Ingobernabilidad a la vista
Luego de transcurrido el período que debió servir para la transición gubernamental, sin logro alguno, las acciones para evitar la gobernabilidad han cobrado mayor fuerza. Los ingenuos están creyendo aún en las palabras del PRD a través de sus voceros, en el sentido de que colaborarán con la gestión de la presidenta electa. Nada más alejado de la verdad, ya que si hubiesen tenido esa intención, no habrían hecho los ofrecimientos que convencieron a los de Solidaridad y Acción Opositora, de que puedan ofrecer mejor opción y mayores ventajas.
Nadie puede ignorar que los perredistas ya iniciaron su campaña hacia las elecciones del 2004, con Martín Torrijos a la cabeza. Eso significa que la labor de los legisladores en el recinto parlamentario, será tesonera y dirigida a obstaculizar desde ese órgano, la acción de gobierno. Conozco y sé de la capacidad que tienen muchos legisladores del PRD, para sostener un prologado debate sobre cualquier tema. No se identifican precisamente por ser "mudos", y si como es natural, sus pretensiones son las de triunfar en los próximos comicios presidenciales, de seguro que no pueden hacer causa común con un gobierno que adversan.
El hecho de que logren una mayoría en el "rgano Legislativo, pone en su accionar un arma de desaliento a la iniciativa gubernamental. Quien no quiera entender eso, carece de conocimientos básicos sobre estrategia política. Reciente es la experiencia del período 1990-1994, donde con nueve curules, demostraron cuánto pueden hacer y cómo lo deben hacer. No temo sinceramente a esa forma de conducta política, porque otra cosa no puede esperarse de quien no comparte nuestra forma de pensar. Debemos estar preparados para la dialéctica, la capacidad de análisis, el estudio de la temática, la argumentación convincente, todo lo cual no estoy seguro que podamos demostrar con la firmeza que debemos.
Todas las negociaciones que se han hecho por parte del PRD no están dirigidas a la colaboración con la presidenta, sino hacia el aseguramiento de que cuentan con los votos adversos. La ingobernabilidad sobrevendrá en la medida que el "rgano Ejecutivo no lleve a cabo la ejecución de programas sociales, no combata la corrupción pública y permita enquistarse en las filas de gobierno, a reconocidos activistas perredianos, que continuarán trabajando para beneficiar en alguna forma a su partido. Presumo y ojalá me equivoque, que importantes proyectos serán cuidadosamente demorados, algunos encarpetados y otros denegados, porque la lógica indica que siendo oposición, no van a facilitar una acción gubernamental que favorezca el arnulfismo. Recordemos que la buena acción de gobierno se traduce en votos, que ellos necesitan para su candidato y no para el nuestro. Por eso, harán lo que estimen necesario para dar contenido a la ingobernabilidad.
Queda ante esa realidad, un cúmulo de acciones que será el remedio insustituible. Por un lado, la emisión de Decretos Reglamentarios y la modificación de algunos ya existentes, para poder funcionar como partido gobernante. Las ataduras que deja el gobierno saliente son una camisa de fuerza que debe desatarse de alguna forma. La convocatoria de una Asamblea Constituyente, para un nuevo texto constitucional y no para reformas, será inevitable por razones que abundan, aún cuando se pretenda decir que no hay argumentos, porque no les conviene algo que necesita el pueblo.
No podemos pensar en este próximo ejercicio presidencial como el único de interés para la ciudadanía, porque definitivamente es circunstancial el cambio de gobierno, pero el país sigue con sus problemas y vivencias. Si bien una Constitución nueva no es la solución a todos los problemas, la misma puede permitir su solución de manera más flexible. Así por ejemplo, se podría reducir el número de legisladores, se fijarían períodos a ciertos cargos, que no rebasen al término presidencial, se arreglaría lo de las partidas circuitales, las funciones de la Asamblea, la elección de sus miembros provinciales, se evitarían los indultos sin condena, entre otras muchas razones válidas para constituir una Asamblea Constituyente. La ingobernabilidad está a la vista, el PRD está en campaña y no lo oculta.
Nadie puede ignorar que los perredistas ya iniciaron su campaña hacia las elecciones del 2004, con Martín Torrijos a la cabeza. Eso significa que la labor de los legisladores en el recinto parlamentario, será tesonera y dirigida a obstaculizar desde ese órgano, la acción de gobierno. Conozco y sé de la capacidad que tienen muchos legisladores del PRD, para sostener un prologado debate sobre cualquier tema. No se identifican precisamente por ser "mudos", y si como es natural, sus pretensiones son las de triunfar en los próximos comicios presidenciales, de seguro que no pueden hacer causa común con un gobierno que adversan.
El hecho de que logren una mayoría en el "rgano Legislativo, pone en su accionar un arma de desaliento a la iniciativa gubernamental. Quien no quiera entender eso, carece de conocimientos básicos sobre estrategia política. Reciente es la experiencia del período 1990-1994, donde con nueve curules, demostraron cuánto pueden hacer y cómo lo deben hacer. No temo sinceramente a esa forma de conducta política, porque otra cosa no puede esperarse de quien no comparte nuestra forma de pensar. Debemos estar preparados para la dialéctica, la capacidad de análisis, el estudio de la temática, la argumentación convincente, todo lo cual no estoy seguro que podamos demostrar con la firmeza que debemos.
Todas las negociaciones que se han hecho por parte del PRD no están dirigidas a la colaboración con la presidenta, sino hacia el aseguramiento de que cuentan con los votos adversos. La ingobernabilidad sobrevendrá en la medida que el "rgano Ejecutivo no lleve a cabo la ejecución de programas sociales, no combata la corrupción pública y permita enquistarse en las filas de gobierno, a reconocidos activistas perredianos, que continuarán trabajando para beneficiar en alguna forma a su partido. Presumo y ojalá me equivoque, que importantes proyectos serán cuidadosamente demorados, algunos encarpetados y otros denegados, porque la lógica indica que siendo oposición, no van a facilitar una acción gubernamental que favorezca el arnulfismo. Recordemos que la buena acción de gobierno se traduce en votos, que ellos necesitan para su candidato y no para el nuestro. Por eso, harán lo que estimen necesario para dar contenido a la ingobernabilidad.
Queda ante esa realidad, un cúmulo de acciones que será el remedio insustituible. Por un lado, la emisión de Decretos Reglamentarios y la modificación de algunos ya existentes, para poder funcionar como partido gobernante. Las ataduras que deja el gobierno saliente son una camisa de fuerza que debe desatarse de alguna forma. La convocatoria de una Asamblea Constituyente, para un nuevo texto constitucional y no para reformas, será inevitable por razones que abundan, aún cuando se pretenda decir que no hay argumentos, porque no les conviene algo que necesita el pueblo.
No podemos pensar en este próximo ejercicio presidencial como el único de interés para la ciudadanía, porque definitivamente es circunstancial el cambio de gobierno, pero el país sigue con sus problemas y vivencias. Si bien una Constitución nueva no es la solución a todos los problemas, la misma puede permitir su solución de manera más flexible. Así por ejemplo, se podría reducir el número de legisladores, se fijarían períodos a ciertos cargos, que no rebasen al término presidencial, se arreglaría lo de las partidas circuitales, las funciones de la Asamblea, la elección de sus miembros provinciales, se evitarían los indultos sin condena, entre otras muchas razones válidas para constituir una Asamblea Constituyente. La ingobernabilidad está a la vista, el PRD está en campaña y no lo oculta.