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Ingeniería de Estado II


Esperando haber solventado algunas dudas sobre lo que, a términos generales, involucra la "Reingeniería de Estado", me centraré en enfatizar el por qué de mi planteamiento sobre la necesaria puesta en marcha de un proceso de "Ingeniería de Estado" en nuestro país.
Observando el acontecer actual de la nación, cualquier ciudadano o ciudadana puede concluir que las cosas no marchan a buen paso; es más, la primera plana del diario El Panamá América del 12 de agosto, nos demostró esta realidad con el interesante resultado de una encuesta de CID/Gallup Panamá: "La mayoría de los panameños encuestados -un 84%- considera que el país no marcha bien, que no va por buen camino". Esta conclusión deja más en evidencia lo que muchos han plasmado por años -y a ellos me sumo-, "es necesario construir un nuevo país".
La decadencia generalizada que sufre Panamá nace de su deterioro social, o sea, su detrimento como sociedad. Esta situación se debe a muchos factores, todos de gran importancia; no obstante, los mismos no forman parte fundamental de nuestro tema, sin embargo, bien podrían ser evaluados por expertos sociólogos, a fin de coadyuvar a la consecución del más importante paso antes de iniciar un proceso de ingeniería estatal, "el reconocer y entender la realidad que se quiere cambiar".
La pasada encuesta publicada en El Panamá América nos muestra que nuestro país se encamina a reconocer su realidad, su necesidad de enrumbarse hacia mejores días; mas, la pregunta que cabe es, ¿por qué un proceso de Ingeniería de Estado es la respuesta a lo ya plasmado? Sencillo, la sociedad, junto con todos sus variados y graves problemas, se sostiene de un deteriorado aparato administrativo -su "modelo de Estado"-, el cual está sucumbiendo desde sus cimientos. Este precedente alimenta la necesidad de tejer un nuevo país, un nuevo sistema de Estado; y eso se llama Ingeniería de Estado.
¿Y cómo se llevaría adelante este proceso en Panamá? Habiendo el país reconocido su realidad y decidido optar por el cambio, no hay mejor mecanismo que el de un proceso constituyente, el cual haría lo que su nombre indica, "constituir el nuevo Estado panameño". El primer resultado sería la redacción y aprobación, a través de referéndum, de una nueva Constitución Política, la cual debe responder a las prioridades nacionales que brinden la oportunidad de forjar un país decente y pujante, en fin, que responda al tan prioritario renacimiento de nuestra nación.
No obstante, reconocemos que sobran los que aseguran que una nueva Constitución no es la solución de nuestros problemas. Nadie en su sano juicio pensaría semejante cosa, la solución de nuestros problemas depende de los poco o mucho que todos estemos dispuestos a hacer por lograr este objetivo, pero el logro de una nueva Constitución es un paso fundamental en esa dirección, ya que una Constitución es la carta política que constituye el Estado, y si ésta da cabida a un Estado ineficiente, decadente, retrógrado, antidemocrático y presidencialista, como evidentemente es el nuestro, nada bueno se puede esperar, por más que se quiera o que se desee.
La nueva Constitución, fruto de un proceso constituyente ampliamente participativo, consulto y democrático, dará paso a la construcción del nuevo Panamá que los panameños y panameñas, en medio de nuestros defectos como sociedad, deseamos. Esa nueva Constitución debe hacernos partícipes de una misión y de una visión como Nación, como Estado y como sociedad.
Ahora, lo que sí es muy cierto, es que la aprobación de una nueva Constitución es sólo el primer paso de la construcción de un nuevo país. A partir de ella, se debe iniciar el ordenamiento legal de la nación; es decir, la composición de las normas que habrán de regir la vida del todo nuevo Estado panameño. El proceso involucraría olvidarnos de nuestros códigos, leyes y demás normas vigentes, con esto quiero decir que no se debe trabajar en base a ellas, esto desvirtuaría el proceso de ingeniería. Nuestro "pasado legal" puede funcionarnos de referencia, nada más, ya que es importante que la sociedad no vaya a presuponer que el proceso constituyente ha sido un engaño. Es necesario que todo sea legislado desde cero, partiendo de las premisas contenidas en la nueva Constitución y tomando como bandera las prioridades nacionales. Así, el proceso de Ingeniería de Estado obligaría el legislar en un todo nuevo sistema educativo que garantice no sólo desarrollo académico, sino el rescate de los valores que constituirían una nueva sociedad panameña a corto plazo. Esto para dar un solo ejemplo de lo mucho que se tendría que hacer, tomando en cuenta la amplitud de sectores que componen una sociedad moderna: salud, seguridad social, administración pública, transporte, economía, participación ciudadana, etc.
Se puede ampliar más sobre el tema, pero lo dejamos hasta aquí, mientras esperamos los comentarios de quienes han dedicado tiempo a compartir estas líneas, que no buscan más que aportar al logro de un nuevo Panamá para todos.
La primera entrega de este artículo se publicó el pasado 28 de agosto.
(augusto2312@hotmail.com)

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