Injusticia flagrante
Escribo desde mi emoción de impotencia, de enojo y frustración, al ver las imágenes en la televisión que me impactaron tanto sobre el obrero de la construcción que murió. Quiero que mis primeras líneas sean para la esposa, madre e hijos de este trabajador. Lo lamento y siento una enorme tristeza por su gran pérdida. Me pongo en su lugar y mi garganta se cierra y mi corazón se encoge.
La democracia implica la libertad de manifestar, de protestar contra leyes injustas; significa el respeto de los derechos humanos y, sobre todo, de quienes representan la autoridad del Estado. Los empujones y patadas que presenciamos (TVN) no son un testimonio de ese respeto fundamental que se le debe a todo ser humano. La Policía debe garantizar la paz y la seguridad, pero no a costa de socavar los derechos de otros, porque lo que eso evidencia es una falta de entrenamiento, un “amateurisme” que se explica por el hecho de que quien dirige dicha institución no está capacitado para hacerlo.
El respeto fundamental que se le debe al ser humano es parte de nuestro legado como personas. Es insoportable que el Director de la Policía Nacional, señor Mirones, salga a justificar tales actos. ¡Es increíble! Lo que demuestra si había necesidad de pruebas suplementarias, su incapacidad o desconocimiento en lo concerniente a seguridad y a contención de la criminalidad. Como muestra suplementaria, mencionamos el freno y desmotivación que se dio con los programas de Vecinos Vigilantes, que habían logrado disminuir el índice de criminalidad en las comunidades hasta la fecha en que él ingresó a la Policía. Claro que podían ser mejorados, pero con la colaboración “voluntaria” de todos, y no de manera unilateral, como se hizo, lo cual desmotiva a los actores. También era y es una necesidad imperante contar con planes de prevención elaborados conjuntamente entre la policía, la comunidad y los empresarios. De eso aún se habla, pero no se ve, ni se ejecuta.
Algunas unidades de la Policía ya me habían comentado de su mal manejo en las relaciones humanas, de su prepotencia y falta de humildad; de su falta de respeto por la jerarquía institucional; de sus promesas incumplidas; de la falta de incentivos. Pero eso no es lo grave, lo grave es que se mantengan en una posición que a la evidencia no es de su área de experiencia como “profesional del derecho con especialidad en economía” a esta persona. ¡Por favor! Los panameños merecemos tener un especialista en seguridad, y estoy segura que en la institución existen muchos.
No se vale que se contraponga a un grupo social contra el otro, porque no se trata de la Policía contra el SUNTRACS; sino de la defensa de derechos fundamentales de las personas, porque tales conductas sólo se dan y se ven en las dictaduras. Y ya tenemos nuestra cuota de experiencia en la materia.
Gandhi decía que si se hiere u ofende a un ser humano, se hiere u ofende a la humanidad entera. Como panameños no podemos callar ni tolerar ningún acto de abuso, maltrato o de vejación a otro ser humano, porque hoy son ellos, pero mañana puede ser cualquiera de nosotros, nuestros hijos o hijas, nuestra familia o amigos y amigas. Por eso, debemos levantarnos todos a protestar contra este acto que es inadmisible y que no puede ser justificado.