Inmoralidad Pública
Desde el preciso momento en que la Sra. Presidenta de la República aceptó y se juramentó como mandataria de todos los panameños, adquirió el compromiso sagrado de trabajar sin descanso por el bien común, administrando el Estado en beneficio de la mayor cantidad de habitantes del país. Se despoja de intereses personales y políticos. No puede, de ninguna manera, gobernar para un pequeño grupo de la población, ni para un partido político en especial.
He escuchado a la presidenta indicar sin reparos que trabajará sin descanso y con su mayor esfuerzo en beneficio de un candidato presidencial en especial. Indica, sin lugar a dudas, que la Constitución Nacional le permite hacer campaña política a favor de un candidato las 24 horas del día si fuere necesario y justifica su acción, inclusive, citando experiencias de otros países como España, en donde existe igual norma constitucional abierta a la participación activa del presidente de turno en la campaña política. Si bien es cierto que la Constitución panameña lo permite, no es menos cierto que no se trata de simples disposiciones jurídicas, sino que existen normas de moral pública y administrativa que impiden que la presidenta apoye determinado candidato y que su actitud debe ser de total imparcialidad. Debe, por su puesto, garantizar un proceso electoral limpio, prístino, transparente y que no haya lugar a dudas sobre los resultados finales de un proceso eleccionario.
Es una inmoralidad pública que la mandataria participe activamente en la campaña proselitista a favor de un determinado candidato, con los riesgos por el incremento de la falta de credibilidad que tal acción conlleve, porque en verdad en el sentimiento de la población está la duda razonable de que se utilicen recursos estatales para favorecer algún partido político aliado del gobierno de turno. Así no construimos la democracia.
Hoy, a cien años de República, cuando muchas veces la palabra parece ser monopolizada, dominada y manipulada, y casi que sólo se abren paso los textos y libros que elogian egregias figuras del acontecer nacional, en esta obra los trabajadores sindicalistas toman la palabra.
He escuchado a la presidenta indicar sin reparos que trabajará sin descanso y con su mayor esfuerzo en beneficio de un candidato presidencial en especial. Indica, sin lugar a dudas, que la Constitución Nacional le permite hacer campaña política a favor de un candidato las 24 horas del día si fuere necesario y justifica su acción, inclusive, citando experiencias de otros países como España, en donde existe igual norma constitucional abierta a la participación activa del presidente de turno en la campaña política. Si bien es cierto que la Constitución panameña lo permite, no es menos cierto que no se trata de simples disposiciones jurídicas, sino que existen normas de moral pública y administrativa que impiden que la presidenta apoye determinado candidato y que su actitud debe ser de total imparcialidad. Debe, por su puesto, garantizar un proceso electoral limpio, prístino, transparente y que no haya lugar a dudas sobre los resultados finales de un proceso eleccionario.
Es una inmoralidad pública que la mandataria participe activamente en la campaña proselitista a favor de un determinado candidato, con los riesgos por el incremento de la falta de credibilidad que tal acción conlleve, porque en verdad en el sentimiento de la población está la duda razonable de que se utilicen recursos estatales para favorecer algún partido político aliado del gobierno de turno. Así no construimos la democracia.
Hoy, a cien años de República, cuando muchas veces la palabra parece ser monopolizada, dominada y manipulada, y casi que sólo se abren paso los textos y libros que elogian egregias figuras del acontecer nacional, en esta obra los trabajadores sindicalistas toman la palabra.