato presidencial como fuera en 1994, sino que quizás prematuramente, promoviendo de acuerdo a sus ideales y con un retoque de invidencia política, a la figura de Martín Torrijos, cabeza principal de un partido de funesta y triste recordación para los panameños y aparato político responsable del temporal destierro de sus padres y el cual aún hoy con una cúpula conformada por aquellas desgastadas figuras que tras bastidores le manipulan a lo interno luego de más de dos décadas, que nada bueno traerían al país, en el supuesto y remoto evento de ganar su líder el solio presidencial en el 2004. Es probable que la natural sensibilidad social de Blades y sus deseos de un mejor país para los panameños con menos pobreza y desempleo, le hagan pensar en una figura que responda a sus ideales humanitarios y pueda hacer realidad sus sanas intenciones en función de la sociedad panameña; pero es necesario primeramente, ver el entorno, es decir, revisar y evaluar el grado de confiabilidad y honestidad de los personajes que circundan el probable candidato de sus simpatías.
En tal sentido pues, Blades en sus últimas declaraciones públicas, manifiesta una clara e inocultable predilección por la figura de Martín Torrijos, sin embargo, si su interés real es el de apoyar a la solución de los apremiantes problemas sociales del país cuando se refiere a poder constituirse en "asesor ad honorum desde el gobierno", nos parece entonces que no debe si de ello se trata, pensar en una persona específica como ganadora en la próxima contienda electoral de 2004, si es que realmente desea apoyar la gestión de gobierno. Sus aseveraciones parecen ser una contradicción cuando declara que, "con 15 o 20 personas se movería para dar soluciones sin importar el partido político". Luego entonces, ¿cómo se entendería que al apoyar a Martín Torrijos, no este apoyando un partido político? ¿Y si Martín no ganará?.
Finalmente, sin querer interferir en decisiones personales, creemos, que si se quiere y se cuenta con los medios para apoyar la gestión no de un gobierno o de un hombre simplemente, si no de un país que le es propio a uno sin estar motivado políticamente ni inmerso en los avatares partidistas; sólo bastaría una acción personal, tal como lo hacen en otros países gentes con mucha solvencia económica a través de la creación y mantenimiento de fundaciones, asilos de ancianos, aldeas infantiles orfanatos, clubes sociales y deportivos, etc., y no necesariamente como simples asesores de gobiernos.
Hoy pues, transcurrido siete años de aquella aventura política y cifrando los 54 años de edad, le vemos en escena, esbozando conceptos de ideas sobre el futuro político del país, ya no como potencial candidato presidencial como fuera en 1994, sino que quizás prematuramente, promoviendo de acuerdo a sus ideales y con un retoque de invidencia política, a la figura de Martín Torrijos, cabeza principal de un partido de funesta y triste recordación para los panameños y aparato político responsable del temporal destierro de sus padres y el cual aún hoy con una cúpula conformada por aquellas desgastadas figuras que tras bastidores le manipulan a lo interno luego de más de dos décadas, que nada bueno traerían al país, en el supuesto y remoto evento de ganar su líder el solio presidencial en el 2004. Es probable que la natural sensibilidad social de Blades y sus deseos de un mejor país para los panameños con menos pobreza y desempleo, le hagan pensar en una figura que responda a sus ideales humanitarios y pueda hacer realidad sus sanas intenciones en función de la sociedad panameña; pero es necesario primeramente, ver el entorno, es decir, revisar y evaluar el grado de confiabilidad y honestidad de los personajes que circundan el probable candidato de sus simpatías.
En tal sentido pues, Blades en sus últimas declaraciones públicas, manifiesta una clara e inocultable predilección por la figura de Martín Torrijos, sin embargo, si su interés real es el de apoyar a la solución de los apremiantes problemas sociales del país cuando se refiere a poder constituirse en "asesor ad honorum desde el gobierno", nos parece entonces que no debe si de ello se trata, pensar en una persona específica como ganadora en la próxima contienda electoral de 2004, si es que realmente desea apoyar la gestión de gobierno. Sus aseveraciones parecen ser una contradicción cuando declara que, "con 15 o 20 personas se movería para dar soluciones sin importar el partido político". Luego entonces, ¿cómo se entendería que al apoyar a Martín Torrijos, no este apoyando un partido político? ¿Y si Martín no ganará?.
Finalmente, sin querer interferir en decisiones personales, creemos, que si se quiere y se cuenta con los medios para apoyar la gestión no de un gobierno o de un hombre simplemente, si no de un país que le es propio a uno sin estar motivado políticamente ni inmerso en los avatares partidistas; sólo bastaría una acción personal, tal como lo hacen en otros países gentes con mucha solvencia económica a través de la creación y mantenimiento de fundaciones, asilos de ancianos, aldeas infantiles orfanatos, clubes sociales y deportivos, etc., y no necesariamente como simples asesores de gobiernos.