Insólitas reelecciones de legisladores
Gran sorpresa y desilución nos ha causado el conocimiento de los resultados de las elecciones del 2 de mayo del presente año, al nivel de la Asamblea Legislativa, ya que casi el 50 por ciento de los legisladores que lucharon por una reelección, obtuvieron la curul, pese a la deficiente labor realizada, contribuyendo, de esa manera, al estado de abandono, enfermedades, pobreza y atraso en que se encuentran centenares de comunidades que conforman el territorio nacional.
Confiábamos en que no habría reelecciones de legisladores en una escala tan elevada y que el pueblo pasaría la factura a quiénes demostraron indolencia ante la solución de los tantos problemas que agobian la nación; que los panameños serían implacables con los que dieron su respaldo a la privatización del INTEL, IRHE, a las leyes neoliberales que han traído el derrumbe de las conquistas de obreros, educadores, trabajadores del agro; que los panameños le dirían un ¡hasta aquí! a los padres de la patria que se han aprovechado de sus legislaturas para aumentar su poder político y económico en perjuicio de los grandes intereses de la nación.
Nos duele mucho que la próxima Asamblea Legislativa que debe iniciar labores el 1 de septiembre de 1999, tenga una mayoría de legisladores del PRD, porque la experiencia nos indica que las aplanadoras perredistas, siempre se han caracterizado por la defensa de intereses partidistas y de ambiciones personales y de poder y esa realidad no es conciliadora con las metas del nuevo gobierno que ha prometido dar prioridad a los problemas sociales y económicos del país en un intento de llevar esperanzas a los miles de desempleados y a los panameños en extrema pobreza y faltos de servicios tan indispensables como la educación, la salud, la vivienda, la tenencia de tierra, etc.
Necesitamos un gobierno de concertación nacional, un cambio de actitud en la mente politizada de muchos; que los legisladores de oposición a partir del 1 de septiembre, comprendan que ellos están comprometidos con el pueblo que los eligió que por ningún motivo seguirán consignas partidistas para entorpecer la tarea del régimen que se inicia para enfrentarse a retos que demandan el concurso de todos los panameños.
Se trata de una unidad nacional que salve nuestra tradición de pueblo libre y democrático; que lleve a cada rincón de la república el mensaje esperanzador de que el futuro de Panamá está en manos de los mejores, a fin de que la entrada al año 2000 estemos preparados para ser libres, para manejar con eficiencia y capacidad el destino de la patria y para que sea el pueblo panameño el mayor favorecido en la reversión del canal y de sus áreas adyacentes.
Confiábamos en que no habría reelecciones de legisladores en una escala tan elevada y que el pueblo pasaría la factura a quiénes demostraron indolencia ante la solución de los tantos problemas que agobian la nación; que los panameños serían implacables con los que dieron su respaldo a la privatización del INTEL, IRHE, a las leyes neoliberales que han traído el derrumbe de las conquistas de obreros, educadores, trabajadores del agro; que los panameños le dirían un ¡hasta aquí! a los padres de la patria que se han aprovechado de sus legislaturas para aumentar su poder político y económico en perjuicio de los grandes intereses de la nación.
Nos duele mucho que la próxima Asamblea Legislativa que debe iniciar labores el 1 de septiembre de 1999, tenga una mayoría de legisladores del PRD, porque la experiencia nos indica que las aplanadoras perredistas, siempre se han caracterizado por la defensa de intereses partidistas y de ambiciones personales y de poder y esa realidad no es conciliadora con las metas del nuevo gobierno que ha prometido dar prioridad a los problemas sociales y económicos del país en un intento de llevar esperanzas a los miles de desempleados y a los panameños en extrema pobreza y faltos de servicios tan indispensables como la educación, la salud, la vivienda, la tenencia de tierra, etc.
Necesitamos un gobierno de concertación nacional, un cambio de actitud en la mente politizada de muchos; que los legisladores de oposición a partir del 1 de septiembre, comprendan que ellos están comprometidos con el pueblo que los eligió que por ningún motivo seguirán consignas partidistas para entorpecer la tarea del régimen que se inicia para enfrentarse a retos que demandan el concurso de todos los panameños.
Se trata de una unidad nacional que salve nuestra tradición de pueblo libre y democrático; que lleve a cada rincón de la república el mensaje esperanzador de que el futuro de Panamá está en manos de los mejores, a fin de que la entrada al año 2000 estemos preparados para ser libres, para manejar con eficiencia y capacidad el destino de la patria y para que sea el pueblo panameño el mayor favorecido en la reversión del canal y de sus áreas adyacentes.