Indemnizacion inmerecida
Se aproxima otro atraco a los fondos públicos que ha sido disfrazado para vender una innecesaria negociación con un sector beneficiado con incentivos y subsidios, como ningún otro grupo productivo. Desde que los militares impusieron la Cometrap y Cutsa, como prestadores del servicio de transporte público, y aislaron a las áreas perimétricas a quienes no aceptaron formar parte de esas empresas, surgió inicialmente lo que se denominó la Tercera Ruta, y al fracasar las empresas manipuladas por los del proceso, tomaron fuerza los independientes en manos de dirigentes al servicio de los militares.
Se mantuvieron como responsables de traer a la capital a centenares de asistentes a los actos de promoción de los tratados, y además al servicio de los intereses políticos del grupo gobernante. Obtuvieron toda clase de privilegios y repartieron Cupos a los comprometidos con la causa. Se transformaron en una poderosa empresa con obligaciones financieras millonarias, que jamás cumplieron a cabalidad, siendo el Banco Nacional de Panamá la víctima escogida. Repitieron el zarpazo en la administración Moscoso, que les permitió convertir el campo deportivo de la institución en un almacén de chatarra.
Hoy reclaman indemnización al tener que salir del servicio, ya que no pueden cumplir y exigen que al ser reemplazados deben ser beneficiados con un pago que hará el Estado. Si ese desembolso ocurre, me parece que no debe ser entregado directamente a los concesionarios de Cupos, sino que es necesario revisar si han cumplido con agentes financieros, si han pagado las prestaciones laborales a los conductores, si no adeudan a los proveedores de accesorios, a bancos y financieras, en fin, evitar que haya burla a los acreedores, porque una vez recibido el dinero, cobrarles será imposible.
Se trata de empresas que han explotado el servicio de transporte menospreciando al usuario. Saben que es un servicio vital y por ello ponen sus acciones como condición, para doblegar al gobierno de turno. Hay entre ellos algunos que son responsables, han educado a sus hijos trabajando personalmente el volante, han cumplido sus obligaciones y dependen de la continuación en la prestación del servicio. Un estudio serio del problema les pondría a salvo y aseguraría sus ingresos familiares. Otros perderán una forma fácil de recibir cuentas diariamente, sin exponerse a boletas, colisiones y mantenimiento del equipo. La prudencia debe ser la mejor consejera en estos momentos y para evitar el aprovechamiento de una indemnización inmerecida e innecesaria.