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Inseguridad ciudadana


Para las Naciones Unidas el concepto de seguridad ha sido utilizado muy restringidamente, por lo que debe abrirse a un concepto más integral y amplio, la seguridad humana. Este concepto se centra en el ser humano, y constituye hoy preocupación universal, sus componentes son interdependientes y su fuerza está más en la prevención que en la intervención posterior. La seguridad humana debe permitir a la gente ejercer en forma segura y libre las opciones que abre el desarrollo humano, permitiendo desenvolver la relativa confianza en que las oportunidades que se tienen en el presente no desaparecerán totalmente en el futuro.
Existen siete variaciones de la seguridad humana: la económica, alimentaria, salud, ambiental, comunidad, política y personal. La última mencionada, la seguridad personal, es un aspecto cada vez más importante pues se refiere en especial a la violencia y el crimen que amenazan la existencia de las personas ampliándolo al concepto de seguridad ciudadana, entendida como el derecho que asiste a la ciudadanía de desenvolver su vida cotidiana con el menor nivel posible de amenazas a su integridad personal, sus derechos cívicos y el goce de sus bienes como parte del contrato social que obliga al Estado a satisfacer necesidades del ciudadano, tales como el Estado de Derecho y la seguridad ciudadana , a cambio de la delegación de poder. Lo cierto es que hoy por hoy se profundiza la inseguridad ciudadana en nuestro país.
Según un estudio del Banco Mundial, América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo, con una tasa de homicidios de 20 cada cien mil habitantes. La tasas de homicidios de Panamá por cada cien mil habitantes que era de 2.1, pero a fines de los setenta e inicios de los ochenta, se quintuplica una década después en 10.9 , la que es superior a la de EE.UU. (10.1). La mayoría de los homicidios se producen en calles y vecindarios, cometidos por jóvenes varones que mataban a otros varones. También se anota la violencia creciente contra niños y mujeres.
Visualizado desde la perspectiva de los delitos contra la propiedad, Panamá al igual que la región demuestra una tasa ascendente por cada de 100 mil habitantes (según las denuncias policiales ), que va desde 681 en 1990, 712 en 1991, 992 en 1992, 1142 en 1993 y 1113 en 1994. e igualmente ascendentes son los delitos contra la vida e integridad personal y contra la libertad sexual. La importancia proporcional de los homicidios dentro de las Causas Externas en Panamá se había incrementado del 5% en el período 1980-1985, al 15% en el periodo 1985-1990, alcanza el 20% entre 1990-1994. La tasa de muertes de homicidios en los hombres en los noventa llegó a ser entre cinco y diez veces mayor que las mujeres , y las de suicidios cerca de cuatro veces mayor. La tasa de homicidios disminuye a partir de los 45 años en ambos sexos.
En noviembre de 1999, según datos oficiales la capacidad de los centros penitenciarios a nivel nacional era de 6,843 detenidos, pero existía una sobrepoblación de 8,477 (7,816 hombres y 661 mujeres) estando solo condenados 3,588 personas. En la provincia de Panamá con una capacidad de 4125 existían 5424 detenidos con solo 1933 personas condenadas.
Hoy en día el desafío más difícil y complejo de la política social es la reconstitución de la trama social. Al aumentar la presión económica y social aumenta el capital social (organización comunitaria), pero cuando la presión llega a ciertos límites las redes se recargan y los sistemas sociales dejan de funcionar, con consecuencias desastrosas para familias y comunidades. El crimen y la violencia destruyen el capital social, pues debilitan gradualmente las organizaciones comunitarias. Cuando los hogares invierten en medidas para protegerse contra el crimen y la violencia, como a través de la instalación de cerraduras, puertas metálicas, barrotes en las ventanas o muros periféricos en sus viviendas, también están incurriendo en costos directos para la prevención. En un estudio de mejoramiento de las condiciones del hogar en barriadas en los alrededores de Ciudad de Panamá, se determinó que este tipo de medidas son bastante onerosas y comunes (la mitad de todos los hogares de la muestra).
Existe más incidentes de violencia cuando la cohesión social entre los habitantes es más débil. También la carencia de capital social impide que los jóvenes se beneficien de las inversiones en educación y capacitación. Enfrentar la pobreza y la violencia a través de la construcción o reconstitución del capital social es una tarea de primer orden. Cuando la trama social es fuerte, por ejemplo a través de una red densa de organizaciones intermediarias (Incluidas asociaciones cívicas y reivindicativas, iglesias, grupos de padres de familia y maestros, ligas deportivas y clubes sociales, entre otros) o cuando los valores familiares se mantienen, estimuladas y apoyadas por una municipalidad democrática se abren más posibilidades de equidad y se dan las condiciones para reducir la vulnerabilidad.

101 años de Panamá América

 
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