default

Insensibilidad


Volvernos insensibles es lo que nos pasa a todos los panameños cada vez que observamos una injusticia y nos quedamos callados. Esto, porque no queremos buscarnos problemas con los involucrados, por no ir a una corregiduría o sencillamente no estresarnos. Pero, lejos de estos motivos, está la dignidad humana, que muchas veces ofendemos por nuestro grado de omisión en las actuaciones.
Hace poco, cuando dentro de mi trabajo periodístico recorría un sector de San Francisco, observé cuando un taxista tiró a una mujer del puesto de atrás. Rápidamente, le dije al conductor que lo siguiera y al fotógrafo que le tomara foto al vehículo. Temía que era un robo a plena luz del día. Luego volvimos donde la persona, una mujer indefensa, hecha un mar de lágrimas, que estaba toda raspada y nerviosa. Cuando le pregunté qué le había pasado, no emitió una palabra. ¿Le robó?, volví a interrogar. Ella estaba asustada y ya casi se montaba en un auto de unas personas, que me pareció la dejarían en una parada para que tomara un autobús.
Eso fue impresionante, porque no puedo ver a las personas llorando ni sufrir; pero en ese momento me sentí tan impotente, porque no sabía qué había pasado. De la forma que fuera, como ella cayó de ese carro en movimiento, estando en tacones, es para que se hubiera hecho un daño peor o quizás una tragedia que lamentar.
En otra ocasión me contaron que un conductor de bus en el área de Juan Díaz, al momento de bajarse una anciana, movió el vehículo y ella cayó al piso quedando completamente inmóvil por la pérdida del aire. El conductor observó todo sentado, mientras los pasajeros le gritaban que la atendiera luego de varios minutos de observarla recuperarse por su cuenta.
Eso me lleva a pensar que estamos perdiendo la sensibilidad humana, y los valores resultan un instrumento que se está quedando en un archivo o un baúl o adorno. Jamás dejemos que las cosas que no se vean bien, o que ante los ojos de todos no son bien vistas, sean parte de la nuestras vidas, porque ese día el mundo comenzará a cambiar para mal.
Mi madre siempre me dijo que "cuando uno tiene algo que no es suyo debe devolverlo"; de lo contrario, uno se convierte en ladrón al acostumbrarse a tomar una cosa, luego otra. Aunque la persona robe cosas pequeñas o sin tanto valor, sigue siendo un delito. Las injusticias no se deben permitir ni aceptar de ninguna manera. También son decepcionantes aquellas personas que hallan en las cosas fácil una solución para subsistir.
Tenemos que hacer una reflexión interna y recapacitar sobre nuestras acciones; tenemos que evaluar si nuestra palabra o gesto nos hace más grande, al país o a los demás. Si no es así, debemos cambiar y empezar a ser mejores cristianos. Cuando eso ocurra, la maldad dejará de existir y la oscuridad empezará a ser luz.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América