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¿Indultada?


No es que sea ingrata pero confieso que me dio risa cuando supe que la presidenta Mireya Moscoso había incluido mi nombre en la lista de los indultados. Agradezco la risa porque las carcajadas son saludables debido a que sacuden y ventilan los pulmones, pero nada tengo que agradecer por el indulto.
No había razón para que se me indultara ya que, en la demanda por calumnia e injuria que la procuradora perredista Alma Montenegro de Fletcher interpuso contra mí, fui sobreseída el 11 de abril del 2001 por la jueza penal Ileana Turner. Lamentablemente, no así ocurrió con mis compañeros en la demanda injusta, los periodistas Marcelino Rodríguez y Michelle Lescure, quienes fueron sometidos a un via crucis judicial.
Debo admitir que después de ser sobreseída, sospeché que la demanda contra mí no había muerto. Quien conoce las malas mañas de la dictadura de los militares y sus socios civiles, sabe que en los 21 años que duró aquella tiranía, las cuentas nunca quedaban canceladas a menos de que el perseguido diera una vuelta política de 180 grados, apareciendo como repentino convencido de las bondades del dictador de turno. Para los inclaudicables como mi amigo Miguel Antonio Bernal -ciudadanos con columna vertebral de acero y enorme integridad política- una demanda se mantenía engavetada para renovar la persecución cuando mejor les convenía al mandamás de turno y sus amigotes.
Después de reírme de mi "indulto", me dediqué a estudiar en la lista de los indultados a los nombres de los periodistas y escritores que allí aparecían. Observé inmediatamente la ausencia del nombre de Gustavo Gorriti, perseguido porque luchó contra la corrupción que, entronizada en Panamá, tiene raíces internacionales. Me dije: "No le perdonan que haya dejado en Panamá los frutos de su empeño, jóvenes formados en el periodismo investigativo". Igualmente noté que faltaba el nombre del periodista Okke Ornstein, conocido y demandado por sus empeños hoy día.
Luego observé algo extraño. Muchos periodistas y escritores hay en la lista de indultados, todos acosados y demandados por su lucha contra la corrupción. Pero no he visto que los acusados por esos periodistas hayan sido investigado por el procurador José Antonio Sossa. Además, conocido es que Sossa ha sido uno de los funcionarios que más demandas por calumnia e injuria ha interpuesto contra quienes intervienen en los medios de comunicación pública.
Me invadió una ola de tristeza al acordarme de los periodistas y escritores que en este país han sufrido la más feroz persecución en el justo desempeño de sus responsabilidades. Algunos, como Louis Martinz, Carmen de la Lastra y Leopoldo Aragón, han muerto. Otros, los que están en la lista de indultados y los grandes ausentes como Gustavo Gorriti, han sido vejados, exiliados, enjuiciados, condenados a la cárcel o sentenciados a pasar penurias económicas injustamente. Nadie los resarcirá por lo sufrido.
Ciertamente, el tener hambre y sed de justicia en Panamá conlleva un castigo muy grande. Las organizaciones internacionales que tratan de proteger a los periodistas y escritores injustamente perseguidos tienen una larga lista de los panameños a quienes mandatarios y amigotes corrompidos han puesto en la picota.
No es que sea ingrata, pero confieso que hubiera preferido que me dejaran sin "indultar", expuesta a las zarpadas de quienes sirven a los corruptos. Hubiera sido un gran honor que mi nombre, aunque inmerecidamente, apareciera entre los perseguidos por tener el valor de decir la verdad en este país.

101 años de Panamá América

 
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