default

Injerencia externa en elecciones de Brasil


Hasta qué grado debe influir la opinión de los círculos financieros mundiales en las elecciones de un país en desarrollo que depende, en gran medida, de la ayuda exterior? Esta pregunta llegó al rojo vivo durante la campaña electoral de Brasil, que culmina el próximo domingo. Debido a la alarma que el llamado "efecto Lula" provocó la semana pasada entre los inversionistas de Estados Unidos (EU) y, en menor grado, de la Unión Europea, se creó una espectacular fuga de capitales de Brasil. "El dólar llegó casi a los cuatro reales y se desplomó la Bolsa en San Pablo", rezaban los titulares fechados en Sao Paulo o Río de Janeiro en la prensa mundial.
Desde que Luiz Ignacio Lula, el candidato de las izquierdas, inició lo que parece ser un avance sin frenos en las encuestas, su candidatura provocó una estampida de capitales y produjo, el pasado viernes, el día de mayor histeria en el mercado financiero desde la devaluación de 1999. El llamado "efecto Lula", vigente a pesar del discurso moderado adoptado por el candidato del Partido de los Trabajadores, fue la explicación para un nuevo récord de devaluación del real y del riesgo país, y de una nueva caída estrepitosa de la Bolsa de Valores de San Pablo. A este fenómeno se enfrenta uno de los expertos más respetados de EU, el profesor Kenneth Maxwell, catedrático de la Columbia University y director del programa latinoamericano del prestigioso Council of Foreign Relations de Nueva York. En una contundente denuncia de la alarma que los círculos financieros de Wall Street y Londres han generado por la situación política de Brasil, el catedrático señala que le corresponde al electorado brasilero decidir la suerte política del país y no los círculos financieros de Wall Street ni los voceros del FMI.
"En Latinoamérica el "realismo mágico" ha desaparecido como la tendencia dominante de la literatura, pero cuando se trata de Brasil, la fantasía trastorna tanto al FMI como a Wall Street", ironiza Maxwell en un artículo publicado en el Financial Times de Londres. "No hay otra manera de explicar la demonización de Luiz Inacio Lula da Silva, el candidato presidencial del Partido de los Trabajadores" o ese ridículo "Lula-meter" inventado por Goldman Sachs en junio para avaluar la moneda brasileña en relación a su lugar en las encuestas de opinión pública.
"Dada la caída vertiginosa del "real" (la moneda brasileña), lo que menos que Brasil y el sistema financiero internacional necesitan a estas alturas es una dura batalla electoral que podría prolongarse hasta una segunda vuelta el 27 de octubre, cosa que de ninguna manera podría alentar al FMI que ha invertido un paquete de ayuda a Brasil por valor de 30,000 millones de dólares para sobreponerse de la crisis económica. Un sólido apoyo popular es un requisito indispensable para cualquier presidente brasilero y de nada serviría una larga y dura campaña electoral que sólo podría socavar al próximo presidente un gobierno efectivo en 2003". "La verdad es que la actual vulnerabilidad económica de Brasil fue creada gracias a las recomendaciones del FMI," sostiene Maxwell. De hecho, a sólo una semana de las elecciones nacionales en Brasil, la posibilidad de victoria de un gobierno de izquierda en primera vuelta provocó una estampida de no devaluación de 1999. El llamado "efecto Lula", vigente a pesar del discurso moderado adoptado por el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inacio Lula da Silva, fue la semana pasada la explicación para un nuevo récord de devaluación del real y del riesgo país, y de una nueva caída estrepitosa de la Bolsa de Valores de San Pablo.
La histeria tomó el mercado sin importarle la crítica que un día antes hizo el Ministro de Hacienda, Pedro Malan, que en Washington dijo que el mercado posee una "ambición infecciosa, un miedo infeccioso y una ignorancia" que explican su comportamiento en Brasil. La campaña está llegando a su fin completamente dominada por los temas económicos y por los temores que genera el fin de la "era Cardoso", después de nueve años -incluyendo su año como Ministro de Hacienda en el gobierno de Itamar Franco-. En los últimos días hubo un recrudecimiento de esos temores del mundo financiero debido a que, rondando el 42 % de las intenciones de voto, Lula estaría casi con los 50 % de votos válidos necesarios para obtener la victoria en una primera vuelta.
Ayer crecían los rumores sobre la elucubración de planes que estarían siendo discutidos a toda velocidad por el Partido de los Trabajadores para intentar bajar la temperatura del ambiente. Inclusive se habría barajado la posibilidad de mantener en su cargo durante una etapa de transición al actual presidente del Banco Central, Arminio Fraga. Prácticamente todo ya fue hecho para intentar calmar a los inversores. Miembros del gobierno de Cardoso expresaron, en público y en privado, en Brasil y el exterior, que un gobierno de Lula no es una catástrofe. El propio PT ha ratificado su apoyo al acuerdo firmado recientemente por el país con el FMI; y hasta el propio director gerente del Fondo, Horst Koehler, dando por vencedor a Lula, expresó el jueves: "Estoy convencido de que tendremos una transición suave, una buena transición administrativa".
Faltando apenas una semana para la primera ronda electoral, da Silva está al borde de lograr una mayoría absoluta, o sea un punto por encima del 50 %. José Serra, el candidato oficial al que favorece Wall Street, permanece en los 25 puntos detrás de da Silva, según las encuestas. Y Antonio Garotinho, el ex gobernador de Río de Janeiro, está socavando a un más la posibilidad de que Serra llegue a una segunda vuelta. Como un elogio a la independencia del electorado brasileño, John Knox, el veterano observador canadiense John Knox, pondera en el Toronto Globe Mail: "Hasta el momento, los que deben salir a votar el 6 de octubre para elegir al presidente, a los gobernadores de los Estados y a los legisladores aún no han dado señales de que la alarma de los mercados hubiera alterado su inclinación [a favor de Lula]".
Cuerpo de Paz inició sus trabajos en Panamá desde 1963 y salió de Panamá por petición del gobierno panameño en 1971 y regresó en 1990. Desde ese año, más de 400 voluntarios han trabajo en los Programas de Desarrollo Económico Comunitario, Educación Ambiental Comunitaria y Agroforestería (actualmente llamado Permacultura).

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América