default

Inestabilidad social y delincuencia


Los intereses siempre determinan la conformación de bandos sociales, actitudes decisivas y hasta la indiferencia con que algunos miran las manifestaciones de descomposición social. Por estos días la sociedad sigue angustiada por la ola de crímenes y acciones violentas por las que transita el país. Solo aquellos que no poseen en sus manos capacidad de decisiones podrían excusarse de no tomar medidas efectivas para detener un flagelo que ya pasa de más de 500 asesinatos en lo que va del año, según cifras oficiales.

Cada vez que estas situaciones se han presentado arrastran manifestaciones de descomposición social, que representan un reto para cualquier sistema, y que por experiencia histórica, parecen determinar quien ha sido capaz y quien no de resolverlos. Pero nada pasaría si todo terminara así. El problema de fondo es que en la medida en que se acentúa la delincuencia, la violencia espontánea o el crimen organizado, no faltará quienes traten de sugerir que es la evidencia de que aquellos que apostamos a favor de una sociedad que pusiera en segundo plano a la fuerza militar, somos los que hemos fracasado. Así fue a finales de los años sesenta del siglo pasado, cuando las acciones militares en Perú, Panamá, Bolivia, Argentina, Chile y el resto de la región fueran reemplazando a los civiles en el mando social. Salvo los actores, no hay nada nuevo en lo que está pasando, y ojalá su salida no nos resulte una vieja conocida.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América