Independencia y libertad
CUANDO A FINES del siglo XVIII e inicios del XIX los criollos tomaron la decisión de ser independientes de la corona española, sabían que peleaban por su libertad y por la esperanza de tener un régimen político que no fuera despótico, caprichoso y antinatural como el monárquico que hasta entonces los gobernaba. Tampoco lo quisieron los españoles, quienes luchaban también por liberarse del Imperio Francés y de la corona ceñida en la angosta frente de Fernando VII.
Yo creo que los historiadores hispanoamericanos debieran reconstruir la historia de esa época, de América y de España, con una nueva mirada. El hecho que hizo que los criollos decidieran romper lazos en el momento en que España bullía por ser una monarquía constitucional, no fue un acontecimiento librado al azar, ni un mero oportunismo político. Fue un plan premeditado por la masonería, la oficialidad española y por intelectuales criollos que abrazaban la nueva ideología revolucionaria: libertad, igualdad y fraternidad. Las intrigas absolutistas y la oposición a la represión napoleónica, entre otras, hizo que en España los masones de la Corte de Cádiz fueran luego derrotados por la monarquía borbónica y con ellos el sueño de una patria grande, tan grande como Hispanoamérica pudiera haber sido de haber triunfado allá el constitucionalismo liberal gaditano de 1812.
Así, las causas y las ideas por las que luchaban españoles y criollos liberales, no fueron muy distintas, aunque tuviesen luego diferentes consecuencias. Una nueva mirada hacia la influencia masónica en la Independencia de América y de España deja muy claro las pretensiones de ambos bandos. Los peninsulares conocían perfectamente los planes y los pensamientos de los líderes criollos porque muchos fueron reclutados precisamente en Cádiz.
Las especulaciones acerca de lo acontecido en el encuentro de Guayaquil, donde los dos líderes sudamericanos, Bolívar y San Martín discutieron el modo de terminar la Guerra de la Independencia, así como la forma de gobernar a los americanos, no fue sino eso, una decisión política teñida desde la Logia a la que pertenecían. San Martín creía en un republicanismo gradual. Descreía de la capacidad del pueblo para autogobernarse y postulaba como paso previo, una monarquía constitucional parlamentaria, tal como es la de España hoy día. Su discurso de despedida ante el Congreso de Lima* lo dice claramente. Bolívar en cambio creía, como San Martín, que el pueblo no estaba preparado y que necesitaba una mano fuerte que lo gobernara bajo un republicanismo disciplinado pero autocrático**. La constitución boliviana fue ejemplo cabal de sus ideas políticas. Los acontecimientos posteriores, que terminaron con el exilio voluntario de San Martín a Francia y el destierro interior de Bolívar hasta su muerte en Santa Marta, le dieron justificadas razones a los temores de ambos.
Hoy, como una paradoja de la historia, España es una monarquía constitucional con una democracia ejemplar, mientras América es un reguero de repúblicas dependientes que no terminan de liberarse de la desigualdad, la injusticia, la corrupción, el pillaje, la pobreza, el caudillismo y la mala educación.
Poco más de un tercio*** de la población panameña tiene genes que comparte con sus aborígenes. Alrededor de un millón de panameños son amerindios. Vivimos en una sociedad englobada, donde la palabra independencia yace en el camposanto junto a los huesos de sus pobladores autóctonos que perdieron la batalla. Mientras tanto, doscientos años después, sus descendientes continúan en la dependencia, el olvido, la marginación social, fuera del mapa socioeconómico de la prosperidad y el progreso. Para ellos, desintegrados cultural, social y económicamente, la independencia no ha llegado aún y los beneficios de la libertad se limitan a una legislación aislacionista donde casi la mitad de nuestro territorio les pertenece; sólo en papel.
Mientras tanto el Canal de Panamá y la zona que lo abarca recién alcanzaron su integración real a partir del 14 de diciembre del año 1999. Con esta nueva mirada, vemos que la Nación Panameña ha obtenido su independencia en distintas etapas y con tres destinos diferentes. Uno, el de una minoría incluida al progreso del mundo desde 1821. Otro, el de los excluidos de siempre y el tercero, el de una región que apenas ha sufrido el mas leve rasguño durante la larga batalla librada por su integración y donde su administración nunca cesó de funcionar. Allí no hubo ni hay "tranques", ni huelgas, ni malestares que perturbaran su camino hacia el futuro.
Así pues, independencia no es sinónimo de libertad y democracia no es lo mismo que república. Como creo que la política es el arte de ofrecer soluciones, comprendo que entre nosotros haya quienes prefieran vivir bajo la armoniosa y progresista tutela de la administración del Canal y no del gobierno central.
América ha sido fértil en su literatura y ha dado a conocer al mundo las delicias del realismo fantástico de su historia. **** En ella todo es posible y en un futuro no lejano, al influjo de los vientos que corren, tal vez aquel deseo pueda que se cumpla y cuando las empresas multinacionales logren suplantar al Estado-Nación, entonces, desgraciadamente, tal vez terminemos siendo un apéndice del Canal de Panamá, S.A.
*Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Bartolomé Mitre, EUDEBA, 1977.Tomo III, Págs, 304 a 306.
**Carta a Daniel Florencio O"Leary (1829). Simón Bolívar. Escritos políticos. Alianza Editorial, 1990. Pág.159.
***Historia General de Panamá. 2004. Alfredo Castillero C. Panamá Prehispánico, Richard Cooke y Luis Alberto Sánchez Herrera, Tomo I, Cap. I, Pág. 3.
