Inequidad sanitaria
Por diversas causas estructurales, provenientes de la inequidad socioeconómica que caracteriza al país, dos quintos de la población es históricamente pobre, situación que aumenta diariamente medida según el consumo, por la inflación y el aumento de precio de los alimentos.
Esa inequidad es más evidente en la salud por la enorme brecha sanitaria entre los panameños, con grandes conglomerados de población que no tiene garantizada una apropiada nutrición (ni un plato de arroz) o una aspirina para mejorar las dolencias, y que se acrecienta en áreas rurales e indígenas de extrema pobreza.
En salud pública hay insuperables carencias, como la insuficiencia de recursos asignados para promoverla y garantizarla; el desabastecimiento de medicamentos e insumos, la insuficiencia de personal en especialidades médicas; notoria mora quirúrgica; la falta de suficiente mantenimiento de la infraestructura hospitalaria, que en muchos casos tiene más de medio siglo de existencia; déficit en agua y saneamiento.
A eso se le suma el precario equilibrio operativo de la seguridad social (tras 4 años de déficit), con un programa de pensiones que no muestra indicios de recuperarse, con largas filas en la madrugada en la búsqueda de una cita de atención, el chantaje de paros que atentan contra la salud de millones de personas sin fortuna, y que, cuando se hace efectivo, aumenta la inequidad en la asignación de los limitados fondos públicos por disminuir los recursos disponibles para atender a los indigentes. Todo ocurre en un país donde son limitados los recursos estatales para mitigar la pobreza, donde numerosos programas se restringen a los extremadamente pobres, por la insuficiencia de recursos para universalizarlos a todos los pobres.
Hay que priorizar las intervenciones en promoción, prevención y control de la salud, para disminuir la incidencia de enfermedades crónicas degenerativas y disminuir la carga financiera de atención de los niveles terceros y especializados que son muy costosos; fortalecer y articular la red primaria de atención y hacerla sinérgica; montar un oportuno sistema de vigilancia epidemiológico; fortalecer el control de vectores y el control ambiental; aumentar las campañas de inmunización y para cambiar los estilos de vida; endurecer los controles del paso de personas y mercancías internacionales, mejorar la dotación de agua y saneamiento.