Inquietudes de un docente
TODOS LOS CENTROS de estudios superiores, en el transcurso de su evolución académica, han establecido los requisitos mínimos que deben reunir aquellos que desean ingresar a sus aulas. Panamá no es la excepción, y estas exigencias no son desconocidas por quienes aspiran a entrar en la Universidad de Panamá.
Acertadamente, en ella se han confeccionado las guías o manuales de estudios, con la finalidad de orientar a los graduados de la secundaria en los temas básicos que deben dominar al momento de presentar las pruebas de ingreso.
Toda persona que habita en esta pequeña franja del istmo centroamericano tiene el derecho inalienable de acceder a los estudios superiores, y ojalá pronto llegue el día en que los mismos sean totalmente gratis, incluso para los más ricos, tal como sucede en las universidades estatales de los países del norte de Europa (Ej. Alemania, Austria, Dinamarca, etc.) y algo más cerca, en Argentina, donde los postgrados, maestrías y doctorados son gratuitos (experiencia propia).
Nuestro sistema educativo adolece de grandes fallas, a pesar del gasto que demanda (uno de los más altos en la región). El país invierte casi un tercio de su presupuesto de educación pública en la instrucción superior, financiando cerca de 100 mil estudiantes que asisten a las universidades públicas, lo cual contrasta con los bajos retornos de la educación superior ("Martes Financiero", 16 de enero de 2007).
Nuestras universidades y facultades de Educación no son en nada ajenas a este problema y tienen su cuota de responsabilidad. Algo no debe estar funcionando bien, ya que en ellas se forman los maestros y profesores del país. Además, muchos docentes universitarios se han desempeñado o sirven como asesores en el Ministerio de Educación (MEDUCA), y otros pocos han llegado a ejercer como ministros del ramo.
La formación de los maestros y profesores debe ser sólida y exigente, debido al papel que desempeñan en el proceso de transmisión del conocimiento.
El 14 de marzo pasado, el Consejo Académico de la Universidad de Panamá, acordó con relación a los Centros Regionales Universitarios de Bocas del Toro y Colón, hacer una excepción en el índice predictivo para permitir, respectivamente, el ingreso con un índice de .67 y .60. En ambos casos, los alumnos de primer ingreso en estas condiciones deberán asistir a un curso de reforzamiento los días sábados, pagado por ellos mismos.
Indiscutiblemente, el reforzamiento propuesto es apropiado. No obstante, si el mínimo puntaje de ingreso establecido es .70, ¿que sucederá, si surgen demandas similares en otras unidades académicas? ¿Son las reglamentaciones universitarias de cobertura nacional o dependen de las características regionales?
En la historia reciente, las universidades estatales han servido como un "buffer" o amortiguador social, algo que no se habla o se dice reservadamente, ya que es preferible que los universitarios estén entretenidos en las aulas de clases, en vez de causar disturbios callejeros en protesta por la falta de trabajo o el costo de la canasta básica. Situación paradójica en un país que hoy tiene un 8% de crecimiento económico y en el cual la propuesta de acortar carreras se justifica con el mito de posibilitar una pronta inserción en el mercado laboral. Lo señalado, justifica un incremento del presupuesto universitario que posibilite nuevas inversiones en materia académica.
Hay varios mecanismos que de abordarse paralelamente, permitirían resolver esta situación en un mediano plazo:
1. La estructuración de cursos propedéuticos de nivelación, cuya duración se tendrá que determinar en base a los objetivos seleccionados, con el debido reconocimiento de los créditos correspondientes que posibiliten la adquisición del perfil de ingreso establecido. Estos cursos podrían darse en la propia universidad o en otros establecimientos bajo estricta fiscalización de ésta.
2. El Estado debe favorecer nuevas alternativas de educación para aquellos que no logren cumplir con los requisitos de ingreso a los centros de estudios superiores. Posiblemente el INADEH vaya en esa dirección y progrese en un futuro próximo hacia una Universidad Laboral.
3. Actualizar los planes de estudios en las instituciones vinculadas a la formación de los docentes, de tal forma que se propicie una educación actualizada y adaptada a nuestras condiciones particulares.
4. Trabajar conjuntamente con el MEDUCA para demandar el estricto cumplimiento de los objetivos trazados para la educación media, de manera que no haya desfase entre lo aprendido en secundaria y lo exigido para el ingreso a la universidad.
5. La Universidad se encargaría de elaborar, a través de sus especialistas y en convenio con el MEDUCA, los textos o manuales de uso general y obligatorio en cada año de la educación media. Esta acción sería un aporte sustancial de la universidad al resto de la sociedad.
6. Que las universidades estatales, a través de colegios secundarios propios o incorporados a ellas, puedan servir, de modelo educativo (Ej. Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la UBA).
Con relación a lo indicado en último término, se tienen varias ventajas: La Universidad desarrollaría y aplicaría nuevas metodologías pedagógicas que servirían de modelo a otros centros educativos; los futuros egresados de la Facultad de Educación, realizarían en estos colegios sus primeras experiencias, contando con la supervisión continua de sus asesores; se aseguraría el perfil de ingreso requerido, ya que los egresados entrarían directamente a la universidad; y se posibilita la obtención de recursos extra-presupuestarios en concepto de matrícula.
