Ingrid y Posada
Ya sé que nada tienen que ver la una con el otro. El es un victimario, Luis Posada Carriles; y ella, una víctima, Ingrid Betancourt. Ambos traen a colación, otra vez, el tema del terrorismo.
Reiteramos, nada puede justificar el terrorismo, pues el respeto a la condición humana y a la vida es el más sagrado de los preceptos y de los principios. Es tan terrorista el artero ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York o los metros de Madrid y Londres, como el derribar un avión lleno de civiles en pleno vuelo, atentar con explosivo contra una universidad repleta de gente o secuestrar personas por años y años. No existe fundamentación alguna, ni ideología o doctrina alguna que pueda pretender justificar acciones aberrantes como éstas.
Para Noam Chomsky, el terrorismo puede ser definido como la amenaza o al uso de la violencia, por lo general con fines políticos, en contra de civiles no-combatientes, y abarca actos violentos y peligrosos para la vida humana, que tiene el propósito de intimidar o ejercer coerción sobre la población civil; afectar la conducta de un Estado por medio del asesinato o el secuestro.
Las huellas sangrientas de Posada incluyen ser uno de los autores intelectuales de la voladura en pleno vuelo del avión de la Aerolínea Cubana el 6 de octubre de 1976 que mató a 73 personas. Luego, el propio Posada declaró al New York Times en entrevista del 12 de julio de 1998, que dirigió la colocación de bombas en hoteles de La Habana en 1997, que provocó la muerte de un turista italiano. Luego, él y sus cómplices intentaron asesinar al presidente Fidel Castro en el Paraninfo de la Universidad de Panamá rebosante de personas, en noviembre del 2000, utilizando 33 libras del superexplosivo C-4, por lo que fue condenado a ocho años de prisión por posesión ilegal de explosivos y falsificación de documentos oficiales. Hace poco, un fallo de la Corte Suprema de Justicia revocó el indulto presidencial otorgado hace cuatro años y debe exigirse su extradición.
Ingrid Betancourt, en cambio, ejemplifica una víctima de terrorismo que logra su libertad (al igual que sus compañeros de infortunio), luego de muchos años de secuestro y vejaciones. Es un indicativo más de la violación por parte de las FARC (al igual que Sendero Luminoso en Perú) de los derechos humanos de la población, lo que afirma que esas violaciones no tienen necesariamente origen en el Estado, sino también en grupos u organizaciones armadas. Como bien señala Orlando Fals Borda, "Las FARC deberían adaptarse a la búsqueda de la paz, como lo hicieron otras seis guerrillas a principios de los años ´90. También a las nuevas circunstancias: la conciliación es la nueva etapa, que debe venir después de Uribe y para la cual necesitamos otro gobierno, uno no guerrerista...".
En el tema del antiterrorismo no puede haber excepciones, pues no existen terrorismos rojos o azules, de derecha o izquierda, buenos o malos, anti o pro norteamericanos. Todos los terrorismos están cortados con la misma tijera. Ojalá los victimarios paguen, y las víctimas sobrevivientes sean testimonio e inspiración para casar para siempre la libertad con la justicia.
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