Inglés, idioma universal
Mientras en China, Ucrania y Vietnam muy pocos discuten la necesidad de aprender inglés, la lengua franca del comercio y la diplomacia de los nuevos tiempos, en Panamá, a propósito de la consulta de un proyecto de ley que propone que, entre otros, se permita usar el inglés en la inscripción de empresas y otros actos mercantiles en el Registro Público, han surgido voces discrepantes de sectores que han desviado la discusión como si estuviera en juego la soberanía o la identidad nacional, que no es el caso. La Academia de Lengua de Panamá ha manifestado su rechazo al proyecto de ley en nombre de la dignidad del español. Los traductores protestan porque el proyecto lesiona sus posibilidades de ingresos.
No creemos sea válido invocar la protección del nacionalismo cultural e idiomático, para sumirnos voluntariamente en el aislacionismo. Al margen de los artículos del proyecto de ley, que como ya hemos reconocido requiere modificaciones, hay que salirle al paso a la nociva tendencia que, ya se trate de textos escolares, o de la utilización del inglés en contratos y documentos comerciales, pretende que Panamá cierre sus puertas a la apertura de la cultura contemporánea y el comercio internacional.
El castellano es el idioma oficial por disposición constitucional y no se regatea su jerarquía. Pero el inglés es la herramienta de comunicación de la economía, el comercio, la tecnología, la diplomacia, el entretenimiento, el deporte y debemos intensificar su enseñanza en el sistema educativo, en el sistema laboral y en otros aspectos, para recuperar el tiempo que perdimos de no aprovecharlo cuando los norteamericanos convivieron en Panamá. Por muy nacionalistas o antiimperialistas que se sientan algunas personas, lo cierto es que su rechazo del inglés corresponde a una intransigencia cultural semejante a la de los municipios de Florida y California que se oponen a la enseñanza del castellano en los colegios, a pesar de la presencia humana y comercial de la comunidad hispanoamericana, allí y en otros estados de la unión americana.
Por supuesto que convenimos en que un pacto social inscrito en inglés debe tener su traducción oficial al lado. Pero mentalmente debemos prepararnos a la difusión de otras lenguas en nuestro país, sin mengua del español. En el siglo XIX el francés alcanzó apogeo en la cultura y en la diplomacia. En el siglo XX el inglés no sólo ha alcanzado difusión internacional, sino que ha transferido numerosas palabras a otras lenguas que las adaptaron por su valor instrumental y las usamos a diario. Fútbol, basquetbol, computadoras, líder, reportero, son algunas palabras de un largo repertorio idiomático que se incrementa incesantemente.
Mañana, dependiendo de los giros mundiales, sabe Dios qué otras lenguas se diseminarán por los circuitos mundiales de comunicación. Debemos prepararnos para aprenderlas, porque como centro del comercio y los servicios, Panamá, como lo profetizó Simón Bolívar, debe sincronizarse con el mundo y no enclaustrarse en las cárceles mentales del seudonacionalismo.
(augusto2312@hotmail.com)
No creemos sea válido invocar la protección del nacionalismo cultural e idiomático, para sumirnos voluntariamente en el aislacionismo. Al margen de los artículos del proyecto de ley, que como ya hemos reconocido requiere modificaciones, hay que salirle al paso a la nociva tendencia que, ya se trate de textos escolares, o de la utilización del inglés en contratos y documentos comerciales, pretende que Panamá cierre sus puertas a la apertura de la cultura contemporánea y el comercio internacional.
El castellano es el idioma oficial por disposición constitucional y no se regatea su jerarquía. Pero el inglés es la herramienta de comunicación de la economía, el comercio, la tecnología, la diplomacia, el entretenimiento, el deporte y debemos intensificar su enseñanza en el sistema educativo, en el sistema laboral y en otros aspectos, para recuperar el tiempo que perdimos de no aprovecharlo cuando los norteamericanos convivieron en Panamá. Por muy nacionalistas o antiimperialistas que se sientan algunas personas, lo cierto es que su rechazo del inglés corresponde a una intransigencia cultural semejante a la de los municipios de Florida y California que se oponen a la enseñanza del castellano en los colegios, a pesar de la presencia humana y comercial de la comunidad hispanoamericana, allí y en otros estados de la unión americana.
Por supuesto que convenimos en que un pacto social inscrito en inglés debe tener su traducción oficial al lado. Pero mentalmente debemos prepararnos a la difusión de otras lenguas en nuestro país, sin mengua del español. En el siglo XIX el francés alcanzó apogeo en la cultura y en la diplomacia. En el siglo XX el inglés no sólo ha alcanzado difusión internacional, sino que ha transferido numerosas palabras a otras lenguas que las adaptaron por su valor instrumental y las usamos a diario. Fútbol, basquetbol, computadoras, líder, reportero, son algunas palabras de un largo repertorio idiomático que se incrementa incesantemente.
Mañana, dependiendo de los giros mundiales, sabe Dios qué otras lenguas se diseminarán por los circuitos mundiales de comunicación. Debemos prepararnos para aprenderlas, porque como centro del comercio y los servicios, Panamá, como lo profetizó Simón Bolívar, debe sincronizarse con el mundo y no enclaustrarse en las cárceles mentales del seudonacionalismo.
(augusto2312@hotmail.com)