Inmigración e integración en Latinoamérica
LOS problemas que enfrentan los gobiernos sobre la criminalidad, producto de la inmigración, han aumentado en los últimos años. Pero este es sólo uno de los muchos dilemas que produce la inmigración.
Pueden verse también problemas económicos como la reducción de ofertas de trabajos para los nacionales, políticos como la afectación de las relaciones internacionales, como es el caso de Colombia y Ecuador; incluso, el desteñimiento de cimientos culturales o idiomáticos, como consecuencia de nuevas formas de cultura traídas por los llegados.
Todo eso ha llevado a la sociedad en general a "satanizar" la inmigración y a sus actores: los inmigrantes. Muchas han sido las propuestas hechas por parte de los gobiernos de los distintos países afectados para intentar solucionarlos. La más oída en los últimos tiempos es restringir los movimientos migratorios por el método de hacer más fuertes los requisitos para los visados. Esta es una solución viable, pero me parece que deja a un lado la perspectiva geopolítica y se constituye en una solución bastante inocua, temporal, a muy corto plazo.
Es innegable que Latinoamérica tiene problemas estructurales, al igual que lo es el hecho de que Estados Unidos está al lado de esta región, al igual que Panamá lo está a Colombia. Ningún muro, físico o jurídico, va a negar ese hecho o va a lograr que se muevan los países y sus problemas; como es imposible que se pueda mover Latinoamérica del lado de Estados Unidos. Es necesario que las soluciones involucren a toda la región. Una muy buena forma de pensar las soluciones es desde la perspectiva del Latinoamericanismo, de caer en la cuenta que los problemas que tiene Ecuador son compartidos con Colombia y que los problemas que tiene Colombia, necesariamente, son compartidos con Panamá. Igual pasa con el resto de Centroamérica; después de todo, no son sólo los mexicanos quienes intentan cruzar la frontera con los EE.UU., en el norte de México.
Planteo dos problemas con la inmigración: uno, el que involucra a Latinoamérica con los EE.UU. y otro, el que involucra a Panamá con Colombia.
Los problemas que tiene Latinoamérica de pobreza, de calidad de vida y de violencia no son tocados por las soluciones que plantea Estados Unidos. Si ese país planteara soluciones estructurales a estos problemas, en el interior de los países de Latinoamérica las situaciones problemáticas no se darían y la inmigración dejaría de ser conflictiva. Es claro que estas soluciones deben involucrar algo más que dos escuelitas en Guatemala.
Colombia tiene una guerra desde hace 40 años que ha llevado a que mucha gente se haya desplazado a Panamá en busca de un mejor futuro. Si Panamá se involucrara de forma explícita con las soluciones a los problemas que tiene Colombia, especialmente con el de la guerra, y conjuntamente se construyeran soluciones, para la nación panameña la inmigración dejaría de ser un problema. En cuanto a lo anterior, parto de una premisa básica: Nadie emigra de su país, deja sus familias, sus recuerdos, su tierra de buena manera. Si internamente los países no tuviesen problemas, la inmigración se reduciría, nadie tendría que buscar oportunidades en otros sitios.
Si Colombia no tuviera una guerra, no habría colombianos que se fueran a Panamá a buscar vivir en paz. Es necesaria la integración entre los países, simplemente, porque como los problemas que tenemos son hechos que nos afectan a todos, las soluciones que se planeen deben ser pensadas para todos y por todos. Panameños, sólo si Colombia consigue alguna vez la paz, Panamá podrá descansar en la paz, pues no tendrá a los colombianos como inmigrantes.
Si la integración es necesaria, ésta, por sí misma, tiene sus propios problemas. El más importante involucra los escasos nacionalismos o los nacionalismos mal fundamentados. Colombia es un paradigma de esto. Este país que ha tenido una guerra visceral durante los últimos 40 años, que ha dejado pobreza, muerte y odio, no ha conseguido fundamentar su espíritu de nación. Me opongo a pensar, como algunos intelectuales si les gusta, que Colombia tiene una nación fundamentada en la violencia.
Es por demás jocoso o absurdo suponer que el espíritu de una nación se fundamente en los muertos que todos los días salen en los periódicos, o que se sienta orgullo por tener la guerrilla más vieja del continente. Si no existe un profundo sentimiento de nación, es más complicado que pueda existir un sentimiento de latinoamericanismo. Los nacionalismos están mal fundamentados, en la medida que se forman tomando como figura principal un gobierno y peor aún, el actual. Como es el caso de Colombia, incluso, algún intrépido podría decir Venezuela, debido a que es este gobierno el que ha retomado la figura de Bolívar para conseguir avivar el sentimiento nacionalista para legitimizarse en el poder. Si el gobierno actual de Colombia o el de Venezuela fallasen, todo el nacionalismo se iría al traste.
Es necesario que las soluciones a los problemas de los países que conforman a Latinoamérica, y que son los que llevan a la inmigración, sean pensadas en la perspectiva geopolítica y que sean soluciones estructurales a sus problemas internos. La mejor forma de llegar a pensar las soluciones es la integración latinoamericana. Para llegar a ésta es necesario que se fundamenten mejor los nacionalismos y para esto se tiene que dejar a un lado los egos de los gobiernos de turno de querer exhibirse como los cimientos de la Nación. Sólo así estaremos más cerca de que, para todos, la inmigración deje de ser un problema.
