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Injusticia universitaria


Hubo un tiempo en que no comprendía el significado del pensamiento de Miguel de Montaigne: "La virtud de la ley no está en ser justa, sino en ser ley". Ahora lo comprendo, gracias en parte, a hechos que me han tocado vivir en la Universidad de Panamá. Ahora sé muy bien que, por muy buena que parezca y sea una ley, así fuese la mejor del mundo en su letra y espíritu, no lo es tal si no se aplica a todos por igual, sin excepción; y que por muy mala que parezca y sea una ley, pero se aplica a todos por igual, sin excepción, ésta última será siempre mejor que aquélla. Este es el significado profundo de las palabras de Montaigne, y su validez alcanza a la sociedad global.
Hace poco publiqué un artículo dirigido al rector Mgtr. Julio Vallarino, sobre el problema de la corrupción y la impunidad en la Universidad, lo que motivó de su parte la creación de una comisión ad hoc, formado por el Ing. Rodrigo Cambra, el Prof. Rufino Fernández y el Dr. César Villarreal, quien la preside. Fue un primer paso dado en la dirección correcta para acabar con la política de encubrimiento que propicia la impunidad y alienta la corrupción. Todos estamos ahora a la espera de sus resultados y no decepcionarnos, habida cuenta que se ha confirmado la veracidad de mis aseveraciones.
En esta ocasión, hago pública mi opinión sobre una situación que, "strictu sensu", no puede calificarse de corrupción, pero sí de injusta hacia una parte de docentes universitarios. Se trata del caso de los docentes jubilados que al ser recontratados pierden su tiempo completo. Si esto fuera así para todos sin excepción, (recordar a Montaigne), aunque incorrecta, sería una medida tolerable. Pero no es así, pues resulta que hay docenas jubilados a los que el rector anterior les mantuvo su tiempo completo al recontratarlos y el actual los mantiene igual. Esta es una situación discriminatoria, de privilegios para unos en detrimento de otros con los mismos derechos, que recuerda el nefasto sistema del "silver roll" y el "gold roll" practicado en la ex Zona del Canal. La Universidad de Panamá no puede seguir ese ejemplo. Reconocer estos hechos es parte de su ejercicio autocrítico, concreción de ser "conciencia crítica de sí misma" para poder serlo de la Nación. La Ley debe ser igual para todos. Esa es su virtud.
Yo he sido y soy opuesto a que se otorgue otro cargo adicional (favores de tres salarios) a quienes están en la condición de ser jubilados y mantener su tiempo completo. Pero, he estado y estoy a favor de que sea una norma aplicable a todos por igual que los jubilados mantengan su tiempo completo al ser recontratados. Y es que, si la norma no rige para todos los funcionarios del Estado, sin excepción, entonces que no rija para nadie. Por algo nuestra Constitución habla de que "no habrá fueros ni privilegios". Hay muchos casos de jubilados en las instituciones del Estado trabajando con su salario completo. Y creo que todos están en su derecho, al igual que los docentes jubilados con tiempo completo en la Universidad. A lo que me opuse y me opongo es a que, además, algunos de ellos, reciban otro salario adicional de cuatrocientos hasta mil balboas, como ocurre actualmente. Tengo fundadas razones para justificar mi planteamiento sobre jubilarse y mantener el tiempo completo. Son las siguientes:
1. Si bien es cierto que el ingreso como jubilado no es salario, cuenta como entrada económica para nuestras consideraciones. Lo importante es que en ningún caso ese ingreso afecta el presupuesto universitario.
2. El ingreso económico como jubilado es un derecho ganado por haber cotizado y cumplido la edad como manda la Ley. No tiene que ver, y mucho menos afectar, el derecho a seguir trabajando que tiene cualquier jubilado, tal cual ha dictaminado la Corte Suprema de Justicia.
3. La Caja de Seguro Social se beneficia enormemente porque el jubilado agrega otra cotización laboral, mucho mayor, a la suya usual; y los profesores regulares estamos entre los asegurados que más alto cotizan a la Caja.
4. Las universidades más prestigiosas del mundo mantienen una planta docente donde priva la experiencia. El relevo docente no es una cuestión de simple edad cronológica, pues el campo del conocimiento no es igual que el campo del deporte, donde la edad impone el retiro de la competencia casi al terminar la juventud o en la prima fase de la madurez.
La cuestión del relevo docente es un asunto que debe analizarse sobre bases estrictamente académicas. Hay que separar lo que son los legítimos derechos de la persona al trabajo, aun cuando sea jubilado, de la necesidad de reemplazar a los docentes que ya no pueden dictar clases. Se ha venido soslayando el hecho de que la enorme cantidad de profesores especiales que hay en la Universidad responde a razones que no son académicas sino de clientelismo electoral y amiguismo y al hecho de que nunca salen del sistema ni uno solo de los participantes que pierden en los concursos de cátedra. Asimismo, el profesor especial y asistente ha de ser consciente de que su condición como tal es transitoria, un peldaño en su carrera docente; y que a la postre, los intereses de los profesores regulares son los mismos que los suyos. Llegar a serlo debe ser su meta, no permanecer por siempre como profesor especial o asistente.
Mucho más habría que decir al respecto, pero ello exige más espacio del que aquí tengo. Será en otra ocasión. Hasta aquí dejo en manos del rector Mgtr. Julio Vallarino y el Consejo Académico hacer justicia aplicando la Ley a todos por igual, sin excepción. Sea.
Aquí no se trata del robo de documentos del partido opositor, para luego mentir sobre ello a la nación. Se trata que el presidente Chávez ordenó el 11 de abril la masacre de venezolanos que manifestaban pacíficamente su inconformidad con el gobierno. Por eso Chávez tiene sus días contados y, a lo contrario de Nixon, jamás volverá a levantar su cabeza.
*Analista político venezolano.
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