Ingreso básico familiar
Se trata de pensar en un ingreso considerado como un derecho humano que debe ser garantizado desde el Estado, como un elemento básico para desarrollar la vida con dignidad e idea de futuro, y mediante el cual se prioriza la recreación de los circuitos de producción, consumo y redistribución de los bienes necesarios para que nadie se quede afuera, para que nadie sea excluido. Hasta el día de hoy, el Estado, sólo nos han hablado de deuda externa, bolsa de valores y riesgo país... Nadie nos ha dicho institucionalmente nada acerca del replanteo del ingreso familiar, el costo de la canasta básica o de la voluntad soberana de ser nosotros mismos los autores del proyecto del país.
Estamos sometidos a una elegante esclavitud que nos sujeta a la banca internacional y sus acólitos, mientras la mayoría de nuestro pueblo sufre la exclusión ya de larga data y otra franja más amplia de lo imaginable comienza a experimentar su caída sin retorno a la indigencia, cosa que miden en los "recortes" mensuales de empleos y en la depresión psicológica resultante de medir la distancia entre lo necesario y lo alcanzable con sueldos humillantes.
La sociedad y el Estado deben garantizar la vida de todos los ciudadanos. Si esto no es posible se extingue la primera fuente de legitimidad del orden social y del Estado; a partir de allí, cada individuo queda librado a sí mismo para la consecución de sus medios de subsistencia. No hay sociedad ni Estado posibles en esas condiciones.
Se puede o no estar de acuerdo, pero hay que ser honesto y admitir lo interesante y deseable que sería un proyecto que proponga la instrumentación de un seguro de empleo y formación de recursos para jefes y jefas de hogar desocupados y el establecimiento de una asignación por dependiente, que garantice que ningún hogar panameño viva en condiciones de pobreza. Vale señalar que se apunta a la familia para mantenerla como espacio de la vida, de la educación, de la mesa familiar, del proyecto de futuro de cada integrante, todas realidades que, poco a poco, han sido desfiguradas o negadas a través de seudosoluciones como los comedores escolares o de ancianos y negadas como la deserción escolar y la falta de salud universal.
Es probable que la propuesta de una distribución equitativa de los bienes del país, genere un número plural de opiniones. Lo importante es buscar un mecanismo de supervivencia nacional, de modo que a ninguna familia le falte sustento básico y salario por los hijos e impedidos, y no la constante notificación ante las instituciones financieras internacionales que evalúan nuestra política económica actual bajo el prisma del déficit cero, gestión que se intenta seguir al pie de la letra menoscabando el bienestar popular. Este tipo de obligaciones lo que nos ha quitado ha sido la valoración que teníamos de la familia y nos ha colocado en el camino de su degradación y desintegración. Nuestra cultura, en sus verdaderas raíces, tiene otra valoración y otra añoranza de la familia.
Estamos sometidos a una elegante esclavitud que nos sujeta a la banca internacional y sus acólitos, mientras la mayoría de nuestro pueblo sufre la exclusión ya de larga data y otra franja más amplia de lo imaginable comienza a experimentar su caída sin retorno a la indigencia, cosa que miden en los "recortes" mensuales de empleos y en la depresión psicológica resultante de medir la distancia entre lo necesario y lo alcanzable con sueldos humillantes.
La sociedad y el Estado deben garantizar la vida de todos los ciudadanos. Si esto no es posible se extingue la primera fuente de legitimidad del orden social y del Estado; a partir de allí, cada individuo queda librado a sí mismo para la consecución de sus medios de subsistencia. No hay sociedad ni Estado posibles en esas condiciones.
Se puede o no estar de acuerdo, pero hay que ser honesto y admitir lo interesante y deseable que sería un proyecto que proponga la instrumentación de un seguro de empleo y formación de recursos para jefes y jefas de hogar desocupados y el establecimiento de una asignación por dependiente, que garantice que ningún hogar panameño viva en condiciones de pobreza. Vale señalar que se apunta a la familia para mantenerla como espacio de la vida, de la educación, de la mesa familiar, del proyecto de futuro de cada integrante, todas realidades que, poco a poco, han sido desfiguradas o negadas a través de seudosoluciones como los comedores escolares o de ancianos y negadas como la deserción escolar y la falta de salud universal.
Es probable que la propuesta de una distribución equitativa de los bienes del país, genere un número plural de opiniones. Lo importante es buscar un mecanismo de supervivencia nacional, de modo que a ninguna familia le falte sustento básico y salario por los hijos e impedidos, y no la constante notificación ante las instituciones financieras internacionales que evalúan nuestra política económica actual bajo el prisma del déficit cero, gestión que se intenta seguir al pie de la letra menoscabando el bienestar popular. Este tipo de obligaciones lo que nos ha quitado ha sido la valoración que teníamos de la familia y nos ha colocado en el camino de su degradación y desintegración. Nuestra cultura, en sus verdaderas raíces, tiene otra valoración y otra añoranza de la familia.