Inmigrantes, economía y política
Constantemente oigo clamar que es totalmente inaceptable que latinoamericanos crucen ilegalmente la frontera para trabajar en Estados Unidos, desplazando mano de obra nativa y aprovechándose indebidamente del estado de beneficencia establecido por Washington para subsidiar la educación y la salud de los ciudadanos.
Me temo que el púlpito donde se encaraman para denigrar de los indocumentados tiene bases muy débiles. Primero porque, a lo contrario de lo sucedido en América Latina, aquí prácticamente exterminaron la población nativa hasta el punto que hoy menos del 1% de los habitantes son indígenas. Los rabiosos enemigos de la inmigración hablan de una invasión que pone en peligro las buenas costumbres y tradiciones de la sociedad norteamericana. Por el contrario, creo que son ellos quienes ignoran la historia de este país y la grandeza de los próceres fundadores.
En el aspecto político, indocumentados escapaban "ilegalmente" del comunismo de Alemania Oriental, igual como lo hacen los cubanos desde los años 60 y, probablemente, lo harán otros latinoamericanos huyendo del "socialismo del siglo XXI" de Chávez, Morales y Kirchner.
En cuanto a los principios económicos, ni los muros ni los modernos detectores electrónicos son más potentes que un diferencial de salarios de, digamos, 4 dólares la hora de este lado de la frontera versus 4 dólares al día del otro lado. El mexicano o centroamericano que entrega sus ahorros a un "coyote" y expone su vida atravesando peligrosas montañas y desiertos para alimentar a su familia y ofrecerle un futuro a sus hijos es el verdadero héroe de nuestros tiempos.
Por otra parte, las amas de casa de clase media en América Latina gozan de fácil acceso a niñeras y empleadas domésticas, lo cual es un lujo de millonarios en Estados Unidos debido a las absurdas leyes de inmigración. La tasa de nacimientos entre la gente con mayor educación formal en este país decae porque las mujeres jóvenes no quieren o no pueden dejar su trabajo para tener y cuidar niños. Las feministas que todo lo critican, no exigen esa importante libertad para la mujer norteamericana.
Por otra parte, Washington subsidia irracionalmente a los agricultores, lo cual al añadirse a la imposición de cuotas y aranceles a importaciones no sólo encarece la vida de los ciudadanos, sino que impide que muchos productos más baratos sean importados de América Latina, eliminando las ventajas comparativas y disminuyendo el nivel de empleo en la región, todo lo cual fomenta la inmigración de indocumentados. El verdadero problema surge al tratar de impedir con malas leyes que el mercado funcione y, como decía mi amigo Julian Simon, "las inexorables fuerzas económicas exigen un alto precio por tales prejuicios xenófobos".
(*) Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
www.aipenet.com
También los pasajeros indican que tienen que esperar hasta 45 minutos para abordar un bus.
Cada bus costó alrededor de B/. 44 mil 400. Los buses tienen una capacidad de 30 pasajeros y su tarifa es de B/. 0.25.
Actualmente el servicio "es deficiente", expresaron los usuarios.
Esta línea incluyelas rutas de Tumba Muerto, 12 de Octubre y Transístmica.
Me temo que el púlpito donde se encaraman para denigrar de los indocumentados tiene bases muy débiles. Primero porque, a lo contrario de lo sucedido en América Latina, aquí prácticamente exterminaron la población nativa hasta el punto que hoy menos del 1% de los habitantes son indígenas. Los rabiosos enemigos de la inmigración hablan de una invasión que pone en peligro las buenas costumbres y tradiciones de la sociedad norteamericana. Por el contrario, creo que son ellos quienes ignoran la historia de este país y la grandeza de los próceres fundadores.
En el aspecto político, indocumentados escapaban "ilegalmente" del comunismo de Alemania Oriental, igual como lo hacen los cubanos desde los años 60 y, probablemente, lo harán otros latinoamericanos huyendo del "socialismo del siglo XXI" de Chávez, Morales y Kirchner.
En cuanto a los principios económicos, ni los muros ni los modernos detectores electrónicos son más potentes que un diferencial de salarios de, digamos, 4 dólares la hora de este lado de la frontera versus 4 dólares al día del otro lado. El mexicano o centroamericano que entrega sus ahorros a un "coyote" y expone su vida atravesando peligrosas montañas y desiertos para alimentar a su familia y ofrecerle un futuro a sus hijos es el verdadero héroe de nuestros tiempos.
Por otra parte, las amas de casa de clase media en América Latina gozan de fácil acceso a niñeras y empleadas domésticas, lo cual es un lujo de millonarios en Estados Unidos debido a las absurdas leyes de inmigración. La tasa de nacimientos entre la gente con mayor educación formal en este país decae porque las mujeres jóvenes no quieren o no pueden dejar su trabajo para tener y cuidar niños. Las feministas que todo lo critican, no exigen esa importante libertad para la mujer norteamericana.
Por otra parte, Washington subsidia irracionalmente a los agricultores, lo cual al añadirse a la imposición de cuotas y aranceles a importaciones no sólo encarece la vida de los ciudadanos, sino que impide que muchos productos más baratos sean importados de América Latina, eliminando las ventajas comparativas y disminuyendo el nivel de empleo en la región, todo lo cual fomenta la inmigración de indocumentados. El verdadero problema surge al tratar de impedir con malas leyes que el mercado funcione y, como decía mi amigo Julian Simon, "las inexorables fuerzas económicas exigen un alto precio por tales prejuicios xenófobos".
(*) Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
www.aipenet.com
También los pasajeros indican que tienen que esperar hasta 45 minutos para abordar un bus.
Cada bus costó alrededor de B/. 44 mil 400. Los buses tienen una capacidad de 30 pasajeros y su tarifa es de B/. 0.25.
Actualmente el servicio "es deficiente", expresaron los usuarios.
Esta línea incluyelas rutas de Tumba Muerto, 12 de Octubre y Transístmica.