****El espejo enterrado, Carlos Fuentes.
(drjcal@psi.net.pa)
Yo creo que los historiadores hispanoamericanos debieran reconstruir la historia de esa época, de América y de España, con una nueva mirada. El hecho que hizo que los criollos decidieran romper lazos en el momento en que España bullía por ser una monarquía constitucional, no fue un acontecimiento librado al azar, ni un mero oportunismo político. Fue un plan premeditado por la masonería, la oficialidad española y por intelectuales criollos que abrazaban la nueva ideología revolucionaria: libertad, igualdad y fraternidad. Las intrigas absolutistas y la oposición a la represión napoleónica, entre otras, hizo que en España los masones de la Corte de Cádiz fueran luego derrotados por la monarquía borbónica y con ellos el sueño de una patria grande, tan grande como Hispanoamérica pudiera haber sido de haber triunfado allá el constitucionalismo liberal gaditano de 1812.
Así, las causas y las ideas por las que luchaban españoles y criollos liberales, no fueron muy distintas, aunque tuviesen luego diferentes consecuencias. Una nueva mirada hacia la influencia masónica en la Independencia de América y de España deja muy claro las pretensiones de ambos bandos. Los peninsulares conocían perfectamente los planes y los pensamientos de los líderes criollos porque muchos fueron reclutados precisamente en Cádiz.
Las especulaciones acerca de lo acontecido en el encuentro de Guayaquil, donde los dos líderes sudamericanos, Bolívar y San Martín discutieron el modo de terminar la Guerra de la Independencia, así como la forma de gobernar a los americanos, no fue sino eso, una decisión política teñida desde la Logia a la que pertenecían. San Martín creía en un republicanismo gradual. Descreía de la capacidad del pueblo para autogobernarse y postulaba como paso previo, una monarquía constitucional parlamentaria, tal como es la de España hoy día. Su discurso de despedida ante el Congreso de Lima* lo dice claramente. Bolívar en cambio creía, como San Martín, que el pueblo no estaba preparado y que necesitaba una mano fuerte que lo gobernara bajo un republicanismo disciplinado pero autocrático**. La constitución boliviana fue ejemplo cabal de sus ideas políticas. Los acontecimientos posteriores, que terminaron con el exilio voluntario de San Martín a Francia y el destierro interior de Bolívar hasta su muerte en Santa Marta, le dieron justificadas razones a los temores de ambos.
Hoy, como una paradoja de la historia, España es una monarquía constitucional con una democracia ejemplar, mientras América es un reguero de repúblicas dependientes que no terminan de liberarse de la desigualdad, la injusticia, la corrupción, el pillaje, la pobreza, el caudillismo y la mala educación.
Poco más de un tercio*** de la población panameña tiene genes que comparte con sus aborígenes. Alrededor de un millón de panameños son amerindios. Vivimos en una sociedad englobada, donde la palabra independencia yace en el camposanto junto a los huesos de sus pobladores autóctonos que perdieron la batalla. Mientras tanto, doscientos años después, sus descendientes continúan en la dependencia, el olvido, la marginación social, fuera del mapa socioeconómico de la prosperidad y el progreso. Para ellos, desintegrados cultural, social y económicamente, la independencia no ha llegado aún y los beneficios de la libertad se limitan a una legislación aislacionista donde casi la mitad de nuestro territorio les pertenece; sólo en papel.
Mientras tanto el Canal de Panamá y la zona que lo abarca recién alcanzaron su integración real a partir del 14 de diciembre del año 1999. Con esta nueva mirada, vemos que la Nación Panameña ha obtenido su independencia en distintas etapas y con tres destinos diferentes. Uno, el de una minoría incluida al progreso del mundo desde 1821. Otro, el de los excluidos de siempre y el tercero, el de una región que apenas ha sufrido el mas leve rasguño durante la larga batalla librada por su integración y donde su administración nunca cesó de funcionar. Allí no hubo ni hay "tranques", ni huelgas, ni malestares que perturbaran su camino hacia el futuro.
Así pues, independencia no es sinónimo de libertad y democracia no es lo mismo que república. Como creo que la política es el arte de ofrecer soluciones, comprendo que entre nosotros haya quienes prefieran vivir bajo la armoniosa y progresista tutela de la administración del Canal y no del gobierno central.
América ha sido fértil en su literatura y ha dado a conocer al mundo las delicias del realismo fantástico de su historia. **** En ella todo es posible y en un futuro no lejano, al influjo de los vientos que corren, tal vez aquel deseo pueda que se cumpla y cuando las empresas multinacionales logren suplantar al Estado-Nación, entonces, desgraciadamente, tal vez terminemos siendo un apéndice del Canal de Panamá, S.A.
*Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana. Bartolomé Mitre, EUDEBA, 1977.Tomo III, Págs, 304 a 306.
**Carta a Daniel Florencio O"Leary (1829). Simón Bolívar. Escritos políticos. Alianza Editorial, 1990. Pág.159.
***Historia General de Panamá. 2004. Alfredo Castillero C. Panamá Prehispánico, Richard Cooke y Luis Alberto Sánchez Herrera, Tomo I, Cap. I, Pág. 3.
****El espejo enterrado, Carlos Fuentes.
(drjcal@psi.net.pa)