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Insolencia colombiana


EL 3 DE NOVIEMBRE de 1903, próceres y hombres visionarios, inspirados en el deseo de consolidar una nación con futuro, decidideron separarse de Colombia, ante su prepotencia y el olvido que sumió a nuestra gente, mientras estuvimos unidos a ese país sudamericano. Desde entonces, Bogotá siempre nos vio como la provincia renegada que se separó, tanto así que jamás Colombia nos sacó de su escudo de armas y mantienen al istmo en el centro del mismo.
En el presente, las relaciones de Panamá con Colombia se han consolidado en muchas áreas, pero hay dos cuestiones que molestan a los istmeños. La inmigración ilegal ya comienza a ser un lastre, sobre todo el desaplazamiento de la mano de obra local, y que ahora tengamos casi 150,000 colombianos viviendo en nuestra tierra. Por otra parte, el comercio bitaleral ha sufrido las constantes restricciones de Colombia, que incluso llegó a sólo permitir que el puerto de Buenaventura y la terminal aérea de El Dorado en Bogotá fueran los lugares en donde se podría canalizar libremente los negocios con el Istmo.
Hace pocos días, el gobierno colombiano, bajo presión de los empresarios del cuero, textiles y algunos "falsificadores" de artesanías tradicionales, cedió ante los especuladores al volver a restringir el comercio entre ambas naciones. ¿Qué moral tiene Colombia a restringir nuestro comercio con ellos, cuando todo el mundo sabe que los empresarios de ese país vienen al Istmo a apoderarse de las ferias regionales en el interior, trayendo toda clase de artesanías foráneas, afectado a los trabajadores nacionales? Lo peor, hasta las autoridades panameñas permiten esta mala práctica.
En tanto, diversos gremios de profesionales en Panamá reportan que colombianos están quitando plazas de trabajo a los panameños, sobre todo en la construcción, banca, medicina, corredores de bienes raíces, etc. Es hora que el presidente Martín Torrijos, su canciller Samuel Lewis Navarro y la Embajada panameña en Bogotá se pongan las pilas y tomen medidas contra estas acciones desleales de Colombia.
Lo primero sería implementar un visado a todos los ciudadanos colombianos, regular la inmigración ilegal y descubrir quiénes están en el país sin poner en orden sus papeles. ¿Qué pierde Panamá si nos ponen visado allá? Casi nada. Ellos sí.
Todo el mundo sabe que en la inmigración desde Colombia vienen buenos profesionales y gente que quiere vivir en el Istmo, para hacer su familia. Pero otros utilizan a Panamá para malas intenciones, hacer su negocio a costa de los nacionales y trasladar sus ganancias a Bogotá, sin beneficiar a los trabajadores locales. ¿Y qué decir de la trata de blancas, del negocio furtivo de mujeres colombianas utilizadas y explotadas en la prostitución, de los narcotraficantes que aprovechan la no existencia de visado bilateral para depositar sus dineros de la droga para "lavar" y crar pantallas para otros negocios oscuros?
Hay que reconocer que los altos niveles de delincuencia en Panamá se deben al tráfico de drogas procedente de Colombia, por lo que al regular el ingreso de indocumentados de esa nacionalidad lograremos bajar la criminalidad que hoy nos agobia.
Señor presidente Torrijos: Ellos son 44 millones de personas, nosotros sólo tres millones. Si no ponemos control a la entrada de colombianos ilegales, que huyen por la violencia interna, en dos o tres décadas habrá más colombianos que panameños.
En cuanto a las restricciones comerciales colombianas, hagamos lo mismo. Hay que imponer leyes más severas contra las empresas de los "paisas" y los "catrachos", para hacernos respetar. Si quieren ellos seguir beneficiándose indirectamente de la Zona Libre de Colón, pues que hablen claro. Ah!, mantengamos congelado el proyecto de la carretera panamericana. Cometeríamos un craso error al abrir el "Tapón del Darién" si despejamos la selva. ¿Se imaginan ustedes si se inaugura el paso vial por allí?
Ojalá que nuestras autoridades recuerden el motivo de nuestra separación de Colombia. Somos soberanos aquí y el presidente, así como su canciller, deben pensar en su pueblo antes de sentir temor por las presiones económicas y políticas de los sudamericanos.
A juicio del alcalde, los comerciantes tendrán la facilidad de ofrecer productos a bajos costos.
Actualmente se está en consulta con los comerciantes para saber los costos de arrendamiento de los locales, que prometen que serán accesibles.
Se conoció que la remodelación del local superó los B/. 40 mil.
Lo que se quiere, según el alcalde, es que crezca la demanda y los microempresarios puedan aumentar sus ganancias.
Hasta el momento este es el único mercado, propiamente dicho, con el que cuenta el distrito, pero explicó Carrasquilla que hay planes para construir un mercado de abastos.
"Con la creación de un mercado de abastos se le dará un servicio más amplio a toda la población", indicó.
Se venderán desde frutas hasta carnes frescas.

101 años de Panamá América

 
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