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Independientes: ¡Hagamos valer nuestro derecho!


Primera premisa: La mitad de los electores no pertenecemos a ningún partido político. Segunda premisa: La otra mitad está inscrita en los ocho partidos reconocidos; pero, en conjunto, a sus elecciones primarias sólo concurrió la mitad de ellos. Conclusión: el 75% de los electores no está firmemente comprometido con ninguna de las actuales opciones presidenciales.

Nuestros políticos se distinguen por sus largas hibernaciones, entre elección y elección; pero, contrario a la indolencia que exhiben durante esos años, cuando se avecina la campaña electoral, se convierten en frenéticos cazadores de votos y exhiben un desbordante ingenio para tratar de engatusar al electorado independiente.

Guillermo Endara es un caso aparte. El ya demostró que podía captar un importante sector de los votantes no pertenecientes a partidos. Los otros tres aspirantes, sabedores de que "la membresía" agrupada bajo sus respectivas toldas no les garantiza cumplir sus ambiciones electorales, como era de esperar, han comenzado a tratar seducir al voto independiente, especialmente el de los votantes menores de treinta años, que fueron decisivos para inclinar la balanza a favor de Torrijos, en las pasadas elecciones.

Creo firmemente que los votantes que no pertenecemos a ningún partido podemos decidir quién será el próximo presidente y también influir para que la Asamblea deje de ser la caricatura de parlamento que ahora tenemos. E, igual pasaría con las alcaldías y representaciones de corregimiento. Pero, para que eso pueda ocurrir, los independientes debemos estar decididos a asumir el papel que nos corresponde y que, al nivel presidencial, no es, ni debe continuar siendo, el de ser prisioneros de los candidatos de la partidocracia, que da por sentado que los independientes, nos guste o no, estamos obligados a escoger a uno de ellos.

Para ser consecuentes y firmes en nuestra posición de independientes, lo primero que debemos exigir es que existan alternativas diferentes a las que ofrecen los partidos; pero no sólo hasta el nivel de diputados sino a todos los niveles, incluida la presidencia de la república. Es absolutamente inconstitucional que sólo los partidos políticos puedan postular candidatos a la presidencia.

Actualmente existen ocho partidos y sus adherentes, todos juntos son menos que los electores que no pertenecemos a ningún partido. Sin embargo, cada uno de ellos tiene derecho a postular un candidato o candidata a la presidencia. Pero a los electores independientes, aunque seamos más que la membresía de todos los partidos, de plano, y, antidemocráticamente, se nos niega ese derecho.

El artículo 233 del Código del Electoral, que otorga a los partidos el derecho exclusivo a las postulaciones presidenciales, debe ser derogado. Y a los candidatos que ahora sueñan con el voto independiente, debemos exigirles, antes que discursos zalameros y expresiones de independencia, el compromiso de apoyar la eliminación de ese privilegio, que cercena toda posibilidad de que en Panamá tengamos una verdadera democracia.

Y, en cuanto a diputados, alcaldes, concejales y representantes, debemos exigirles que apoyen las reformas necesarias para que la competencia electoral pueda darse en condiciones equitativas, sin ventajas ni favoritismos para los candidatos de los partidos.

101 años de Panamá América

 
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