Indicios de sensatez
Arquitecto
Hace más de una semana se anunció que el Consejo de Gabinete de la fecha había decidido estudiar una alianza estratégica entre el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales y la Autoridad del Canal de Panamá. El asunto - que en realidad debiera verse como un trabajo mancomunado entre los dos mayores usuarios del recurso hídrico local - contempla el empleo de la planta potabilizadora de Miraflores hasta cuando la de Chilibre sea reformada adecuadamente, y así hacerle frente a la creciente demanda que genera el área de servicio para la cual fue concebida hace más de 20 años.
La noticia me produjo gran satisfacción, pues he repetido muchas veces que, tanto el país como el Canal, aún no se han ajustado a los deberes que esta nueva relación demanda mutuamente, como tampoco han percibido el beneficio agregado que ambos pudieran obtener si se complementaran de manera armónica dentro de un gran esquema nacional de desarrollo.
Por tal motivo resultó difícil aceptar en su momento la adjudicación del ferrocarril a una empresa extranjera, cerrando la posibilidad para que formara parte de un proyecto general de transporte dentro de la ACP, pues dicha operación - lógica opción de trasiego secundario durante los meses de un Niño prolongado, o para no perder la ruta de aquellos barcos que tengan que llegar a aguas panameñas con poca carga por limitaciones de calado dentro del lago Gatún - complementaría adecuadamente los servicios que la vía brinda hoy al comercio marítimo mundial.
De igual forma se pudiera enfocar a futuro el empleo del oleoducto transístmico. Esta extraordinaria estructura - asunto que produjo mucho dinero al tesoro panameño y que en la actualidad se encuentra ociosa y esperando que decidamos integrarla dentro de un esquema de tránsito que considere al país entero - inyectaría ese necesario empuje socioeconómico que demanda el occidente nacional, particularmente las hoy maltrechas regiones de Chiriquí Grande y Puerto Armuelles.
De llegarse a reactivar el bombeo de crudo por suelo istmeño - teniendo en cuenta, por supuesto, que los encargados de la materia hicieran bien su tarea para mercadear el asunto con los productores de petróleo dentro de su radio de influencia - estaría el Canal poniendo a disposición esos 1,300 tránsitos que emplean hoy día los buques cisterna para ofertar, aún más, la vía interoceánica al creciente mercado de granos y contenedores.
Si bien es cierto que los nuevos administradores de los puertos panameños han logrado en corto tiempo convertirse en la principal estructura de este negocio en América Latina, bien pudiera el Gobierno instruir a la ACP para que todo el material de dragados y cortes que generan constantemente se utilicen para construir un muelle tipo PTP (Pure Transhiptment Port) en un punto marino del Pacífico cercano a Veracruz. Esta localización - que cuenta con profundidad suficiente todo el tiempo para atender esos buques que sobrepasan los estándares de tamaño y calado que permite el Canal - se encuentra a muy corta distancia del insuperable potencial intermodal que existe en Howard, Rodman y Kobbe.
El tema es de nunca acabar, y mejorará sustancialmente sus frutos cuando la relación entre el Canal y el país se llegue a entender como un asunto que funcione en ambas direcciones y no orientado, únicamente, en cruzar barcos de un mar al otro.
Para concluir, y en vista de que pronto se celebrará la licitación para los trabajos del nuevo puente y sus accesos, reitero mis observaciones sobre la pésima ubicación que pretenden darle a esta vital estructura, asunto que de continuar en el sitio donde intentan construirla violará dos leyes nacionales, desperdiciará la posibilidad de un desarrollo coherente en las áreas revertidas al sur, al igual que poco aportará al bienestar que se merecen más de un millón de personas que habitan en el sector metropolitano de la ciudad de Panamá. (rbermudez@cableonda.net)