(*) Universidad Nacional de Colombia
Pueden verse también problemas económicos como la reducción de ofertas de trabajos para los nacionales, políticos como la afectación de las relaciones internacionales, como es el caso de Colombia y Ecuador; incluso, el desteñimiento de cimientos culturales o idiomáticos, como consecuencia de nuevas formas de cultura traídas por los llegados.
Todo eso ha llevado a la sociedad en general a "satanizar" la inmigración y a sus actores: los inmigrantes. Muchas han sido las propuestas hechas por parte de los gobiernos de los distintos países afectados para intentar solucionarlos. La más oída en los últimos tiempos es restringir los movimientos migratorios por el método de hacer más fuertes los requisitos para los visados. Esta es una solución viable, pero me parece que deja a un lado la perspectiva geopolítica y se constituye en una solución bastante inocua, temporal, a muy corto plazo.
Es innegable que Latinoamérica tiene problemas estructurales, al igual que lo es el hecho de que Estados Unidos está al lado de esta región, al igual que Panamá lo está a Colombia. Ningún muro, físico o jurídico, va a negar ese hecho o va a lograr que se muevan los países y sus problemas; como es imposible que se pueda mover Latinoamérica del lado de Estados Unidos. Es necesario que las soluciones involucren a toda la región. Una muy buena forma de pensar las soluciones es desde la perspectiva del Latinoamericanismo, de caer en la cuenta que los problemas que tiene Ecuador son compartidos con Colombia y que los problemas que tiene Colombia, necesariamente, son compartidos con Panamá. Igual pasa con el resto de Centroamérica; después de todo, no son sólo los mexicanos quienes intentan cruzar la frontera con los EE.UU., en el norte de México.
Planteo dos problemas con la inmigración: uno, el que involucra a Latinoamérica con los EE.UU. y otro, el que involucra a Panamá con Colombia.
Los problemas que tiene Latinoamérica de pobreza, de calidad de vida y de violencia no son tocados por las soluciones que plantea Estados Unidos. Si ese país planteara soluciones estructurales a estos problemas, en el interior de los países de Latinoamérica las situaciones problemáticas no se darían y la inmigración dejaría de ser conflictiva. Es claro que estas soluciones deben involucrar algo más que dos escuelitas en Guatemala.
Colombia tiene una guerra desde hace 40 años que ha llevado a que mucha gente se haya desplazado a Panamá en busca de un mejor futuro. Si Panamá se involucrara de forma explícita con las soluciones a los problemas que tiene Colombia, especialmente con el de la guerra, y conjuntamente se construyeran soluciones, para la nación panameña la inmigración dejaría de ser un problema. En cuanto a lo anterior, parto de una premisa básica: Nadie emigra de su país, deja sus familias, sus recuerdos, su tierra de buena manera. Si internamente los países no tuviesen problemas, la inmigración se reduciría, nadie tendría que buscar oportunidades en otros sitios.
Si Colombia no tuviera una guerra, no habría colombianos que se fueran a Panamá a buscar vivir en paz. Es necesaria la integración entre los países, simplemente, porque como los problemas que tenemos son hechos que nos afectan a todos, las soluciones que se planeen deben ser pensadas para todos y por todos. Panameños, sólo si Colombia consigue alguna vez la paz, Panamá podrá descansar en la paz, pues no tendrá a los colombianos como inmigrantes.
Si la integración es necesaria, ésta, por sí misma, tiene sus propios problemas. El más importante involucra los escasos nacionalismos o los nacionalismos mal fundamentados. Colombia es un paradigma de esto. Este país que ha tenido una guerra visceral durante los últimos 40 años, que ha dejado pobreza, muerte y odio, no ha conseguido fundamentar su espíritu de nación. Me opongo a pensar, como algunos intelectuales si les gusta, que Colombia tiene una nación fundamentada en la violencia.
Es por demás jocoso o absurdo suponer que el espíritu de una nación se fundamente en los muertos que todos los días salen en los periódicos, o que se sienta orgullo por tener la guerrilla más vieja del continente. Si no existe un profundo sentimiento de nación, es más complicado que pueda existir un sentimiento de latinoamericanismo. Los nacionalismos están mal fundamentados, en la medida que se forman tomando como figura principal un gobierno y peor aún, el actual. Como es el caso de Colombia, incluso, algún intrépido podría decir Venezuela, debido a que es este gobierno el que ha retomado la figura de Bolívar para conseguir avivar el sentimiento nacionalista para legitimizarse en el poder. Si el gobierno actual de Colombia o el de Venezuela fallasen, todo el nacionalismo se iría al traste.
Es necesario que las soluciones a los problemas de los países que conforman a Latinoamérica, y que son los que llevan a la inmigración, sean pensadas en la perspectiva geopolítica y que sean soluciones estructurales a sus problemas internos. La mejor forma de llegar a pensar las soluciones es la integración latinoamericana. Para llegar a ésta es necesario que se fundamenten mejor los nacionalismos y para esto se tiene que dejar a un lado los egos de los gobiernos de turno de querer exhibirse como los cimientos de la Nación. Sólo así estaremos más cerca de que, para todos, la inmigración deje de ser un problema.
(*) Universidad Nacional de Colombia