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Infidelidad masculina


La redacción del diario "El Panamá América", publicó 6 de noviembre, un artículo titulado "Descubre por qué los hombres son infieles", presentando a las mujeres como víctimas de ese problema, pasando por alto, convenientemente, el hecho obvio de que ningún hombre infiel, lo hace sin la ávida y entusiasta participación de una mujer, en muchos casos, casada y cayendo en la campaña feminista de querer minimizar al hombre, rechazar muchos de sus cualidades inherentes e ir en contra de todas las manifestaciones de la masculinidad.
La infidelidad se da tanto en hombres como en mujeres. El problema de infidelidad es grande y serio y plantea, en muchos casos, un grave problema de inadaptación sexual.
Gran cantidad de hombres que son infieles a su pareja le dirán que aman a su esposa y hubieran preferido encontrar una forma de estar contentos con ella. Para entender el problema de infidelidad desde el punto de vista masculino, las mujeres deben saber que el arma más efectiva que poseen para garantizar la lealtad sexual de sus esposos es mantener su tensión sexual al nivel más bajo posible. Si el esposo encuentra satisfacción constante en su hogar, será muy improbable, y fisiológicamente sería incapaz de encontrarlo en otro lado.
Si las mujeres sinceramente esperan que sus esposos reciban de ellas exclusivamente su satisfacción sexual, parece justo entonces que se entreguen sexualmente como prometieron. Tienen que honrar tanto el espíritu como la letra de la parte sexual del acuerdo matrimonial.
Luego del matrimonio, la pareja acuerda restringir toda su actividad sexual entre ellos. La esposa otorga al esposo monopolio total sobre sus servicios sexuales y éste en cambio dedica toda su producción sexual a su esposa.
Pero se han dado muchos casos donde la actividad sexual entre parejas es eliminada como una expresión de amor y se convierte en una comodidad o un trueque, donde los privilegios sexuales del hombre son suspendidos o revocados por represalias de su indignada mujer al no ser complacida de una u otra forma.
Pero traficar con sentimientos humanos es un negocio arriesgado y la mujer que se presta para ese tipo de juego corre el riesgo de que su esposo en represalia, lleve su actividad sexual a otro lado; además, al tratar la actividad sexual de forma mecánica, lo convierte en algo mecánico y el desempleo sexual también sufre. La mujer que apaga sus sentimientos sexuales para controlar al esposo, puede encontrar dificultad para encenderse nuevamente cuando así lo desea.
Entre más se acumula la hormona sexual masculina (testosterona), más intenso es su impulso sexual y sin un descargo o alivio sexual, el resultado para el hombre es una incomodidad física apreciable; y allí yace una de las grandes diferencias sexuales entre el hombre y la mujer. La falta de actividad sexual en el hombre produce, con frecuencia, erecciones involuntarias, a veces bajo circunstancias embarazosas. Produce además una pesadez y dolores agudos en los testículos; y luego de períodos extendidos, inflamación de la glándula prostática.
La excitación sexual en el hombre, si no llega a la eyaculación, puede ser intensamente doloroso. En pocas palabras, el excitamiento sexual del hombre es mucho más urgente y obligatorio que el de las mujeres. Cuando él está intensamente excitado, es cuestión de ahora o sufra. En tales circunstancias, la mujer es el centro de su mundo y él le prometerá lo que sea, el mundo inclusive, y si ella insiste, él se lo consigue.
Luego del acto sexual donde el hombre ha vuelto a la normalidad, si ella le pide un cigarrillo, él quizás sea muy indiferente para pararse y buscárselo de la cómoda.
Por otro lado, la menstruación es un evento normal en la vida de toda mujer y lejos de ser una maldición, es señal de buena salud. Tanto la mujer como el hombre deben decidir sobre las relaciones sexuales durante este período para no condenar a la mujer por una quinta parte de su vida a la abstinencia sexual ni permitir al esposo, hambriento sexualmente, vagar sin rumbo por las calles.

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