Dentro de su visión, la Universidad de Panamá está llamada a contribuir con el desarrollo integral del país, lo cual no hay que confundir con la función de recibir y remendar, en último momento, las fallas en el tejido de la educación media.
Acertadamente, en ella se han confeccionado las guías o manuales de estudios, con la finalidad de orientar a los graduados de la secundaria en los temas básicos que deben dominar al momento de presentar las pruebas de ingreso.
Toda persona que habita en esta pequeña franja del istmo centroamericano tiene el derecho inalienable de acceder a los estudios superiores, y ojalá pronto llegue el día en que los mismos sean totalmente gratis, incluso para los más ricos, tal como sucede en las universidades estatales de los países del norte de Europa (Ej. Alemania, Austria, Dinamarca, etc.) y algo más cerca, en Argentina, donde los postgrados, maestrías y doctorados son gratuitos (experiencia propia).
Nuestro sistema educativo adolece de grandes fallas, a pesar del gasto que demanda (uno de los más altos en la región). El país invierte casi un tercio de su presupuesto de educación pública en la instrucción superior, financiando cerca de 100 mil estudiantes que asisten a las universidades públicas, lo cual contrasta con los bajos retornos de la educación superior ("Martes Financiero", 16 de enero de 2007).
Nuestras universidades y facultades de Educación no son en nada ajenas a este problema y tienen su cuota de responsabilidad. Algo no debe estar funcionando bien, ya que en ellas se forman los maestros y profesores del país. Además, muchos docentes universitarios se han desempeñado o sirven como asesores en el Ministerio de Educación (MEDUCA), y otros pocos han llegado a ejercer como ministros del ramo.
La formación de los maestros y profesores debe ser sólida y exigente, debido al papel que desempeñan en el proceso de transmisión del conocimiento.
El 14 de marzo pasado, el Consejo Académico de la Universidad de Panamá, acordó con relación a los Centros Regionales Universitarios de Bocas del Toro y Colón, hacer una excepción en el índice predictivo para permitir, respectivamente, el ingreso con un índice de .67 y .60. En ambos casos, los alumnos de primer ingreso en estas condiciones deberán asistir a un curso de reforzamiento los días sábados, pagado por ellos mismos.
Indiscutiblemente, el reforzamiento propuesto es apropiado. No obstante, si el mínimo puntaje de ingreso establecido es .70, ¿que sucederá, si surgen demandas similares en otras unidades académicas? ¿Son las reglamentaciones universitarias de cobertura nacional o dependen de las características regionales?
En la historia reciente, las universidades estatales han servido como un "buffer" o amortiguador social, algo que no se habla o se dice reservadamente, ya que es preferible que los universitarios estén entretenidos en las aulas de clases, en vez de causar disturbios callejeros en protesta por la falta de trabajo o el costo de la canasta básica. Situación paradójica en un país que hoy tiene un 8% de crecimiento económico y en el cual la propuesta de acortar carreras se justifica con el mito de posibilitar una pronta inserción en el mercado laboral. Lo señalado, justifica un incremento del presupuesto universitario que posibilite nuevas inversiones en materia académica.
Hay varios mecanismos que de abordarse paralelamente, permitirían resolver esta situación en un mediano plazo:
1. La estructuración de cursos propedéuticos de nivelación, cuya duración se tendrá que determinar en base a los objetivos seleccionados, con el debido reconocimiento de los créditos correspondientes que posibiliten la adquisición del perfil de ingreso establecido. Estos cursos podrían darse en la propia universidad o en otros establecimientos bajo estricta fiscalización de ésta.
2. El Estado debe favorecer nuevas alternativas de educación para aquellos que no logren cumplir con los requisitos de ingreso a los centros de estudios superiores. Posiblemente el INADEH vaya en esa dirección y progrese en un futuro próximo hacia una Universidad Laboral.
3. Actualizar los planes de estudios en las instituciones vinculadas a la formación de los docentes, de tal forma que se propicie una educación actualizada y adaptada a nuestras condiciones particulares.
4. Trabajar conjuntamente con el MEDUCA para demandar el estricto cumplimiento de los objetivos trazados para la educación media, de manera que no haya desfase entre lo aprendido en secundaria y lo exigido para el ingreso a la universidad.
5. La Universidad se encargaría de elaborar, a través de sus especialistas y en convenio con el MEDUCA, los textos o manuales de uso general y obligatorio en cada año de la educación media. Esta acción sería un aporte sustancial de la universidad al resto de la sociedad.
6. Que las universidades estatales, a través de colegios secundarios propios o incorporados a ellas, puedan servir, de modelo educativo (Ej. Colegio Nacional de Buenos Aires, dependiente de la UBA).
Con relación a lo indicado en último término, se tienen varias ventajas: La Universidad desarrollaría y aplicaría nuevas metodologías pedagógicas que servirían de modelo a otros centros educativos; los futuros egresados de la Facultad de Educación, realizarían en estos colegios sus primeras experiencias, contando con la supervisión continua de sus asesores; se aseguraría el perfil de ingreso requerido, ya que los egresados entrarían directamente a la universidad; y se posibilita la obtención de recursos extra-presupuestarios en concepto de matrícula.
Dentro de su visión, la Universidad de Panamá está llamada a contribuir con el desarrollo integral del país, lo cual no hay que confundir con la función de recibir y remendar, en último momento, las fallas en el tejido de la educación media.