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Informe del Banco Mundial


En algún medio radiofónico han estado leyendo extractos del informe del Banco Mundial para el año 2000. Sus conclusiones son espeluznantes ante el aumento de la pobreza y la desigualdad en la distribución de las riquezas. En pocas palabras el nuevo modelo económico ha hecho más ricos a los ricos y más pobres a los pobres.
Este fenómeno no es nada nuevo pues algún estudio hecho por ciudadanos de diversos países así lo han venido demostrando, pero como los analistas han sido ciudadanos de países pobres, nadie les ha hecho caso. Caso patético fue el "Mea culpa" del representante de Nigeria ante las Naciones Unidas quien dijo que él votó a favor de la globalización cuando este asunto se trató en la comisión respectiva, porque la forma como fue expuesto por los técnicos del organismo no dejaban dudas de que sería beneficioso para la humanidad, pero ahora mismo no le cabe duda que se equivocó.
Esta circunstancia viene a probar que los organismos internacionales, primero que -todos trabajan por el bienestar de las grandes potencias-, se dan el lujo de incumplir con los compromisos adquiridos (Caso de los subsidios al sector agropecuario). Para no cumplir, por ejemplo, Estados Unidos aplica su criterio de seguridad nacional, prácticas zootécnicas exageradas, subsidios exagerados al sector agrícola, represalias económicas contra quien le pone freno a sus exportaciones. Casi iguales medidas toma la Unión Europea (caso del banano).
Si algunos de estos grupos afecta al otro, no pasan de formar un alboroto por los medios de comunicación. Me recuerdan de cuando yo era chiquillo se formaba una discusión agria entre dos "pelaos". Llegaba un árbitro, ponía una mano extendida entre los dos contrincantes y decía: "el que pega primero (a la mano extendida), pega dos veces", y allí terminaba el asunto.
Dentro de los países subdesarrollados a Panamá le cuesta más que a cualquiera adaptarse al nuevo sistema globalizado, porque con el cuento de que somos un país de servicio lo único que entendemos es de importar y muy poco de exportar. Amén que nuestros costos de producción siempre han sido muy altos, lo cual nos saca de competencia en el mercado exterior. Por lo tanto, cuando se genera una disputa entre importar o forzar a consumir lo nacional, gana la importación. Sin embargo, resulta que la importación no le trae ningún beneficio al pueblo, porque el diferencial de precio se lo traga el comerciante importador. Caso reciente lo tenemos con la carne cuando ACOVIPA con todo sus millones prácticamente "botó" al ingeniero Posse del MIDA para que los importadores pudieran traer carne de Nicaragua. Esta es de vaca y aquí se vende como carne de novillo al mismo precio que antes de la disputa, pero al ganadero le "tumbaron" cinco centésimos la libra en pie.
Siguiendo con las conclusiones del estudio del Banco Mundial, ellos propugnaron la privatización de los servicios públicos de cuyo funcionamiento todos nos quejábamos. ¡Tremenda equivocación! los servicios no han mejorado, pero los costos para el usuario sí han aumentado, lo cual nos hace perder liquidez. No quiero poner en duda que el monto de las inversiones que han hecho sean ciertas, pero éstas en su gran mayoría requieren de importaciones, por lo que los beneficios para el país no son tantos como dicen.
Transcurrido un tiempo de las privatizaciones éstas se pueden analizar un poco mejor y yo opino que el problema del gobierno, al manejar los servicios públicos, era que al presupuesto nacional se le asignaba una partida fija que si mal no recuerdo, para el IRHE era de quinientos millones de dólares y para el INTEL de doscientos millones. Sin ser un genio financiero ahora es fácil deducir que estas cantidades dejaban a estas instituciones sin reservas para incrementar o mejorar los servicios. Por lo tanto, hubiese sido mejor que nos hubiesen forzado a sólo pasar al Estado un porcentaje de las ganancias y el resto mantenerlo en una reserva, para mejoramiento. Para lograrlo sólo tenían que amenazar con no otorgar blandos, al igual que lo hicieron para forzarnos a privatizar.
Pero entonces los países se hubieran perdido de comer un buen pastel.

101 años de Panamá América

 
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