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Infancia y medios de comunicación


Los niños pasan delante del televisor más tiempo que en la escuela, los juegos y con su familia juntos. Parte del futuro de las generaciones que vienen depende de las imágenes que reciben. Por eso es tan importante cuidar los contenidos que transmiten los medios de comunicación a los más jóvenes. Los profesionales de la industria global de los medios, investigadores y educadores de los cinco continentes, analizarán la producción para niños y adolescentes en Río de Janeiro (Brasil), del 19 al 23 de abril. Esta IV Cumbre Mundial pretende involucrar a todo el sector para convertir en acciones y políticas concretas los compromisos obtenidos del debate.
"A las audiencias hoy no las podemos concebir como simples grupos de consumidores o espectadores de los medios, sino como lugares donde se construyen identidades, se producen cultura, memoria y significados colectivos, se generan nuevas ideas, y se crean estilos de vida". Así lo afirma Maritza López de la Roche, investigadora de la Universidad del Valle, Colombia.
Es necesaria la atención específica, en su calidad de audiencias, a determinados grupos étnicos, los niños, los jóvenes y otros que pueden ser calificados como "vulnerables". No se trata sólo de proteger a los más jóvenes frente al posible daño de la televisión, sino de educar en ellos una mirada crítica. Que puedan cuestionar los valores divulgados por los medios, orientados generalmente hacia el consumo.
En la búsqueda de "mejores escenarios para el uso de la televisión" por los niños y los jóvenes, la investigadora colombiana propone el ideal de ciudadanía cultural, el derecho de las personas a tener un abanico de bienes culturales entre los que poder elegir. Que los niños no tengan que reducirse a los dibujos animados japoneses y a los norteamericanos, ni a las telenovelas y los reality shows transnacionalizados. Algunas legislaciones sobre los medios de países industrializados reclaman la defensa de sus tradiciones históricas y culturales, pero son muchos más los países donde sus señas de identidad se ven desplazadas por la importación de narrativas, memorias y sueños fabricados por las grandes empresas globales.
Además de cuidar si los programas contienen sexo y violencia, deberíamos preocuparnos por la pobreza educativa de la oferta televisiva, o la incapacidad de los informativos para dar cuenta de la complejidad de los hechos. Los niños y los jóvenes se beneficiarían de magazines informativos sobre temas actuales elaborados con estéticas conforme a sus gustos y edades, y con propuestas innovadoras en la forma y el contenido.
Los asesores especializados en niñez y juventud formulan recomendaciones sobre las políticas y contenidos de las televisiones.
Es importante el intercambio sobre buenas experiencias y la evaluación de las programaciones dirigidas a los más pequeños. Los expertos también aconsejan programas escolares de "educación para los medios" como una manera de desarrollar habilidades de comprensión en los niños y generar una actitud selectiva frente al bombardeo de programas que les llega.
Por su parte, las empresas de televisión han de cuidar sus audiencias más jóvenes porque son grupos que están formando sus identidades y valores, moldeando sus aspiraciones para la vida individual y colectiva, y en buena medida marcando su salud mental y bienestar emocional. Y claro está, el ámbito decisivo donde todo puede cambiarse es en la familia. Con una sana relación de afectos y juegos que los padres no pueden descuidar, se puede encontrar la proporción adecuada de tiempo ante el televisor.
La primera Cumbre Mundial de Medios para la Infancia se celebró en 1995, en Melbourne, Australia. Luego se realizó en Londres (1998) y en Tesalónica (2001). La próxima, en Brasil, se presenta como nueva oportunidad para el encuentro de experiencias, y el diseño de políticas de comunicación adecuadas para las audiencias infantiles y juveniles.
(mjatienzar@tsai.es)
(Centro de Colaboraciones Solidarias)

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